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El respeto, un valor que escasea

Los empresarios de hoy saben que para hacer empresas sostenibles deben velar, no solo por los intereses económicos, sino por su papel responsable frente a la sociedad.

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Un mes antes de morir, Nicanor Restrepo Santa María había aceptado abrir esta edición conmemorativa de las 100 empresas más grandes del país. Tendría una tertulia con José Alejandro Cortés, del Grupo Bolívar, con quien compartió muchos años de colegaje empresarial y amistad. Hablarían sobre el empresario y su papel en la sociedad y acerca de la ética y los valores de la elite económica, algo que escasea tanto por estos días. Al agravarse su enfermedad la cita debió aplazarse.

Sin embargo, para cumplir con el objetivo de comenzar esta edición con unas reflexiones empresariales, José Alejandro Cortés aceptó ser quien hablara de esos principios y valores que compartía con su amigo. Y tres dirigentes –David Bojanini, José Alberto Vélez y Carlos Enrique Piedrahíta– formados y orientados por Nicanor Restrepo aceptaron también hablar de lo que aprendieron de quien consideran fue su gran maestro.


Semana: Dado que esta charla iba a ser con Nicanor Restrepo, comencemos con su opinión sobre lo que él significó como empresario para Colombia.

José Alejandro Cortés:
Dentro del gremio hay empresarios que se destacan por sus valores, sus principios y por su dedicación a hacer de Colombia un país mejor. Nicanor fue eso. Trató de hacer un país mejor, no solamente por su participación en el mundo de la política, sino como un gran empresario. Éramos muy coincidentes en nuestros principios y valores. Veíamos el futuro de nuestras empresas de una forma muy positiva, con una sujeción a lo que deben ser los principios para manejar las organizaciones y aportar a la sociedad. Éramos muy parecidos. Él era un hombre de paz. Nicanor no tuvo ningún problema y no pensó dos veces en apoyar los procesos de paz. Yo tengo entendido, porque no hablé de ese tema con él, que pensaba que el proceso de paz debía seguir. Porque definitivamente, un proceso de paz que recoja a todos los colombianos nos impulsará al desarrollo de una forma impresionante.

Semana: ¿Usted cree que ahora escasean los valores éticos y que hemos retrocedido en esa materia?

J. A. C.: No creo que hayamos retrocedido o perdido, sino que nos dimos cuenta, lo cual antes no hacíamos, de muchas de las falencias de nuestra sociedad. Creo que el narcotráfico y la corrupción han sido factores fundamentales en el cambio de algunos de nuestros valores, en toda la sociedad. Hace 50 años también se veían casos de corrupción y de manejos indebidos, particularmente en lo que se refiere al tema de la honestidad. Hoy se conceptúa que una empresa sostenible en el tiempo debe velar, no solamente por sus intereses económicos, sino también por sus responsabilidades con la sociedad misma, con el factor humano dentro de las organizaciones y el cuidado del ambiente. Ha surgido una conciencia de la importancia de cuidar todos estos aspectos relacionados con el desarrollo armónico de un país y una sociedad.

Semana: Sobre el respeto poco se habla. ¿Por qué es tan importante?

J. A. C.: El respeto es uno de los principios más importantes que puede tener una organización empresarial. No solamente hacia sus ejecutivos y funcionarios, sino hacia toda la comunidad, los clientes, los proveedores y todo lo que sea el factor humano con el que se trabaja. El respeto es un tema que se debe enfatizar mucho dentro de nuestra sociedad. Creo que hay una conciencia mucho mayor hoy sobre temas como el respeto hacia la mujer, pero todavía falta muchísimo.

Semana: ¿Más allá de generar utilidades, las empresas deberían involucrarse más en la sociedad?


J. A. C.: La empresa hace parte de la sociedad y definitivamente debe involucrarse más y de varias formas, buscando que su desarrollo sea más armónico y transparente. Hoy tiene muchas obligaciones con la sociedad donde trabaja y con la comunidad que la rodea. Los empresarios deben ser conscientes de que esa responsabilidad va mucho más allá de generar utilidades o valor económico. Debo reconocer que hay muchas empresas en Colombia que se caracterizan por su capacidad de trabajar con la sociedad.

