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| 4/29/2017 10:00:00 PM

Construir paz: Un propósito común para los empresarios

Bruce Mac Master, Gonzalo Restrepo y Soraya Montoya reflexionan sobre el papel de los empresarios en la nueva etapa de construcción de la paz. Sostienen que a pesar de las diferencias, a todos los colombianos los mueve el mismo ideal: tener una mejor sociedad, más justa, equitativa y solidaria.




SEMANA: En el pasado, las empresas abordaban los temas sociales solo desde la óptica de la filantropía, pero esto ha evolucionado en el mundo. ¿Cómo se concibe ahora ese compromiso?

BRUCE MAC MASTER: El trabajo extra que deben hacer las compañías para contribuir a una mejor sociedad ha ido cambiando. Primero vino la filantropía, luego la responsabilidad social. Ahora venimos trabajando bajo un nuevo concepto: el de ciudadanos corporativos. El término se refiere a los ciudadanos que tienen una gran cantidad de derechos, pero también el mismo volumen de responsabilidades. Responsabilidad con lo que producen, con lo que venden, con la justicia, con la lucha contra la corrupción. Esa es la nueva versión de ciudadano a la que, muy pronto, el mundo va a migrar. Cada vez más se nota que las corporaciones tienen mucho que decir, en términos de lo que sucede en una sociedad. En el caso de Colombia, por ejemplo, se les pregunta a los empresarios ¿ustedes qué harán en el posconflicto? Y la respuesta es vamos a hacer lo que haría un ciudadano corporativo, es decir, a trabajar en todo lo que toque, pero también a aportar en temas que tengan que ver con la construcción de justicia, de democracia, de institucionalidad, o en lucha contra la corrupción.

SORAYA MONTOYA: Colombia ha evolucionado bastante en cuanto a la responsabilidad de las empresas y la división de los roles, con la idea de que cada cual haga lo que tenga que hacer, pero lo haga muy bien. La visión de que las empresas tienen que ser socialmente responsables trascendió. Hay que ir más allá de los deberes, hacia el valor compartido. Es decir, que el encadenamiento productivo agregue valor a su comunidad. A la gente a veces se le olvida que las empresas tienen que producir riqueza, generar empleo, pagar impuestos, lo cual contribuye a mejorar la calidad de vida de las comunidades.

SEMANA: ¿Pero no basta con cumplir esas tareas propias de la actividad productiva? ¿Hay que hacer algo más para contribuir a tener un mejor país?

GONZALO RESTREPO: Nunca es suficiente. La teoría anglosajona dice que las empresas deben producir, generar empleo y pagar impuestos y que así están haciendo la labor social. Pero acá, donde el Estado todavía no alcanza a suplir todas las necesidades, dado que no tiene suficientes ingresos para asistir a toda la población vulnerable, las empresas deben ir un kilómetro más allá de su responsabilidad directa con sus accionistas, sus empleados y sus clientes. Y aquí, por ejemplo, las fundaciones son muy importantes. Antes, cuando se hablaba solo de filantropía, los efectos eran de muy corto tiempo y la rentabilidad del capital social invertido no era mucha. Hoy las empresas están empezando a realizar acciones, o por medio de fundaciones en unión con los gobiernos, que producen rentabilidad a más largo plazo. Por ejemplo, al trabajar por la población infantil toma mucho tiempo cambiar una generación, pero da una rentabilidad mayor que donar un poco acá y otro tanto allá.

B.M.M.: Además la sociedad colombiana está fundamentada, desde el punto de vista económico, en el hecho de que el sector privado debe producir riqueza. Ese es nuestro modelo. Pero es un concepto más amplio, pues se trata de riqueza social. El sector privado genera empleo, es el principal mecanismo de traer innovación y el mecanismo a través del cual se logra financiar el sistema de salud o la educación.

S.M.: Y no olvidemos que, como se dice, muchas empresas y fundaciones comulgan y van a misa. Pero hay otra cantidad que no paga impuestos. Hay que buscar una mayor conciencia y fortalecer la institucionalidad de la empresa para que la riqueza que produce sea distribuida, por la vía de los impuestos.

