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| 5/25/2014 12:00:00 AM

La mano de la Fiscalía

Nada más grave ha pasado en los últimos 50 años en la democracia en Colombia que lo que estamos viviendo. Nunca antes el aparato judicial había interferido la elección presidencial.

El protagonista de la elección presidencial del 2014 será Eduardo Montealegre. Sus actuaciones llevan a pensar que la Fiscalía General de la Nación es ahora una ficha a favor de la reelección de Juan Manuel Santos y en contra de la oposición. Muchos nos preguntamos si arriesga a pasar a la historia como quien degeneró la justicia reduciéndola a un instrumento de campaña política. ¡Ojalá nos equivoquemos! 

Nada más grave ha pasado en los últimos 50 años en la democracia en Colombia que lo que estamos viviendo. Nunca antes el aparato judicial había interferido la elección presidencial, menos dejado la impresión que actúa como árbitro cargado para santificar y excomulgar candidatos.

Los políticos todos, de izquierda y de derecha, quieren jugar siempre con las cartas marcadas, están tentados a hacer alianzas non sanctas, permiten que sus adeptos utilicen todos los medios para conquistar electores y la inmensa mayoría no depara en principios éticos para ganar. Esa es una enfermedad vieja de la política denunciada o exaltada por Maquiavelo desde 1512. Lo de ahora es diferente, muy diferente.
¿Qué tenemos? Un candidato que ante la inviabilidad en las encuestas y la inevitabilidad de una segunda vuelta, decidió que lo único que lo podía salvar era que el rechazo a su competidor fuera superior al propio.

La cosa es elemental: dejar sin opción a los ciudadanos para que en las urnas tengan que elegirlo, así el país repudie su gobierno. ¿Cómo hacerlo? Convirtiendo al oponente en un monstruo capaz de todo, al punto de que el candidato-presidente y su perversidad posen de inofensivos ante el tamaño de la nueva amenaza.
Bastaba montar una oscura operación y una mano diestra y servil que la implementara. ¿Qué tengo además de los partidos políticos, la burocracia y los carteles de contratación? Los organismos de inteligencia, la Fiscalía General de la Nación y los medios de comunicación, entre otros recursos de poder real. Todos alineados esperando desempeñar el papel que les asigne el guionista.

Y pareciera que el guionista decidió que el papel principal estuviera a cargo de la Fiscalía o al menos los acontecimientos así permiten pensarlo. ¡Ojalá nos equivoquemos! 

Su trabajo ha sido doble. Pasiva ante las denuncias de ‘Comba’. Ese narcotraficante dijo en la misma declaración publicada en la revista Semana algo igual o más grave que la supuesta entrega de 12 millones de dólares. Comba afirmó que la negociación en Colombia comenzó a inicio de 2010 y que hubo una propuesta que llevaba la firma y la huella de Diego Rastrojo, Cuchillo, El Loco Barrera y el propio Comba, quien hablaba en un video donde explicaba el proyecto. Inicio del 2010 es la campaña presidencial de ese año.

Lo aterrador es lo siguiente: “Juan Manuel Santos cuando escuchó eso le gusto ya que esto le servía para su campaña” (ver la declaración), denunció Comba. Es decir, según el narco, el candidato Santos versión 2010 conoció y recibió con gusto la oferta mafiosa. ¡Gravísimo! Es válido preguntarse si ¿los 12 millones de dólares o al menos parte de ellos se entregaron en medio de la campaña? ¿No sería acaso eso igual a los contactos de miembros de la campaña de Ernesto Samper con los jefes del cartel de Cali para su sometimiento a la justicia?

Esa revelación merece la reacción inmediata de la Fiscalía y al menos remitir la noticia criminal por competencia, tratándose del Presidente de la República, al templo de la impunidad, la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes. ¡Pero no! Montealegre pasivo. ¿Qué pasa, señor Fiscal? ¡Y los medios de comunicación callados!

Al contrario, la Fiscalía ha sido muy activa cuando Állvaro Uribe señaló que tiene información sobre que parte de los 12 millones de dólares pudo servir para pagar gastos de la campaña del hoy presidente. La reacción inmediata de Montealegre fue sindicarlo de fraude procesal. ¿Cuándo se había visto eso? ¿Qué pasa, señor Fiscal?

La sobreactuación estelar tiene ocasión con el caso del hacker. La Fiscalía, cual colador, se dedicó al filtrar con la destreza de un cirujano pruebas, videos y declaraciones que sirvieran de batería de ataque a Santos y de cargas de profundidad contra la campaña de Zuluaga. ¡Que quede claro! ¡Si alguien delinquió de la mano del hacker en el Centro Democrático, debe ir preso! Eso es una cosa, que no es más que la aplicación de la ley, y otra, muy diferente, la licencia que se ha dado la Fiscalía para convertirse de esa forma en una herramienta proselitista y de persecución.

¡Lamentable espectáculo! Los funcionarios que administran justicia de acuerdo con los instrumentos internacionales de protección de los derechos humanos deben ser independientes e imparciales. Hoy tenemos un fiscal militante que criminaliza a todo aquel que no comparta su agenda política, que es la misma del presidente. Un funcionario dependiente del Ejecutivo y jugado por completo por la reelección. Un individuo para el cual, al parecer, es neofascista o neonazista todo aquel que critique el proceso de La Habana o denuncie que se gesta una gran impunidad. ¡Reflexione, señor fiscal!

Sígame en Twitter @RafaGuarin

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