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| 5/10/2014 8:00:00 AM

¡El profe!

Bajo el liderazgo de Luis Fernando Alarcón, ISA se internacionalizó, amplió su foco estratégico y reorganizó su estructura empresarial. Así es el hombre que dirige la mayor multilatina energética del país.

Luis Fernando Alarcón Mantilla ha demostrado a lo largo de su carrera profesional que nada le queda grande. Este bumangués asumió hace siete años el reto de reemplazar a Javier Gutiérrez Pemberthy al frente de Interconexión Eléctrica S.A. (S.A.), una empresa que pasó de la oscuridad a la luz durante la gestión de su predecesor.

Cuando asumió el cargo, en enero de 2007, Alarcón tuvo que hacerle frente a la polémica que su nombramiento desató en Antioquia porque no era de la región y porque el ‘generalato’ paisa consideraba que no era lo suficientemente técnico como su antecesor, quien había dejado la empresa en un punto muy alto.

Pero Alarcón no solo demostró que la camiseta no le quedó grande para manejar la firma energética paisa, sino que se convirtió en uno de los artífices de su proceso de transformación. Bajo su liderazgo, ISA fortaleció su presencia en el exterior, reorganizó su estructura empresarial y amplió su campo de acción.

Hoy ISA, que hace parte del top 20 de las empresas más sostenibles de SEMANA, es la mayor multilatina del sector energético, que maneja 32 empresas en ocho países y que incursionó en sectores tan diversos como las telecomunicaciones y las concesiones viales. “ISA fue una de las primeras empresas que dejó atrás los complejos y se lanzó fuera de Colombia a competir de igual a igual con los grandes jugadores en negocios que requieren inversiones inmensas”, dice Alarcón, quien sostiene que no llegó a una empresa desconocida.

Por el contrario, conocía muy bien su funcionamiento pues desde 2004 era presidente de su junta directiva. Y además, desde 2002, como presidente de Asofondos, observó de primera mano uno de los procesos de democratización más exitosos realizados hasta ese momento en Colombia. La razón es que los fondos de pensiones compraron activamente en las dos emisiones de acciones que realizó la energética. Esta democratización se convirtió en la punta de lanza de la radical transformación de ISA.

Alarcón valora las puertas que se le han abierto en su camino profesional. Ha tenido éxito gracias a que desde su época de estudiante mantiene una gran tenacidad para sacar adelante todo lo que se propone. Quienes lo conocen de cerca lo consideran ‘un ratón de biblioteca’, estudioso, introvertido, analítico, calmado y dueño de una inteligencia privilegiada.

Al concluir la secundaria en el seminario de bachillerato de los Padres Jesuitas de Zipaquirá, Cundinamarca, fue elegido Mejor Bachiller de Colombia en 1969, concurso organizado por Coltejer. Ganó una beca para estudiar Ingeniería Civil en la Universidad de los Andes y fue compañero de pupitre de Gutiérrez Pemberthy, su antecesor en ISA y actual presidente de Ecopetrol, con quien trabajó hombro a hombro. Además realizó una maestría en Ciencias de Ingeniería Civil en el prestigioso Massachusetts Institute of Technology (MIT), aprobó los exámenes para el doctorado en Ingeniería Civil en planeamiento de recursos hidráulicos y realizó estudios avanzados de gerencia en la Universidad de Oxford.

Con esas credenciales no era raro que escalara altos cargos públicos hasta llegar a ministro de Hacienda, uno de los puestos más apetecidos por la tecnocracia del país. En 1987, el entonces presidente Virgilio Barco lo nombró titular de la cartera de Finanzas, a los 35 años, puesto en el que permaneció hasta el final de ese gobierno en agosto de 1990.

Cuando llegó a este cargo también escuchó comentarios similares a los que sonaban cuando fue nombrado en ISA. Que era un desconocido, que no tenía experiencia política, que le iba a quedar grande el puesto. Pero antes de ser ministro había sido jefe de la unidad de Inversión Pública en Planeación Nacional, director de Presupuesto, y viceministro de Hacienda, aunque siempre con un bajo perfil. De ahí que pocos apostaran a que descollaría como ministro, y menos en una de las carteras más complicadas.

Pero con el paso de los meses dejó callados a sus detractores pues sacó a relucir su garra de tecnócrata. Alarcón se caracterizó por ser un ministro parco, serio, que rayaba en el mal genio, alguien que les puso tatequieto a quienes pedían a gritos incrementar el gasto público. Con él los políticos no tenían mucho que ganar cuando de pedir recursos se trataba.

