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| 5/11/2013 1:20:00 AM

Todo cambió

El negocio bursátil no es el mismo que antes y todo indica que el futuro será para las firmas comisionistas con respaldo bancario. El debate sobre su conveniencia apenas comienza.

Mucho se ha hablado en los últimos días sobre el proceso de consolidación del negocio bursátil en Colombia. La llegada de grandes inversionistas bancarios a comprar firmas tradicionales y la propia quiebra de InterBolsa, la que fuera la mayor comisionista del país, han levantado un debate sobre el futuro de esta actividad. Para muchos parece ser el ocaso de las firmas independientes que se conocieron en el pasado, para darle el paso al negocio de los grupos bancarios. 

La verdad es que el proceso de consolidación del negocio bursátil comenzó a gestarse en 2001, cuando se creó la Bolsa de Valores de Colombia. En diciembre de 2000 reportaron información a la Supervalores 46 sociedades activas, pero a mediados de marzo de 2013 lo hicieron solo 22. Ya no quedan firmas de origen caleño y solo hay tres de la antigua Bolsa de Valores de Medellín –que en su momento tuvo 30– las cuales llegaron a dominar el mercado de acciones. Quizás esta es una visión romántica del pasado, o como dicen algunos en el mercado bursátil, es también producto de un proceso permanente de desmonte de las entidades pequeñas e independientes, que aparentemente inspiran menos seguridad a las autoridades.
 
Analistas del sector señalan que esta tendencia se evidencia en muchas de las últimas decisiones que han tomado las autoridades en Colombia. Por ejemplo, anotan que fue contundente el mensaje que la Superintendencia Financiera envió al mercado al entregarle al mayor banco del país el negocio de los TES de InterBolsa. “¿Solo un banco, y no una de las demás firmas comisionistas de la Bolsa de Valores de Colombia que también participaban en ese negocio, era lo suficientemente confiable como para recibir semejante regalo?”, se preguntó un operador bursátil.

Otro ejemplo es que el Banco de la Republica acaba de duplicar el patrimonio técnico requerido por las sociedades comisionistas de bolsa para operar divisas. Para algunos jugadores del sector, si bien el banco central tiene la autonomía para hacerlo, nadie conoce los estudios técnicos que lo llevaron a esa decisión ni por qué esa cifra es la adecuada y no la mitad o el doble. “Solo se conoció una resolución emitida por esa entidad que decretaba el cambio dirigido exclusivamente para las sociedades comisionistas de bolsa”, señaló la fuente.

Algunos pronostican que el sector de las comisionistas de bolsa seguirá el mismo destino de muchas otras entidades. No es un secreto que con la crisis financiera de 1997 muchos negocios terminaron en manos de la banca. En ese entonces desaparecieron las corporaciones de ahorro y vivienda. El mismo destino tuvieron las compañías especializadas en leasing. E igual cosa sucedió con las corporaciones financieras: solo quedan dos, unidas a dos bancos. 

Muy poco subsiste de las compañías de financiamiento comercial, pues para las que sobreviven la competencia con los bancos se hace cada vez más difícil ya que estos cuentan con economías de escala, lo mismo que con captaciones mediante las cuentas corrientes, lo cual les incrementa el margen de intermediación en al menos seis puntos porcentuales. Solo quedaban pocas sociedades comisionistas de bolsa independientes. Las dos entidades internacionales que ingresaron al país con la adquisición de dos de las más importantes comisionistas son en realidad firmas de banca de inversión: BTG Pactual y Credicorp.

Algunos argumentan que el respaldo de una entidad bancaria es clave en un negocio en el que se mueven millones y millones y que es cada vez más globalizado. Otros, por el contrario, afirman que puede traer riesgos, pues se combinan demasiados negocios en una misma casa.

Un analista del mercado recuerda que hace cinco años estalló en Estados Unidos la crisis financiera que dejó grandes secuelas. Parte de la misma se gestó desde 2001, cuando se decidió liberar la legislación bancaria para permitir que los grandes grupos manejaran sus negocios con el único control de la mano invisible del mercado.

Como lo han expresado muchos economistas internacionales, la unión de los bancos con las firmas de bolsa y sus áreas de banca de inversión gestó un negocio espectacular. Los bancos prestaban dinero a quien lo solicitara, no importaba si los clientes tenían respaldo o no, los banqueros de inversión estructuraban negocios al titularizar esos créditos, que eran luego vendidos a los clientes de las firmas de bolsa como bonos triple A.

Un comisionista local dice que al final los clientes en Wall Street se enteraron de que esos bonos no valían nada, como en Colombia las acciones de InterBolsa, o muy poco, como las de Fabricato. “En la mayoría de los casos, tanto el banco que prestaba el dinero, como la banca de inversión que estructuraba el negocio y la casa de bolsa que los distribuía eran del mismo grupo, así que todo quedaba en casa”. En el caso colombiano el banquero era la holding de InterBbolsa creada desde sus inicios para hacer los negocios que la sociedad comisionista no podía. 

Con la crisis, en Estados Unidos se enteraron de que entre los bancos comerciales, los de inversión y sus sociedades de bolsa se habían pasado por la faja los conflictos de interés.

El presidente de una firma comisionista local, consultada al respecto, dice que el conflicto de interés entre el negocio de banca de inversión, el de bolsa y el negocio bancario no es de poca monta. Señala que en principio el negocio bancario es de intermediación financiera; capta bajo su propio riesgo y hace lo mismo al conceder los créditos. Los negocios de bolsa y de banca de inversión son ‘desintermediadores’. Captan o estructuran negocios para terceros a través de distintas figuras de financiamiento, pero sin asumir el riesgo y por esa labor cobran una comisión. Estos también deben estar separados para evitar eludir los riesgos y los conflictos de interés. 

“En principio ese fue uno de los límites que se transgredió en la crisis norteamericana. Un negocio de crédito se convirtió en un negocio de banca de inversión y pasó luego a ser uno bursátil”, anota. El resultado es nefasto. El riesgo del banco se les pasó a los clientes de las casas de bolsa con la participación de estructuradores de los bancos de inversión. 

Así, los bancos no se preocupaban por las pérdidas que pudieran ocasionar los créditos, porque al final no eran ellos quienes las asumirían.
En honor a la verdad hay que decir que el país está lejos de que suceda lo anterior. Pero si bien los estadounidenses aprendieron de Colombia sobre la crisis hipotecaria, acá le falta por aprender de ellos la parte de los conflictos de la banca de inversión con los bancos y las sociedades comisionistas de bolsa. 
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