SEMANA: En este momento se afirma que el sector privado es un actor fundamental para el posconflicto. ¿Cómo se debe materializar esto?

B.M.M.: Cuando a uno le dicen eso, significa ‘yo quiero que usted exista y reconozco su papel en la sociedad como motor de crecimiento’. Cuando se le dice al desmovilizado o reinsertado que su principal vehículo para hacer parte del mercado y generar una actividad económica de largo plazo es el sector privado, se está reconociendo el papel de la empresa en este proceso. Una declaración contundente y seria de quienes negociaron en La Habana y de quienes diseñan el posconflicto es que el sector privado es el principal motor económico del país. No existe un solo peso en la economía que no sea producido por el sector privado, la excepción son las empresas del Estado. El ciudadano que trabaja y las empresas donde lo hace producen la totalidad de la actividad económica.

G.R.: Primero quiero decir que la empresa es muy importante, aunque no a todos les parezca realidad. Tenemos que proteger y respetar a nuestras empresas. Hay ejemplos de países que las destruyen y ese no puede ser el modelo. Ahora, frente a la paz, yo creo que las empresas podrían hacer mucho. Por ejemplo, en inclusión. Abrir campos a todos los niveles. Que los egresados de todas las universidades –no de unas cuantas– tengan acceso a las compañías y que se confíe en las capacidades y no en los apellidos. Si hacemos eso a la vez que consolidamos la paz, seremos un país mucho más sólido y con más futuro. Hay muchas maneras de ayudar. No se trata solo de asistencialismo del Estado. Las Farc, por ejemplo, quieren hacer su propia producción. No están pensando en los grandes cultivos de los que muchos hablan. Nosotros los empresarios podemos ayudar para que ellos piensen con criterio de empresa.

S.M.: Un papel muy importante que podemos hacer desde las empresas, pero también todos los ciudadanos y el mismo Estado es garantizar la no repetición. La informalidad del sector rural causó muchos males del pasado, también la ausencia del Estado y de la institucionalidad. Tenemos que corregir esto. Las empresas tienen que generar empleo formal. Desde las fundaciones también debemos preguntarnos cómo garantizamos que las nuevas generaciones –y nosotros mismos– tengamos un futuro mejor. Hay que poner atención para que los niños no repitan lo que hicieron muchas de las actuales generaciones.

SEMANA: Las empresas pueden generar cambios internos para buscar una sociedad más justa con mejores salarios, empleo de calidad, seguridad, oportunidades, no discriminación. ¿Lo están haciendo?

B.M.M.: Hay muchas empresas que ofrecen condiciones muy buenas para sus colaboradores y sus familias. Colombia tiene un estándar alto. Pero en esto tenemos dos mundos: las empresas formales y el sector informal. El país tiene un reto muy grande que no se puede olvidar y es la formalización en todo sentido. Por ejemplo, hay empresas que tienden a no pagar impuestos y a no ser responsables con sus trabajadores. En el escenario laboral hay un reto importantísimo. Las cifras se mueven entre el 50 y 64 por ciento de informalidad, lo cual es tremendamente lamentable, pues son empleados sin prestaciones sociales, cobertura ni seguridad. Ellos tampoco contribuyen al sistema de salud y educación y al final eso se vuelve un problema para todos.

SEMANA: Cuando se ve el esfuerzo y el dinero que invierten tantas fundaciones muchos se preguntan ¿por qué el país no está mejor?

S.M.: El papel de las fundaciones ha sido muy importante. Nosotros pertenecemos a una asociación, lo que nos ha ayudado a saber cómo articularnos y a tener una visión más completa de la realidad. Este es un sector que ha crecido mucho en sus estándares, medición de impacto, rendición de cuentas y en transparencias. Claro que hay fundaciones que no tienen un trabajo tan transparente. Ahora, nuestra labor no es sobreponernos al Estado. Nosotros tenemos la capacidad de hacer pilotos, realizar estudios y arriesgarnos para mostrarle al Estado por dónde hay que avanzar. Este es un tren que tiene que marchar articulado en las empresas: a través de sus fundaciones y en coordinación con el Estado para que la política pública funcione. Mira un ejemplo. Nosotros podemos impactar muchos niños, a través de las fundaciones, pero el ICBF puede hacer más, pues tiene mayor alcance. Pero tenemos capacidad de incidir.