Con su ortodoxia y pragmatismo mantuvo el gasto público a raya, tanto que se ganó la fama de “ogro monetarista”, por su rigor en el manejo de las finanzas estatales. “Cuando uno está en el sector público tiene que entender que trabaja por resultados y no para beneficio o promoción personal, ni para estar haciendo bulla”, dice este directivo, que prefiere la eficacia y el bajo perfil a la popularidad.

Amilkar Acosta, actual ministro de Minas, también lo vio ‘patinando’ proyectos del gobierno en el Congreso y dice que cuando Alarcón tenía que levantar la voz, lo hacía. “Era persistente, tenaz y sobre todo, paciente para hablar con uno y otro congresista. Uno no le veía la cabeza hasta cuando estaba al otro lado y se salía con la suya”, recuerda Acosta.

Esas características contrastan con sus años de juventud cuando con una disciplina monacal conoció y estudió el método de análisis marxista y fue militante de base del Movimiento Obrero Independiente Revolucionario (Moir), la línea blanda del maoísmo en Colombia.

Pero su militancia no duró mucho. Cuando el movimiento se radicalizó se fue a estudiar a Estados Unidos. Pero sí fue “un joven con opiniones y posiciones apasionadas” como él mismo recuerda. Esas creencias marxistas se tradujeron para Alarcón en valores democráticos, respeto por las libertades individuales y los derechos de la gente. “Creo en políticas públicas que busquen reducir la inequidad y sobre todo, crear igualdad de oportunidades para la gente”, dice con toda convicción.

Como gerente de ISA está ahora pendiente de nuevas oportunidades de negocios y expansión de este grupo energético que traspasó las fronteras. Recién llegó a la gerencia una de sus primeras operaciones fue culminar la compra de la Compañía de Transmisión de Energía Eléctrica Paulista, con lo que marcó territorio en Brasil, el gigante suramericano.

Y a partir de ahí siguió una larga lista de adquisiciones. ISA controla la transmisión de energía del Perú por medio del consorcio Transmantaro, de ISA Perú y Red de Energía del Perú, con lo que se convirtió en el mayor transportador de energía de esa nación. Además, tiene inversiones eléctricas en Bolivia y en Chile. Actualmente maneja 40.000 kilómetros de circuito de alta tensión en América Latina.

En telecomunicaciones, a través de su compañía Internexa, tiene más de 22.000 kilómetros de fibra óptica que cruza por siete países. Y en concesiones viales, a través de Intervial Chile y sus cinco concesionarias, es la mayor operadora de vías interurbanas del país austral con 907 kilómetros. Adicionalmente, opera la compañía XM, que se encarga de manejar el mercado mayorista de energía del país y el Sistema Interconectado Nacional. Y acaba de anunciar que participará en la construcción del oleoducto del Pacífico. Una de sus últimas operaciones fue crear Intercolombia, una empresa transportadora de energía.

Esta apertura hacia nuevas líneas de negocio han llevado a que la compañía se encuentre entre las 15 más grandes del país, y a que el año pasado haya registrado utilidades por 433.000 millones de pesos, 58,7 por ciento más que en 2012. Los activos de ISA y sus afiliadas ascendieron a 25,5 billones de pesos y su planta de personal es de 3.686 trabajadores.

Con semejante responsabilidad sobre sus hombros, Alarcón no es de los que hace grandes cambios a donde llega. Prefiere trabajar con las personas que ya están instaladas en la compañía. No es de reuniones largas, le gusta ir al grano, hace cambios cuando se requieren y explica en forma sencilla los problemas más complejos.

Es práctico, habla tranquilamente. Es más amable ahora que cuando era ministro de Hacienda. Ofrece tinto, aromática o una taza de mate de coca traída por uno de sus amigos desde Perú. Ante los tropiezos, suele decir: “¡Levántese, analice por qué se cayó y vaya adelante!”

No habla de su vida íntima ni relata anécdotas porque “las preguntas de reina de belleza me paniquean”. Pero hay dos cosas que no oculta. Desde pequeño es hincha del Atlético Bucaramanga, equipo profesional de fútbol que juega en la categoría B. Y es un hombre orgulloso de la familia que formó en1979, cuando se casó con la antioqueña Luz Estella Sierra con quien tiene dos hijos.

A pesar del trabajo y las responsabilidades, saca un tiempo para tocar tiple y cantar bambucos. No piensa en retirarse, por ahora, y dice que no le gusta moverse de aquí para allá porque “no hay que atropellar la vida”.

Su nuevo reto es lograr que los empleados de la empresa y las filiales comprendan que hay un camino largo por recorrer, que implica pasar de ser la mejor empresa en transmisión de energía de Suramérica, a medirse con las mejores del mundo. Es decir, “subir de la actual primera división a las grandes ligas”.
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