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| 5/16/2015 10:00:00 PM

30 años sí es mucho

El reloj parecía correr mucho más lento hace tres décadas. El periodista Eduardo Arias recuerda lo que el calendario dejó atrás.

El  país  ha  cambiado  tanto en los últimos 30 años, que una comparación medianamente exhaustiva entre la Colombia de 1985 y la del presente exigiría escribir un libro y es imposible abordarla en un texto de dos páginas.

¿Por dónde empezar? Porque el país del dólar a 250 pesos es muy distinto al de 2.500 pesos por dólar. La Colombia de Brindo con el alma es muy diferente a la de La tierra del olvido, y esa a su vez dista mucho de la de Maluma. El país que buscaba en sus bolsillos una moneda de a peso para llamar desde un teléfono público es muy distinto del que, al quedarse sin minutos, manda un mensaje por WhatsApp. El país de Los Pitufos es diferente al del Profesor Super O. El país de la Selección Colombia del doctor Gabriel Ochoa Uribe nada tiene que ver con el de la selección de Francisco Maturana, ni con el de José Néstor Pékerman. Y así…

En los años ochenta Colombia todavía era el país de los Renault, y Mazda y Chevrolet se abrían paso en un mercado dominado por los carros ensamblados en el país. Luego, con la apertura económica, las calles y carreteras se llenaron de marcas de vehículos importados y las nuevas generaciones crecieron sin saber a ciencia cierta qué era aquello de ‘el amigo fiel’.

Medellín fue la única ciudad que dio el gran salto al construir su metro, y solo en el siglo XXI otras ciudades lograron sistemas de transporte medianamente organizados en la más modesta modalidad de los buses articulados con estaciones fijas. TransMilenio, el orgullo de Bogotá en el año 2000, 15 años después se convirtió en el blanco de burlas y de la ira ciudadana.

El gran salto del deporte

Tanto ha cambiado Colombia en estos 30 años… y el deporte ha sido, sin lugar a dudas, una de las muy pocas esferas en las que el país ha logrado avances de veras notables. La selección colombiana juvenil de fútbol que participó en el Campeonato Suramericano Juvenil, que se celebró en Paraguay en enero de 1985, dio el primer atisbo de que las cosas podrían llegar a cambiar. Marcó un nuevo rumbo que, un par de años después, retomó Francisco Maturana con la selección de mayores que, por primera vez, puso a una Selección Colombia en la antesala de la elite mundial. A lo largo de estos 30 años hubo muchos altibajos. El famoso 5 a 0 a Argentina, la muerte de Andrés Escobar, la goleada 0 a 9 frente a Brasil en el preolímpico de 2000 –que desbarajustó al fútbol colombiano por más de una década–, hasta llegar a la máxima cumbre de la historia, el quinto lugar logrado en el Mundial de Brasil 2014 del que James Rodríguez fue su máximo goleador.
 
Estos 30 años comenzaron y terminaron marcados por la fiebre del ciclismo. En 1985 Colombia vivía el furor de este deporte, que aprendía a las buenas y a las malas a competir de igual a igual en pruebas monumentales como el Tour de Francia, el Giro de Italia y la Vuelta a España. Los máximos ídolos eran Luis Alberto Herrera (Lucho) y Fabio Parra, quienes, junto con sus coequiperos, impresionaron al mundo en varias etapas de montaña y, sobre todo, con la victoria de Herrera en la Vuelta a España de 1987.

En los noventa la mayoría de los medios de comunicación le dieron la espalda al ciclismo, pero los escarabajos siguieron dando de qué hablar en las carreteras europeas. En 2002 Santiago Botero se coronó campeón mundial de la prueba contrarreloj en Zolder (Bélgica), y estuvo cerca de ganar el Tour de Francia.

La fiebre volvió a apoderarse del país tras los logros de Rigoberto Urán y Nairo Quintana en el Giro de Italia y el Tour de Francia de 2013 y 2014, así como con la medalla de plata que ganó Urán en los Juegos Olímpicos de Londres de 2012.
Pero, tal vez, el principal indicador del verdadero cambio que ha dado el deporte ha sido en el deporte olímpico. En 1985 Colombia vivía de la inesperada hazaña de Helmut Bellingrodt, quien había ganado medalla de plata en los muy desvalorizados Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984, y de un meritorio sexto lugar de Pablo Restrepo en natación.

En los siguientes años Colombia vivió de alguna medalla de bronce aislada (la más recordada la de Ximena Restrepo en Barcelona 1992), hasta que llegó el oro de la pesista María Isabel Urrutia en Sydney 2000. Esta primera medalla dorada coincidió con el repentino auge del deporte colombiano, que comenzó a manifestarse en los Juegos Panamericanos de 1999, 2003, 2007 y 2011, en los que Colombia lograba doblar en cada participación el número de medallas obtenidas en el anterior.