G.R.: Generalmente, la empresa formal y seria es más eficiente que la política, pero la política es más importante que la empresa, porque genera los marcos dentro de los cuales se mueve la empresa. Por más que haga una fundación, en unión con el Estado y con la política, nunca será tanto como lo que puede hacer el Estado mismo. Las fundaciones ponen una primera piedra, pero el Estado debe tomar desde allí. Son las empresas y los ciudadanos los que deben apoyar y trabajar con el Estado.

SEMANA: Hay un ambiente en el país de desconfianza frente a todo, incluidas las empresas, por los escándalos de corrupción. ¿Les preocupa?

G.R.: A mí me preocupa que si bien Colombia es uno de los países más felices de mundo, también es uno donde más se queja la gente. Todo es malo. Y mire algo, la empresa es importantísima. Colombia no estaría donde está si no fuera por las empresas. Si bien todavía hay grandes desbalances y diferencias sociales, el ingreso del colombiano en los últimos 30 años ha mejorado increíblemente. Los empresarios están haciendo un esfuerzo muy duro. Tenemos que buscar la forma de que todos los colombianos rodeemos al sector empresarial. Yo aprovecho para decir que la paz es muy importante. Es volver a empezar. Es perdonar todo. Es el inicio de un nuevo país que vamos a construir todos, pero sobre la base de la confianza, sobre la desconfianza es imposible.

B.M.M.: Sin negar los hechos de corrupción que se han dado últimamente, sí es preocupante la tendencia, no solo en Colombia, sino a nivel mundial, del ataque a las instituciones. A todas. Gobierno, cortes, Congresos y también al sector privado. Las personas que han decidido atacar a las instituciones como herramienta política hacen una labor egoísta e irresponsable. Las instituciones son esas herramientas a las que hemos llegado para que las cosas más o menos funcionen. Por supuesto, el reto es que funcionen bien, pero el ataque indiscriminado produce, evidentemente, desinstitucionalización, que no es otra cosa que romper las reglas del juego con las cuales estamos actuando. El desprestigio del otro se ha convertido en una estrategia. Tenemos que ser muy fuertes, entre otros, los medios de comunicación y los políticos para que no jueguen con lo que tenemos. Si Colombia no hubiera tenido instituciones sólidas, un sector privado fuerte y unas cortes comprometidas, qué hubiera sido del país en los peores años del conflicto armado o durante la época del narcotráfico. Colombia se habría destruido o acabado en los noventa. Sobre eso no tengamos la menor duda. Si nosotros no aprovechamos la oportunidad de hacer lo mismo sin conflicto armado y nos enfrascamos en unas discusiones mediáticas y políticas, que lo que hacen es dañar el prestigio del otro, vamos a terminar perdiendo una o dos décadas increíbles para este país.

SEMANA: ¿Cómo propiciar ese cambio de mentalidad?

B.M.M.: Hay que llamar a la generosidad de los políticos, de los medios de comunicación y otros agentes que se han dedicado a destruir el prestigio del otro. Creo que es una responsabilidad de todos los colombianos. Señalemos a quienes han actuado mal, castiguemos, pero no olvidemos que hay un montón de gente que hace las cosas bien. La mayoría de los colombianos se levantan todos los días a trabajar, y lo hacen día tras día, con honestidad. Nos enfocamos solo en los que están haciendo las cosas malas y la estrategia de unos es acabar con el prestigio de otros. Oigo muy pocas propuestas de los políticos sobre educación, salud. El país tiene problemas muy grandes en esas áreas. Se viene una campaña. ¿Qué va a pasar? ¿Vamos a meternos en una guerra de desprestigio los unos contra los otros? O habrá alguien que nos hable de salud, pensiones, crecimiento económico, educación, pobreza, que son importantes para el país y la sociedad.

