05/01/2013

La agonía del comandante

Por: María Jimena Duzán

OPINIÓNLa gran paradoja es que Chávez, que se ufanó siempre de que su revolución era independiente, terminó siendo incapaz de preparar su propia muerte.

Hace dos años, cuando el presidente Chávez le anunció al mundo que tenía un cáncer en un sitio que él nunca quiso revelar, la revista SEMANA me envió a Caracas por unos días a que hiciera un reportaje para medir cuán enfermo estaba el comandante y si le iba a alcanzar la vida para hacer la campaña que tenía por delante, y conseguir su ansiada reelección.

Los antichavistas con los que hablé insistían una y otra vez en que Chávez no estaba enfermo y que todo era un ardid para salir de la escena un tiempo y volver renovado, estrategia que, según ellos, era imbatible. A pesar de que lo vieron (lo vimos) bastante deteriorado a su llegada a Caracas luego de su primera intervención quirúrgica proveniente de Cuba y de que personas tan allegadas a él como José Vicente Rangel le confirmaron a la revista SEMANA que Chávez tenía una “chamba grande en su estómago”, la oposición por mucho tiempo siguió pensando que la enfermedad del comandante no era más que una “comedia”, como me lo dijo en su momento uno de los coordinadores de la campaña de Henrique Capriles. Más acertadas resultaron mis fuentes chavistas, una de las cuales me vaticinó lo que hoy está sucediendo:

-Aunque Chávez está muy enfermo, creo que alcanza a ganar las elecciones, pero no va a poder gobernar, me dijo de manera confidencial, la única forma como le hablan a uno los chavistas.

-Y en ese caso, ¿qué podría pasar, le pregunté.

-Pues que hay que posicionar a Nicolás Maduro como sucesor y nombrarlo vicepresidente.

Y en efecto, eso fue lo que sucedió. Elías Jaua, que era un joven chavista nacido en el dogmatismo del Partido Comunista venezolano, fue desplazado para ubicar a Maduro como futuro sucesor a sabiendas de que el mal que tenía el comandante no lo iba a dejar gobernar. Maduro era el hombre perfecto: de extracción humilde, había sido rescatado por el chavismo y era un líder que se había ido cultivando en el poder; era no solo el hombre de confianza de Chávez, sino de los cubanos que son en el fondo los que mueven los hilos del poder dentro de la Venezuela chavista.  

Lo que sí nadie previó, ni entre la oposición ni en el oficialismo, es que un chavista defenestrado por el mismo Chávez como Diosdado Cabello, con una reputación de corrupto que lo persigue a donde vaya, pudiera haberse reencauchado en estos dos años en la forma en que lo hizo. Chávez lo había sacado de su gabinete por corrupto a pesar de que era uno de sus hombres de confianza. Bajo el chavismo no solo se aumentaron considerablemente los subsidios a las clases populares, sino que se crearon nuevas élites económicas que se enriquecieron y engordaron sus bolsillos a expensas del presupuesto venezolano: a ellos, conocidos como los ‘boliburgueses’ se les dieron todas las empresas, los contratos, los bancos, repitiendo lo que ya había sucedido en la Venezuela prechavista. El auriga  de esos ‘boliburgueses’ era precisamente Diosdado Cabello quien además de tener unas relaciones muy estrechas con los militares llegó a ser el segundo hombre más poderoso en el chavismo, ya que por espacio de muchos años tuvo a su cargo varios ministerios de donde salió convertido en un hombre muy rico.

El escándalo de corrupción creció a tal magnitud que el propio Chávez quiso apartarse de ellos para que no lo afectara políticamente. Salió a cuestionar públicamente a los ‘boliburgueses’. Varios de ellos fueron a prisión y Diosdado cayó en desgracia: fue sacado del gabinete y de su círculo íntimo y durante un tiempo no se supo mucho de él, solo cuando Chávez, ya enfermo, emprendió su campaña y lo llamó a que formara parte de ella. Según mis fuentes, Chávez, necesitaba tener al chavismo unido para poder ganar y no podía hacerlo sin los ‘boliburgueses’ ni Diosdado. Hoy es nada más ni nada menos que el presidente de la Asamblea Nacional y ha vuelto a ser el poderoso cacique corrupto de antes. Si Chávez no llega a la ceremonia de juramentación y resulta elegido nuevamente como presidente de la Asamblea Nacional derrotando a la candidata de Maduro, será el hombre encargado de hacer la transición y llamar a elecciones.

Si yo fuera de la oposición en Venezuela, rogaría para que esta pelea por el poder que se ha desatado en el chavismo, que por lo demás nunca ha sido una fuerza homogénea sino anárquica, la gane Diosdado. Su afán por el dinero unido a su corruptela sería muy fácil de derrotar. Y si fuera Chavista rogaría para que Maduro ganara ese pulso. Si hay que escoger entre un político corrupto y un político dogmático, prefiero siempre el segundo.

La gran paradoja es que Chávez, que se ufanó siempre de que su revolución era independiente, terminó siendo incapaz de preparar su propia muerte. El comandante todopoderoso puede que muera en un hospital en La Habana, rodeado de médicos cubanos quienes son los que van a decidir qué día muere, si es que eso ya no ha ocurrido. n

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