Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2016/05/21 00:00

Llamado al juego limpio

De los principios que rigen el olimpismo salen grandes enseñanzas para el mundo de los negocios. Antanas Mockus y Vicente Durán Casas S. J. intercambian ideas sobre la importancia de cumplir las reglas en la vida empresarial.

Antanas Mockus (Exalcalde de Bogotá) y Vicente Durán Casas S.J. (Profesor de Filosofía de la Universidad Javeriana). Foto: Juan Carlos Sierra

SEMANA: Ahora que las noticias hablan con tanta frecuencia de carteles empresariales, corrupción, evasión de impuestos ó Papeles de Panamá, ¿será válido decir que nadie está jugando limpio en el mundo de los negocios?

ANTANAS MOCKUS: Creo que un factor muy importante en este desorden que se ha detectado es el efecto lupa. Cuando usted tiene un 1 por ciento de pillos, que está de algún modo muy visible, tiende a multiplicarlo. No podemos ignorar que hay líos, pero si mostramos el lío bajo cierta perspectiva, lo que vamos a hacer es aumentarlo. Si nos creemos corruptos, empezamos a pensar todos bajo esa mirada. El ejemplo que usted puso de los Papeles de Panamá y la evasión es perfecto. Todos lo hacen, entonces se vuelve común. A veces vemos el comportamiento pillo y nos contagiamos. Es decir, si yo solo veo pecadores, pues el pecado se me va a volver más general. No podemos decir que no pasa nada, pues tendría unos efectos dañinos, pero la imagen que nos formamos del otro incide mucho en nuestro propio comportamiento.

VICENTE DURÁN CASAS S. J.: Quisiera agregar algo en relación con los últimos casos de corrupción, de cartelización, de los Papeles de Panamá y añadiría el de los doctores sin doctorado. Y es que, detrás, está el mismo fenómeno de la incapacidad de jugar limpio. Me gustó mucho la invitación a hablar de este tema. El juego limpio viene del deporte, donde este concepto es muy importante. La expresión lleva a decir que no vale la pena ganar de cualquier forma. Ganar haciendo trampa es perder. En el deporte siempre hay ganadores y perdedores. No es una tragedia perder. Ganarse el Tour de Francia con doping es terrible y es una humillación. Y si bien esto es parte del deporte, también se traslada al resto de la sociedad en sus actividades económicas donde se juega con reglas y normas que hay que respetar.

SEMANA: ¿Hay que aumentar las normas y hacerlas más severas, o mejor educar en la cultura del juego limpio para lograr que este comportamiento se multiplique?

A.M.: Cuando la trampa se vuelve más atractiva en términos económicos y de competencia, la cosa es más difícil si no hay normas. Entonces eso nos pone en manos de la regulación legal, pero esta sola no basta. Se necesita autorregulación moral y control social. Pero, para que una norma social funcione, uno necesita ver que la mayoría de la gente la obedece y, segundo, debe imaginarse que causaría mucha vergüenza que lo vieran no cumpliéndola. Lo importante es aumentar el número de personas que cumplan las normas y las que pacíficamente lleven a otras a cumplirlas. El deporte es el escenario donde se ve lo inocuo y vergonzoso, como dice el doctor Durán, que es ganar haciendo trampa. Y acá recuerdo la llamada mano de Dios de Maradona en el Mundial de México. La gente celebró y, de algún modo, es triste que se celebre. Engañar al árbitro es visto como parte del juego y para algunos es visto positivamente.

SEMANA: A veces las pequeñas trampas en los negocios parecen simples pilatunas, que hasta se disculpan, porque para algunos no es tan malo, frente a grandes actos de corrupción.

A.M.: Hay un trabajo en economía de la conducta, que dice que los colombianos, casi todos, arañamos lo público de a poquito, entonces hacer la trampa nos parece una pilatuna.