Como resultado de una política a mediano y largo plazo de preparar deportistas de elite, Colombia logró en los Juegos Olímpicos de Londres una medalla de oro, tres de plata y cuatro de bronce, y con frecuencia gana títulos mundiales en atletismo con Catherine Ibargüen, en bicicross con Mariana Pajón, pero también en yudo, pesas…
 
Ídolos de diversa ralea


En 1985, Colombia estaba de lleno en la era del Upac, y en la puja por captar más clientes las distintas corporaciones de ahorro y vivienda crearon, sin saberlo, una especie de liga de los superamigos a la criolla. Estos no eran Supermán, el Hombre Araña o Aquaman sino la Casita Roja de Davivienda, la abejita Conavi, el minero de la Caja Social, las ardillitas de Concasa y, el padre de todos ellos, el Corpavizador de Corpavi, un robot que en las oficinas de dicha entidad permitía hacer consignaciones sin necesidad de hacer fila frente al cajero.

Por no hablar de Inextra, el detergente que convertía su platón en una lavadora.
En aquellos años el poder de la televisión estaba centrado en apenas dos canales públicos que alquilaban sus espacios a programadoras, casi todas privadas, y un tercer canal público se dedicaba a la televisión educativa.

El consumo de televisión estaba centrado en la cada vez más variada producción nacional, que poco a poco había ido desplazando los enlatados y seriados extranjeros. En 1985, comedias familiares como Dejémonos de vainas, Don Chinche, Romeo y buseta casi paralizaban al país. En aquella década, las telenovelas comenzaron a fijarse en los temas regionales y el humor comenzó a entrar en los libretos de estas series en las que la truculencia le daba un espacio a la risa.
Era la época de Lazos Familiares y Alf, mientras que en los noventa captaron la atención Los años maravillosos y Los Simpson, estos hoy vigentes. Y el humor estaba representado por el entonces ya longevo Sábados Felices, y por Jaime Garzón en el programa Zoociedad, nacido en 1990.

Los años noventa fueron la edad dorada de los seriados, y la telenovela alcanzó su máxima cota con Café, y unos años más tarde, en el cambio de siglo, con Yo soy Betty, la fea. Sin embargo, poco después la televisión privada comenzó a empobrecer sus contenidos, hasta reducir la oferta a realities y narconovelas. Un panorama bastante desolador en el que se salvan algunas pocas producciones como La baby sister, Hasta que la plata nos separe, El último matrimonio feliz y El doctor Mata.

En 1987, con la llegada de la televisión por cable y la explosión de antenas parabólicas, la oferta de televisión se amplió en gran medida. Primero en los estratos altos, y luego, a través de las denominadas ‘perubólicas’, llegaron a extensos segmentos de la población programas emitidos en Estados Unidos, Brasil, Perú y otros países. Y con la llegada de decenas de canales llegó la cultura del zapping, en que la actividad de ver televisión cambió por completo y se convirtió en un ir y venir por canales de diversa naturaleza.

En 1985, Colombia en video era territorio Beta. No existía la costumbre de coleccionar videos y el alquiler de películas era bastante precario. Por lo general, se trataba de cintas que alguien grababa en Miami y las mandaba al país con algún tripulante de aerolínea. Luego fueron apareciendo videos legales en el mercado y, con la llegada del VHS y luego del DVD, se pasó a Blockbuster (la multinacional que amenazó con acabar la muy colombiana Betatonio), y de allí se pasó a la piratería de andenes y a las grabaciones hogareñas que conocemos en estos días de Netflix y Cuevana.

El cine colombiano también creció. En estos 30 años se pasó de una muy exigua producción a realizar varias películas al año, en particular gracias a la Ley de Cine de 2003. Sin embargo, las películas más recordadas son de los años noventa: La estrategia del Caracol, de Sergio Cabrera, y La gente de la Universal, de Felipe Aljure.
 
Viajar se volvió más y más fácil

En 1985 ir a Cartagena era todo un acontecimiento. Ni hablar de viajar por fuera del país. Las tarifas aéreas eran astronómicas. Pasados 30 años, a pesar de la inesperada subida del dólar, se consiguen pasajes a precios muy variados. Colombia (y el mundo) se llenó de aerolíneas de bajo costo, y las políticas de cielos abiertos aumentaron en gran manera la oferta.

Para un joven irse a pasear a Melgar o a La Pintada era casi una hazaña. Ahora cualquier recién salido del colegio se las arregla para llegar a Australia, y tener un pasaporte lleno de sellos de los cinco continentes dejó de ser una atracción de feria.

Tantas cosas han cambiado… compras por internet, la ropa, los vestidos, usar camisetas de equipos de fútbol como parte de la indumentaria diaria… cómo se ven de extrañas las fotografías  de esas mujeres de los años ochenta con sus crespos y sus copetes Alf… los tenis Reebok… Muchos detalles relevantes se quedan en el tintero. O mejor, en el tóner.

Los tinteros todavía existían en 1985. Para encontrarlos hoy, 30 años después, es necesario ir a un anticuario.
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