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martes, 06 de enero de 2009
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El cuentachistes
ITALIA.El poder de las mafias y las embarradas del primer ministro Silvio Berlusconi se han vuelto problemas centrales en Italia. Muchos italianos sienten vergüenza de su país.
Sábado 15 Noviembre 2008
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Italia desentona en su club de los países del Primer Mundo. Con una historia brillante, cuna de artistas y pensadores de trascendencia histórica, la nación de la bota parece hoy al borde del caos. Tiene al menos tres mafias poderosas que controlan buena parte de la economía, una inestabilidad política perpetua y un Primer Ministro pintoresco, que ha salido a relucir más por sus salidas de tono y sus excentricidades que por los resultados políticos.

"En momentos así, yo me alegro de ser francesa", afirmó hace poco la turinesa Carla Bruni, esposa del presidente galo, Nicolas Sarkozy, ante la más reciente barbaridad del gobernante, cuando afirmó que le gustaba el "bronceado" de Barack Obama. Otro ejemplo del descontento es una campaña popular en Internet que reza: "Yo soy italiano y Silvio Berlusconi no habla por mí".

En efecto, el multimillonario Berlusconi parece no ahorrar esfuerzos para hacerse odiar. No sólo se trata de sus frecuentes cirugías plásticas, ni de su obsesión por mantener su pelo teñido, con la esperanza de ocultar sus 72 años de edad. Ni de su famosa isla, en la que imita con total falta de gusto la grandeza romana, a donde invita a los jefes de Estado con aires de tribuno. También es su afán por defender posturas en contravía de la percepción de sus propios aliados, como la semana pasada, cuando afirmó que Rusia estaba plenamente justificada para rechazar el escudo antimisiles propuesto por Estados Unidos en Polonia y República Checa.

Todo ello sería soportable si la situación italiana no fuera tan delicada, de manera particular por el poder de las tres mafias más grandes: La Cosa Nostra siciliana; la Ndrangheta, en Calabria, y la Camorra, en la región napolitana.

Un estudio de la semana pasada de una asociación de pequeños empresarios italianos afirma que los ingresos de estos grupos equivalen al 6 por ciento del PIB de Italia. "A medida que la economía se moderniza, ellas ingresan a nuevos mercados, como drogas, armamento y tráfico de personas. Podemos decir que las mafias gozan de buena salud", dijo a SEMANA Jonathan Hopkin, experto en corrupción del London School of Economics.

Y están en un buen momento también por las políticas de Berlusconi. Según contó a esta publicación Federico Varese, del centro de criminología de la Universidad de Oxford, "el Primer Ministro ha tratado de debilitar la independencia del poder judicial, y eso puede redundar en que hay problemas para combatir a la mafia".

Y es evidente que desde la victoria de Il Cavaliere en las elecciones de abril, su tercer gobierno ha sido de altibajos. Aunque controla el Parlamento y goza de simpatía en la derecha italiana, su popularidad cayó según encuestas de los diarios La Repubblica y Corriere della Sera, y su partido perdió en la provincia autónoma de Trento, la primera elección desde cuando es primer ministro. Además, las críticas se agudizaron cuando propuso reformar un tema delicado de la sociedad italiana, la educación pública, lo que generó masivas protestas en su contra.

Esta semana se ganó el repudio mundial con su comentario racista acerca del presidente electo de Estados Unidos.Tal vez esto describe de la mejor manera la situación de Italia, miembro del G-8. Mientras países de todo el mundo, incluidas las potencias, aplaudieron la llegada de Obama como un gran paso en la humanidad, Berlusconi únicamente pudo hacer un chiste. Sólo que, como le sucede cada vez con mayor frecuencia, nadie se rio.
 


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