V.D.C.: Antanas hace mención de que uno de los objetivos de la cultura ciudadana es aumentar el número de personas que cumplan las normas. Eso es muy importante y creo que todos recordamos a un famoso expresidente en Colombia que habló de reducir la corrupción a sus justas proporciones y todo el mundo le decía ¿cuáles son las justas proporciones de la corrupción? A mí me cayó horrible que dijeran eso. Creo que la expresión no es feliz, pero en el fondo de lo que se trataba era de disminuir los niveles de corrupción. Y esto es algo en lo que nuestro país no ha avanzado nada. A mí me parece que el Estado colombiano y la sociedad civil tienen que plantearse muy bien si en los últimos 20 o 30 años ha aumentado la corrupción o ha disminuido, porque las sociedades que no se proponen y no logran disminuir los niveles de corrupción van a fracasar.

SEMANA: ¿Cree que se ha retrocedido en ese aspecto?

V.D.C.: Creo que hemos llegado a niveles graves de corrupción, desde el paso del semáforo en rojo hasta la cartelización del papel higiénico y del azúcar e incluidos los doctorados falsos. Todos esos son indicadores de que la verdad en esta sociedad no es respetada, ni la justicia y por lo tanto tampoco las normas. Usted puede lograr lo que sea, como sea y la sociedad lo aplaude. Una sociedad que se orienta en ese sentido, pienso yo, está destinada al fracaso. Creo que, en esos campos de los carteles, el comercio, la producción, en el mundo financiero tenemos que avanzar. Tengo la impresión de que hemos echado para atrás y eso es muy grave.

SEMANA: También parece haber una brecha entre los valores que predican algunos empresarios, y los que luego ellos mismos practican en los negocios.

A.M.: Creo que hay como dos chips. Yo escribí sobre el concepto del anfibio cultural y trataba de pensar si es posible una situación muy dual en donde la gente obedezca las reglas en ciertas circunstancias y las desobedezca en otras, un poco camaleón. ¿Es defendible esa figura? El lío del asunto es que, si uno puede ser leal a dos sistemas o cosmologías. La teoría sería como la de los dos chips con la complejidad de qué determina qué chip activo y eso puede depender de las circunstancias. El colombiano se las da, frente al latinoamericano, de que es más vivo. Aprende muy rápido cuándo le conviene actuar según las reglas. He hecho talleres en los que le pido a la gente que haga juego de roles: usted es empresario honrado, usted es empresario corrupto, y recojo argumentos. En las carteleras se ve que la gente tiene más argumentos procorrupción que anticorrupción. No quiero decir que hay más gente corrupta sino que la inventiva hacia la corrupción es amplia.

V.D.C.: Nosotros en la Universidad Javeriana hemos tenido experiencias muy positivas e interesantes, pero también muy duras. No quiero mencionar nombres, pero hemos tenido un célebre protagonista de uno de los mayores casos de corrupción en Colombia que escribió su tesis de grado en administración sobre la ética empresarial, y a los pocos años de graduado protagonizó unos de los mayores casos de corrupción. En ese entonces, ese muchacho de estudiante hizo ese trabajo de la mejor buena voluntad. Ahora bien, la universidad pone los profesores y todo lo que puede para educarlos, pero estoy convencido de que la educación en ética, valores y a jugar limpio es una cosa muy compleja porque cuando el niño aprende en su casa a mentir cuando le conviene, ese aprendizaje es muy difícil desmontarlo luego. La gente se acostumbra y luego miente con los impuestos, con el título universitario, en política, a la esposa, a los hijos y al vecino.

SEMANA: Cuando una empresa es descubierta haciendo alguna trampa, ¿debería tener un castigo social y cómo podría ser?

V.D.C.: Son dos cosas. Una es la sanción social y la otra la personal. En estos días, precisamente, dando clase en la universidad cité a Antanas que nos enseñó a bajar el pulgar cuando una persona no respetaba la cebra. Todos lo hacíamos. El tipo, a la segunda o tercera vez no se metía a la cebra. Eso me parece excelente. Es muy importante esa parte en la que las personas manifiestan su gusto o rechazo social, no de manera violenta. Eso es pedagógicamente muy importante. Que los actos de corrupción salgan en los medios de comunicación, que se sepan las cosas y todos hagamos ¡buuu! cuando se sabe que alguien está cometiendo una infracción o no está jugando limpio. Lo peor que puede pasar es que la corrupción no tenga consecuencias. Cuando no tiene consecuencias visibles para la sociedad se vuelve multiplicadora. Otra cosa son las instituciones públicas. Desgraciadamente, en Colombia tenemos un déficit de instituciones eficientes que sean imparciales y prontas para impartir justicia e imponerles a las personas las sanciones que corresponden en justicia y de acuerdo con la ley.

