22/12/2012

La pelea de Tota por la exploración petrolera

MEDIO AMBIENTELa exploración de la petrolera francesa Maurel & Prom en la laguna más grande del país tiene con los pelos de punta a campesinos y ambientalistas.

Una exploración petrolera interrumpió la tranquilidad que se vive en la laguna de Tota. Lo que era una región dedicada a cultivar cebolla y dar refugio a miles de turistas hoy es el epicentro de una agitada disputa. Por un lado, la empresa francesa Maurel & Prom (de la que Pacific Rubiales tiene un 42 por ciento) busca allí reservas petroleras y ya está explorando, con técnicas de explosivos y sísmicas, en busca del oro negro. Por el otro, un grupo significativo de campesinos, de empresarios del turismo y de ambientalistas creen que esa sería el fin de la laguna más grande del país, que los ha mantenido durante años con la belleza y la riqueza de sus aguas. 

La historia de la ‘fiebre’ del petróleo a Tota es bastante particular. Maurel & Prom, una compañía francesa, llegó al país en 2005. En una de las adjudicaciones de bloques que hace la Agencia Nacional de Hidrocarburos se hizo, por medio de Hocol (otra petrolera), al bloque Muisca, un vasto territorio desde Chía hasta Sogamoso.  Desde 2009, la empresa comenzó la exploración en una zona que abarca 250 kilómetros cuadrados y hoy tiene presencia en seis municipios: Pesca, Tota, Cuitiva, Iza, Fravitova y Aquitania. Como Boyacá es un departamento de minifundios, su trabajo interviene hoy 22.000 predios. 

La mayoría de esos 22.000 propietarios no sabe cómo terminaron siendo sede de una exploración petrolera y muchos están descontentos. Se quejan de que la empresa ha entrado a sus tierras sin su permiso. “A mí se me metieron cuatro veces y tuve que sacarlos con los perros”, cuenta Clara Echavarría, quien vive en Cuitiva. A Myriam Acosta le pusieron una tarjeta blanca en la entrada de su finca. Le explicaron que era porque estaban en el área de trabajo sísmico. “Los trabajadores de la empresa llegan a las casas de los más viejitos, les dicen que solo van a colocar un cable y les hacen perforaciones. Luego les ofrecen 100.000 pesos y les advierten que si no firman los van a expropiar”, sostiene Myriam, quien se organizó con otros pobladores para proteger la laguna.

Los trabajos han generado temor en los campesinos. Unos creen que se va a contaminar la tierra y que van a formarse grietas que afectarán los cultivos. También se quejan de que con la petrolera el nivel de vida ha subido y hasta que el turismo ha menguado porque las aguas termales se están enfriando. Hasta los que habían dado permiso se están arrepintiendo. En Firavitova dicen que las explosiones agrietaron varias casas y en Iza, le echan la culpa a la petrolera de que el pueblo esté sin agua pues se explotó un tubo del acueducto, aunque el alcalde Edgar Ruiz, asegura que la infraestructura es muy antigua y no hay prueba de que haya dañado por la exploración.

Para  Felipe Molano, geofísico de Maurel & Pro, esas críticas son injustas. Explica que la compañía ha tratado de levantar los permisos de los 22.000 predios, que 15.800 aceptaron, 1.680 se negaron y 4.000 están pendientes. Agrega que en los que han existido problemas  son predios de familias numerosas en las que, por ejemplo, los hijos dieron permiso, pero luego los padres se negaron y que no hay claridad sobre quiénes son los propietarios reales. La empresa sostiene que no ha impactado ambientalmente la laguna y que las exploraciones las hacen a más de un kilómetro de esta, aun cuando las normas ambientales solo exigen 30 metros. Y aseguran que no tienen nada que ver con el rompimiento de la tubería del acueducto ni mucho menos con la temperatura de las aguas. Y Pacific Rubiales envió unas respuestas a La W en la que admiten que están “bastantes preocupados por lo que se comenta en la zona” y prometen atender las quejas.

La pelea de Tota no ha tenido mucho eco a nivel nacional. Pero hace unas semanas la BBC hizo un extenso reportaje. Según esa cadena el petróleo pone en jaque a “la única laguna del mundo que huele a cebolla”. Este año, antes de que se hablara de la exploración petrolera,  la laguna ganó el globo gris, un deshonroso premio para los cuerpos de agua en vía de extinción. Por eso, quienes viven entre sus aguas no sienten que se ganaron la lotería por tener posiblemente oro negro bajo sus predios. “Nos da terror que lleguen a encontrar petróleo. Si eso pasara todo aquí va a cambiar”, sostiene Myriam Yaneth.

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