05/01/2013

Operación Bin Laden

POLÉMICANi siquiera se ha estrenado y desde ya la película sobre la cacería del líder de Al Qaeda está provocando una gran controversia. Sus creadores no solo tuvieron acceso a información clasificada, sino que pusieron el dedo en la llaga sobre qué tan efectiva fue la tortura en la caída del terrorista.

Desde que los Navy SEALs empezaron a prepararse para matar a Osama Bin Laden, sabían que si todo resultaba según lo planeado, algún día se haría una película sobre su histórica misión. Cuentan que antes de partir hacia el complejo en Abbottabad, al norte de Pakistán, donde el líder de Al Qaeda estaba escondido, incluso bromearon con que Brad Pitt y George Clooney los interpretarían. Aunque ese último vaticinio no se les cumplió, casi tres años después, Hollywood ya tiene su propia versión de la cacería del terrorista más buscado del mundo.

La ganadora del Óscar, Kathryn Bigelow, se le midió al reto. Después de obtener el aplauso del público y de la crítica con The Hurt Locker (Zona de miedo), una película que cuenta el drama de una brigada antiexplosivos en Iraq, la estadounidense vuelve a sorprender con una cinta sobre guerra. Lo paradójico es que Zero Dark Thirty (La noche más oscura) se estrenó en unos pocos teatros de Estados Unidos en diciembre – llegará a la mayoría de salas hasta el 11 de enero– y ya ha provocado una gran polémica. Pese a que todos saben cómo empieza y termina la historia, Bigelow y su guionista Mark Boal al parecer tuvieron acceso a una cantidad de información secreta, así como a entrevistas exclusivas con los responsables de la operación.

La controversia empezó con un artículo de la columnista de The New York Times, Maureen Dowd, en el que sugería que la cinta hacía parte de una estrategia para impulsar la reelección de Barack Obama: “Cuando a Boal lo invitaron a departir con los pesos pesados de la Casa Blanca y el Pentágono quedó claro que le habían encargado a Hollywood la tarea de mostrar a Obama como un hombre fuerte”. En seguida, el republicano Peter King, presidente del Comité de Seguridad de la Cámara Baja, exigió una investigación. “Escribo esta carta para expresar mi preocupación ante la posibilidad de que haya habido filtraciones”. Y lo más grave es que según él, “a la directora Kathryn Bigelow le facilitaron datos inéditos de la misión clasificada más importante de la historia”.

Esos cuestionamientos hicieron que los productores de Zero Dark Thirty postergaran su estreno, planeado originalmente para octubre del año pasado, poco antes de las elecciones presidenciales del 6 de noviembre. Sin embargo, a medida que se conocían nuevos detalles del contenido de la película, aumentaba la suspicacia. Bigelow y Boal han dicho desde el comienzo que si bien su intención no era hacer un documental, querían ser lo más fieles posibles a los hechos. De allí que no solo construyeran una réplica exacta de la casa donde residía Bin Laden, sino que la protagonista de la película –Maya, una agente de la CIA interpretada por Jessica Chastain– en realidad exista.

Según The Sunday Times, Bigelow y Chastain se reunieron con la verdadera Maya con la condición de proteger su identidad, mientras que Boal se entrevistó con uno de los SEALs que hizo parte de la misión. El Pentágono y la CIA también aceptan que se encontraron con el equipo de cineastas, pues es común que las agencias gubernamentales presten asesoría en este tipo de producciones. Aún así, la directora y el guionista niegan haber recibido información privilegiada, pues según ellos su trabajo es producto de una rigurosa investigación periodística.

Y eso no es todo. A la polémica por la veracidad de la trama, se sumó el debate político. La cinta, de dos horas y media, ha sido criticada porque presenta la tortura como un método efectivo utilizado por la CIA para conseguir información. Tan solo los primeros 45 minutos transcurren en un cuarto oscuro donde un agente obliga a hablar a un prisionero por medio del cuestionado waterboarding (ahogamiento simulado). Esas escenas son tan recurrentes que la pregunta que queda en el aire es si los brutales interrogatorios fueron determinantes a la hora de dar con su paradero.

El expresidente George W. Bush y sus escuderos insisten en que sin las ‘técnicas mejoradas de interrogación’ la administración de Obama jamás se habría podido atribuir dicho logro. Pero los hechos demuestran lo contrario, pues la CIA encontró al mensajero de Bin Laden –la ficha clave con la que lo localizaron en Abbottabad– sin tener que recurrir a la fuerza.

Para Boal la confusión obedece a que tuvieron que comprimir una década en tan poco tiempo, mientras que Bigelow señala que aunque la película no pretende ser un registro histórico, tampoco podía obviar lo que sucedió en el campo de detención de Guantánamo: “No me gusta la violencia. En cambio, me interesa la verdad. Y la violencia hace parte de la vida y de nuestro contexto social. ¿Que si hubiera querido que la tortura no apareciera en esta historia? Sí, pero no sucedió así”, dijo a The Guardian.

Lo curioso es que Bigelow pudo ahorrarse esa avalancha de críticas, ya que inicialmente estaba trabajando en una cinta sobre los intentos fallidos del gobierno estadounidense por dar con el cerebro de los ataques terroristas contra las Torres Gemelas. La idea era contar cómo se le había escapado al Ejército en las montañas de Tora Bora, al este de Afganistán en 2001, pero el proyecto –que estaba bastante adelantado– se cayó con la muerte de Bin Laden en mayo de 2011.

Aunque tuvieron muy poco tiempo para reescribir el guion, por suerte fue así, pues la controversia que la cinta ha despertado antes de llegar a las salas garantiza desde ya un gran éxito en taquilla y en la alfombra roja. No solo ha ganado varios premios, como Mejor Película y Mejor Dirección del Círculo de Críticos de Cine de Nueva York, sino que está nominada a los Globos de Oro y seguramente será una fuerte candidata en los Óscar de este año.

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