A.M.: Yo creo que todavía es muy incipiente el tema de las represalias pacíficas a productos. En Europa está lo del comercio justo. La gente censura en su segmento. Si un fabricante de flores emplea menores de edad, en Holanda dicen no compramos esas flores. El consumidor tiene un poder muy grande. Ahora, hay otras formas de llegarle al corrupto. En la Nacional yo recibí, de un honorable congresista, una carta pidiéndome dos cupos para medicina. En la universidad había una carta en donde, en página y media, se le explicaba al que mandaba ese tipo de cartas que estaba violando la equidad, afectando los derechos de la gente y atentando contra la calidad de la educación. Yo vi la carta del parlamentario que venía con sellos a color y pensé que había que responderle distinto. Le dije, “señor senador, alguien está utilizando su papelería para cometer ilícitos”.

V.D.C.: Yo tengo una historia similar. A un rector le mandaron también esa misma recomendación de parte de un senador. Y el rector le envió la lista de los estudiantes que estaban por encima del recomendado y le dijo: “Dígame de estos a cuál saco para meter a su recomendado”. Por supuesto no respondió.

SEMANA: En uno de los recientes casos de cartelizaciones vimos que alguien delató a la empresa que estaba jugando sucio. ¿La gente debería señalar a quien actúa mal?

A.M.: Un día un señor del acueducto me llamó y me pidió un puesto. Me pareció interesante porque él me habló de corrupción y al mismo tiempo me dijo que el puesto no era para él, que lo que realmente necesitaba era un contrato temporal de cinco meses para su cuñado que estaba muy varado. Yo trataba, por algún resquicio, de que se sintiera mal por lo que estaba haciendo y no se sentía mal. Tenemos que aprender a cuestionar a la gente de una manera que no la ofenda y no la maltrate, pero que de todas formas entiendan la gravedad de la cosa. Nosotros en cultura ciudadana tenemos la estrategia de ‘toc-toc’, que se trata de pedir permiso para plantearle una crítica o una sugerencia. Si no lo acepta, pues vuelva otro día o pase a otra persona.

V.D.C.: Eso es muy importante y, como decía Antanas, no se trata de una acusación de los buenos hacia los malos. Ahí me permito hacer referencia al texto bíblico de que, quien esté libre de pecado que tire la primera piedra. Pero la industria que ha cometido faltas en torno a cartelización y no juega limpio a sus consumidores, a sus socios, a sus clientes y a sus competidores tiene que reconocerlo y tiene que haber sanciones. Es muy importante que se sepa que pidió perdón y que tuvo sanciones, porque perdón sin sanciones me parece que es facilitarles a otros que aprendan de esa experiencia y eso no debe ser. Tampoco deber ser una sanción que les haga imposible la actividad industrial. Ojalá esas industrias sigan existiendo y cambien y modifiquen sus prácticas de cartelización.

A.M.: Yo organicé jornadas de ‘croactividad’ y anduve durante un mes con el sapo colgado aquí en el pecho. Pero debo decir que cuando alguien denuncie, se debe cerciorar de que el canal que escoge para hacerlo sea seguro. Averigüe primero y no vaya exponerse.

SEMANA: ¿Todo esto de jugar limpio se aprende en las aulas cuando se forman a los empresarios en potencia, verdad?

V.D.C.: Hay gente que se ha educado en su hogar en un ambiente en el que mentir es lo normal. Después, cómo le vamos a exigir a ese niño que se educó así que, cuando sea empresario o funcionario público respete la verdad, respete la cola y la justicia si eso no fue lo que aprendió en la casa. El trabajo educativo en la universidad ya es muy tarde. Soy un poco escéptico en eso. El niño a los 10 años ya aprendió la mayoría de las lecciones de ética que va a recibir en su vida. Las aprendió sin que el papá y la mamá se propusieran dárselas, sino simplemente viendo cómo viven y se tratan. Después el joven entra a la universidad y el profesor quiere desmontar eso y enseñarle a decir la verdad y él joven se lo aprenderá como un rollo y pasará el examen de ética, ¿pero es ética aprendida? No.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.