05/01/2013

Todavía falta lo peor en Estados Unidos

ACUERDOEn el último minuto Estados Unidos evitó caer en el llamado abismo fiscal, lo que habría provocado un descarrilamiento de su economía. Es un respiro momentáneo porque le siguen otros dos pulsos: presupuesto y endeudamiento.

Hasta las primeras horas del nuevo año, el mundo estuvo en vilo esperando que el Congreso estadounidense evitara el temible abismo fiscal en el que podría caer la economía más poderosa del planeta.

Finalmente, el mismo primero de enero, la Cámara de Representantes aprobó el proyecto remitido por el Senado, que mantiene las rebajas tributarias para la mayoría de los estadounidenses y pospone por un par de meses los fuertes recortes del gasto público acordados en el año 2011.

El acuerdo de último minuto en Washington hizo que en el primer día hábil de 2013, las principales bolsas del mundo reaccionaran con alzas. La plaza de Hong Kong subió 2,9 por ciento, la de Alemania 2,3 por ciento; la del Reino Unido aumentó 2 por ciento, mientras que Wall Street comenzó el nuevo año con su mejor desempeño en más de 12 meses.

La positiva reacción de los mercados no era para menos. De haber caído en el precipicio fiscal –término que acuñó el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke-, no solo se hubiera perjudicado el crecimiento económico de esa nación -llegando incluso a la recesión- sino que tendría consecuencias globales.

El temible escenario se daría porque el primero de enero hubiera entrado en efecto la mayor subida de impuestos en la historia estadounidense. Esto se daría al expirar las rebajas fiscales aprobadas por el expresidente George W. Bush en 2001 y 2003. Los hogares, serían los que soportarían la gran parte del impacto de esta subida de impuestos, pero también las pequeñas empresas. Un alza de impuestos para los contribuyentes de todos los ingresos, unido a los recortas del gasto, significaría menos demanda de bienes y servicios y más desempleo, que según analistas se hubiera disparado hasta 10 por ciento, frente al 7,7 por ciento actualmente.

Las consecuencias para todos los países que tienen relaciones económicas con Estados Unidos, entre ellos Colombia, hubieran sido muy graves. De entrar en recesión la potencia económica compraría menos en el exterior, afectando las exportaciones, la inversión y el turismo de muchos países. En últimas, el efecto cascada se sentiría en todo el planeta.

Como la economía estadounidense se basa en el consumo, lo que se está logrando con el acuerdo es garantizar un mínimo gasto de las familias para no caer en la recesión.

Para el analista colombiano Alberto Bernal del banco de inversión, Bulltick Capital Markets la decisión que tomaron los legisladores gringos es una gran noticia para la economía mundial. “Subirán los impuestos para algunos, pero no para todos. Esto es importante para el ingreso disponible, evitándose una recesión”.

Sin embargo, aunque esto es una buena noticia no significa que todo quedó resuelto para la economía estadounidense.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) emitió un comunicado en el que celebró las medidas adoptadas por el Congreso, en particular la extensión de beneficios de desempleo durante 2013, pero advirtió que “aún queda mucho por hacer para poner las finanzas públicas de Estados Unidos en una senda sostenible sin perjudicar la recuperación que sigue siendo frágil”.

Según el organismo multilateral, un plan integral que garantice mayores ingresos y la contención de gastos en el mediano plazo debe ser aprobado lo antes posible.

No es por aguar la fiesta, pero se avecina una batalla tan dura como la que acaban de dar los demócratas y republicanos. Esto se dará en dos meses, en torno al límite del endeudamiento público. Estados Unidos alcanzó su tope legal de endeudamiento de 16,4 billones de dólares (millones de millones). Esto significa que si antes de febrero el Congreso no consigue un acuerdo, sencillamente el gobierno del presidente Barack Obama no podrá cumplir con sus obligaciones financieras.

Patricio Zamora, profesor de la Universidad George Washington, en entrevista con la cadena CNN, afirmó que en las próximas semanas se podría repetir el mismo estrés con que terminó el 2012. “El techo de la deuda es aún mas importante y definirá el futuro de este país en los próximos 10 años”.

En febrero la discusión será en torno al presupuesto y sobre lo que se va a recortar. Según los analistas hay que cambiar muchas reglas del juego en materia de gasto en Estados Unidos. En este sentido el debate que se espera entre republicanos y demócratas será otra batalla pues el recorte de gastos afectará, entre otros, el presupuesto de Defensa, la inversión, los proyectos de infraestructura, tecnología e investigación.

Según Rebecca Thiess, analista en temas sobre el presupuesto nacional del Instituto de Política Económica en Washington, citada por la BBC esos recortes son “muy peligrosos en la presente situación. El postergarlos por dos meses no da el tiempo necesario para que la economía crezca, al tiempo que se debate dónde se debe recortar”.

El asunto es que si bien el mundo respiró más tranquilo con el acuerdo de último minuto en Washington, no puede cantar victoria todavía porque los problemas fiscales de Estados Unidos están lejos de haberse resuelto. La deuda púbica alcanza 74 por ciento del PIB y se calcula que subirá al 90 por ciento, en la próxima década si no se hace nada.

Abordar el problema del límite del endeudamiento del gobierno, es un asunto que volverá a ponerle mucho ruido a la economía mundial. No hay que olvidar que en agosto de 2011, el llamado techo de la deuda fue una carta que usaron los legisladores republicanos para presionar al presidente Obama a recortar el gasto público, que ellos consideran la fórmula para tener un presupuesto equilibrado y una deuda razonable. El presidente manifestó claramente que no negociará nada con el Congreso con respecto al techo de la deuda.

Por lo visto, el respiro que dieron los legisladores estadounidenses no será muy prolongado, y en unas semanas el mundo volverá a estar en vilo esperando que Estados Unidos resuelva primero los asuntos políticos para llegar a acuerdos económicos. Esta batalla continúa.

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