Semana: Y el empresario como tal, ¿cuál es su rol?

J. A. C.: Lo primero es que uno como empresario debe dar ejemplo. Segundo, tiene que ser responsable con los recursos de otros que en un momento dado administra. También creo que es importante que el empresario tenga en cuenta que hacer empresa toma tiempo y eso significa trabajar con suma transparencia. Debe ser honesto para garantizar la sostenibilidad de las empresas. Yo creo que lo importante en la empresa de hoy es que la dirijan personas muy competentes y bien estructuradas, para que puedan progresar y competir adecuadamente.

Semana: En una economía de mercado, cómo debe ser la competencia... parece que pululan los carteles empresariales.

J. A. C.: Generalmente uno tiene que competir muy fuerte, no solo a nivel nacional sino internacional. Yo soy un convencido de la economía de mercado, pero entendida dentro de unos conceptos éticos. Unos conceptos en donde el monopolio no puede existir, a menos de que haya reglas muy claras y unas condiciones muy definidas, impuestas por el Estado mismo. Si hay monopolios, deben manejarse de una forma muy cuidadosa. Si ya son oligopolios, que unas pocas empresas controlen el mercado, debe haber competencia. Yo estoy muy en contra de la fijación y acuerdo de precios que llevan a conductas y formas de manejar los negocios totalmente inaceptables. Creo que la competencia es muy valiosa para generar mejores productos a precios más atractivos. La economía de mercado permite que las empresas puedan trabajar diferentes áreas, pero también que cualquier persona pueda entrar a competir dentro del mercado. Es a través de la competencia como se deben mejorar las ofertas.

Semana: ¿Y qué opina de los carteles empresariales que últimamente aparecen por todos lados?

J. A. C.: No estoy de acuerdo con los carteles, me parece que es una forma incorrecta de convenir precios y ofrecerle productos al mercado. Me parecen incómodos. Si ha habido un cambio en los últimos años es en este tema. Una de las vivencias que he tenido es que, en algún momento, era el mismo Estado el que le exigía a uno tener una serie de productos. En el caso de las compañías de seguros teníamos que tener las mismas pólizas con las mismas cláusulas y con los mismos precios. Eso era una situación muy inconveniente para las compañías. En nuestro caso, lo sancionaban a uno si reducía el precio, frente a lo que se establecía para todas las aseguradoras. Era como un cartel obligado. La forma de manejarlo era que las asociaciones, en este caso Asecolda y luego Fasecolda, se ponían de acuerdo con todas las empresas. Luego hablaban con la Superintendencia Bancaria para determinar qué valor podían poner a las pólizas. La forma como la Superintendencia quería entonces que las aseguradoras manejaran sus recursos era totalmente equivocada. No tenían en cuenta realmente las características propias de cómo funcionan las finanzas y los intereses. Aún hoy hay una serie de situaciones incompatibles con la realidad nacional.

Semana: ¿Cuál es el papel del Estado en una economía de mercado?

J. A. C.: El Estado debe hacer parte de todo el proceso de manejo de la economía de mercado, no puede ser ajeno. Tiene que estar pendiente de las situaciones de monopolio o de oligopolio. En muchos casos tiene que fijar posiciones para defender los intereses de la comunidad.

Semana: ¿Qué consejo le daría usted a las nuevas generaciones que están al frente de las compañías del país?

J. A. C.:
Que tienen que tener mucho cuidado con el manejo de los recursos y que deben ser muy transparentes. Las políticas de buen gobierno son muy importantes y positivas desde el punto de vista de las organizaciones. Yo veo que las empresas de cierta envergadura en el país se manejan con mucha transparencia y de una forma muy profesional. Soy muy optimista del futuro, creo que tenemos muchas oportunidades, pero tenemos que trabajar para lograrlas. Tenemos oportunidades de competir aquí y en el exterior. Yo nunca le he tenido temor a que las grandes empresas extranjeras entren a Colombia. Creo que uno puede competirles de igual a igual.

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