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| 5/16/2015 10:00:00 PM

El milagro aéreo

Avianca era una empresa quebrada en los años noventa, pero como un ave Fénix renació de las cenizas y se convirtió en lo que es hoy: una de las principales aerolíneas de América Latina. Opera 168 aeronaves y vuela a 98 destinos.

En 1985 nadie daba un peso por Avianca. Para muchos la compañía más antigua de América y la segunda del mundo se había vuelto un encarte, incluso para el empresario Carlos Ardila Lülle quien para entonces era accionista con el 31 por ciento del capital.

Después de un fuerte enfrentamiento con Julio Mario Santo Domingo, entonces el mayor accionista de Avianca, Ardila decidió vender por 150 millones de pesos sus acciones, aunque se las había comprado en 800 millones a Fernando Mazuera. El empresario de las gaseosas prefirió este castigo antes de seguir discutiendo con Santo Domingo por el manejo de la compañía. De esta manera el industrial barranquillero se quedó con el control absoluto de Avianca.

Pero la empresa seguía siendo un dolor de cabeza. Perdía mucho dinero, era poco eficiente y tenía gastos muy altos, entre ellos el gran pasivo pensional de los pilotos. La crisis financiera fue creciendo hasta que en 1991 acumuló pérdidas por más de 32.000 millones de pesos. Recibió el inicio del siglo XXI con un saldo en rojo de más 400.000 millones de pesos.

Ante la crítica situación la compañía buscó salidas urgentes. En 2000 dio un paso muy importante cuando se fusionó con Aces. Con la operación, Valores Bavaria –portafolio de inversiones del Grupo Santo Domingo– y la Federación de Cafeteros –dueña de Aces– se asociaron por partes iguales.

La unión no podía prever las consecuencias de lo que se le vino encima a la industria aérea. El 11 de septiembre de 2001 se produjo el ataque a las Torres Gemelas en Nueva York, el más grave atentado terrorista en la historia de Estados Unidos. El sector aéreo mundial se resintió y el coletazo repercutió en Colombia que apenas salía de una fuerte recesión económica. Además, la devaluación del peso golpeó duramente a muchas compañías. La situación se tornó tan complicada, que en marzo de 2003 Avianca se acogió a la ley de quiebras (Capítulo 11) de Estados Unidos para reestructurar sus obligaciones financieras. Cinco meses después se liquidó Aces.

Sin embargo, no todo estaba perdido. En 2004 apareció un salvador: el empresario brasileño Germán Efromovich compró por 65 millones de dólares las acciones de la familia Santo Domingo y se hizo con el control total de la aerolínea.

A partir de ahí cambió la historia para Avianca. Vino la modernización de la flota, con inversiones por más de 7.000 millones de dólares, la apertura de nuevas rutas, el incremento de frecuencias, la modernización del Puente Aéreo, y la puesta en marcha de plataformas tecnológicas a la altura de las mejores aerolíneas del mundo. De arrojar millonarias pérdidas pasó a ser un holding integrado por Avianca y Tampa Cargo (Colombia), Taca (El Salvador), Aerolíneas Galápagos (Ecuador) y Lacsa (Costa Rica), entre otras. Actualmente tiene una de las más modernas flotas de América Latina compuesta por 168 aeronaves, viaja a 98 destinos y realiza 815 vuelos diarios. Su valor en el mercado asciende a 1.500 millones de dólares y tiene 19.650 empleados directos e indirectos. El año pasado reportó ingresos operacionales por 4.700 millones de dólares y movilizó 26,2 millones de viajeros.

En una década Avianca pasó del fracaso al éxito y hoy es ejemplo para muchas compañías que intentan resucitar de las cenizas. Fabio Villegas, su presidente, resume la fórmula del éxito en priorizar el servicio al cliente y en recuperar la credibilidad perdida en términos de cumplimiento. Y se alista para seguir modernizando la flota con un pedido de 100 aviones de la familia Airbus A320neo.
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