S.M.: Como sociedad civil sí tenemos que ponernos de acuerdo en unos principios, y es que la desinstitucionalidad es lo peor que nos puede pasar. No puede ser que todos caigamos dentro de la misma canasta. Todo lo que pasa es corrupción. Los noticieros ponen en el mismo nivel los temas de escándalo. Tenemos que empezar a defender la institucionalidad. Este país ha avanzado mucho. Yo que caminé por los pueblos del país como médica tengo que decir que el avance es muy grande. El sistema de salud ha mejorado enormemente. Nos falta mucho camino, es verdad, pero no es destruyendo la institucionalidad como vamos a avanzar.

G.R.: Hay algo muy importante. Hay que entender el sacrificio y el esfuerzo que se hace desde las empresas. Tenemos que trabajar en la misma vía. El esfuerzo que estamos haciendo puede quedar en nada si acabamos con la institucionalidad. Ni el Estado ni las empresas son perfectas. Nadie lo es, pero debemos buscar la mejor manera de hacerlo, hay que respetarnos. Yo insisto para que aprovechemos este momento en que hablamos de paz para que no nos vayamos en contravía. Si no trabajamos y remamos para el mismo lado, nos vamos a demorar más en conseguir lo que necesitamos y buscamos. Tenemos una oportunidad de oro.

SEMANA: Sabemos que hay mucho por hacer, pero ¿dónde se enfocarían los mayores esfuerzos, por lo menos los iniciales?

B.M.M.: Quiero insistir en el reconocimiento del sector privado como motor de la economía y como generador de los recursos que alimentan la inversión social. Todos tenemos un papel que hacer y si lo hacemos bien esto funciona. Pero el sector privado no son solo las grandes corporaciones. También es el señor de la esquina, el emprendedor que se levanta en la mañana a generar una actividad productiva, el comerciante, el que presta un servicio, todos los que luchan todos los días y que hacen que el país salga adelante. Esto sí que contribuiría a hacer un país en paz, una sociedad más justa y próspera.

S.M.: Creo que seguir trabajando en educación, inclusión, salud, nutrición. Tenemos que pensar en cómo vamos a ser una sociedad ‘resiliente’, que empiece a entender las emociones individuales, cómo nos ponemos en los zapatos del otro, cómo aprendemos a resolver los conflictos y superar situaciones de estrés. Cómo garantizamos la no repetición y generamos confianza.

G.R.: Tenemos que escuchar al otro sin prevenciones. Pongamos la mente en blanco para que veamos al otro de otra forma. Cuando hay un partido de fútbol todos somos iguales. No puedo pensar que el otro es malo y será así toda la vida. Tenemos que empezar desde cero. La sociedad necesita hacer ahora esto más que nunca para terminar una guerra de 50 años. Para construir una nueva Colombia. Tenemos que confiar en aquellos que dejaron las armas. No está mal acordarnos, pero perdonemos. Necesitamos una mente fresca por un país maravilloso que tenemos. Con gente especial y con gran potencial. Pero no con la base de destrucción, no sobre la cultura del vivo que se aprovecha del otro. Vamos paso por paso.

B.M.M.: Me gustaría reforzar un tema. A nosotros se nos olvida con frecuencia que tenemos un propósito común. Todos estamos trabajando con el mismo propósito que es la construcción de un mejor país. Así podríamos trabajar más unidos y todos jalando para el mismo lado. A veces estamos en discusiones, pero, al final del día, todos tenemos el mismo sueño alrededor de Colombia, que sea más equitativa, insertada en el mundo, con más educación y desarrollo. Yo sé que es muy difícil que dos partidos políticos que son contradictores acepten que tienen el mismo propósito de construir una sociedad más justa y equitativa. Hay diferencias en la estrategia y en la táctica, pero no en el propósito común. Yo no creo que vamos peor. Y no comulgo con eso.

G.R.: Estoy de acuerdo. No tenemos que pensar igual, pero sí hablar un lenguaje común. Escucharnos de otra manera. Estamos mejor que antes, no me queda la menor duda. Yo soy muy optimista.

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