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| 5/21/2016 12:00:00 AM

Prueba de resistencia

La caída en los precios de las materias primas golpeó al sector minero-energético. Las empresas han vivido las verdes y las maduras.

El sector de minas y energía ha tenido que enfrentar la más dura prueba. Las grandes mineras y petroleras se vieron afectadas por el descenso de los precios de los commodities –petróleo, carbón y níquel–, que cayeron en los últimos 18 meses entre 50 y 70 por ciento. Como si fuera poco, la fuerte devaluación del peso disparó la deuda de las compañías y agudizó en muchas los problemas de liquidez.

Después de ser uno de los principales motores de la economía, con un crecimiento récord del 14,4 por ciento en 2011, el año pasado el sector solo aumentó 0,6 por ciento, mientras que la inversión extranjera en esa actividad se contrajo 37 por ciento.

Cada subsector vivió su propio drama. El eléctrico llevó al país al borde del apagón. Los embalses de las centrales hidroeléctricas se agotaron por el fenómeno de El Niño y salieron a flote los problemas financieros de las térmicas. También quedaron al descubierto los líos en el suministro de gas. Hay menor disponibilidad de este combustible por la declinación de los grandes campos productores de La Guajira y la mayor demanda.

Celsia, una de las compañías más importantes del sector, que genera tanto por sistemas térmicos como hídricos, vio impactados sus resultados el año pasado con pérdidas por 51.614 millones de pesos. Sin embargo, alcanzó ingresos por 3,7 billones de pesos, un 43 por ciento más que los registrados en 2014, por el mayor precio de energía en bolsa, los resultados positivos del negocio de distribución en Colombia y la entrada a Centroamérica.

Las petroleras han sufrido en carne propia la caída de los precios del crudo. De dar utilidades récord por 15,4 billones de pesos en 2011, Ecopetrol pasó el año pasado a reportar pérdidas por 3,9 billones. La petrolera emprendió un duro ajuste que incluyó recortar el 50 por ciento de los gastos operativos, congelar la planta de personal y revisar cientos de contratos y consultorías, entre otros. A este apretón se sumó un recorte de 1.800 millones de dólares en el plan de inversiones para 2016 con el fin de proteger el flujo de caja y la sostenibilidad financiera de la empresa. La compañía reportó utilidades por 363.000 millones de pesos en el primer trimestre de este año, 127 por ciento más que en igual periodo de 2015.

Una petrolera más pequeña, como Canacol Energy, supo sortear estas aguas turbulentas gracias a que en 2012 ingresó con fuerza en el mercado del gas, más rentable actualmente. Mientras tanto, Pacific Exploration & Production, la segunda petrolera más grande de Colombia, no resistió los fuertes vientos y tuvo que acogerse a un plan de reestructuración para evitar su quiebra. La compañía pasará a manos de Catalyst, un fondo de inversión de Canadá. La mala noticia es que los accionistas perderán toda su inversión.

Pero si por el lado del petróleo las compañías la vieron negra, en el sector de la minería el panorama no fue mejor y las grandes carboneras también pusieron su cuota de sacrificio. Cerrejón, la mina a cielo abierto más grande de América Latina, sintió el impacto de la caída en los precios del carbón, que pasaron en corto tiempo de 120 dólares la tonelada a 43 dólares. Este desplome afectó sus utilidades, que cayeron 86 por ciento el año pasado. Este complejo puso en marcha un recorte de gastos de 155 millones de dólares al año, y dejó inactivos el 14 por ciento de los equipos porque con los precios actuales no resulta rentable extraer carbón de ciertas zonas de la mina.

Cerro Matoso, que opera la mina de níquel más grande del país en Montelíbano (Córdoba), también está en un drástico plan de ajuste, ante el desplome de los precios de este elemento que en un año pasaron de 15.000 a 8.600 dólares la tonelada. A esta caída se sumó el descenso en la producción. Hace unos años extraía alrededor de 50.000 toneladas de níquel y para este año solo alcanzaría 38.000 toneladas. Desde 2014, Cerro Matoso comenzó a apretar gastos y recortó la planta de personal de 2.500 a 1.650 empleados. Todos los contratos de transporte, alimentación y suministros están en revisión. Si la situación no mejora, podrían quedar en entredicho inversiones cercanas a 800 millones de dólares para aumentar la capacidad de producción. Sin estas inversiones no podría prorrogar el contrato de concesión hasta el 2044, cuyo vencimiento está previsto para 2029.

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