05/01/2013

¡Por mis películas!

HERENCIAA pesar de que este año se conmemora el vigésimo aniversario de la muerte de Mario Moreno, Cantinflas, el comediante aún no descansa en paz. La batalla entre su hijo y su sobrino por los derechos de sus películas parece no tener fin.

Al final de El barrendero, la última película que protagonizó Mario Moreno, Cantinflas, dos malandros lo persiguen en busca de una pintura que este recogió en una bolsa de basura sin siquiera saberlo. La trama se resuelve cuando Cantinflas se deshace de los malhechores, los entrega a la justicia y vuelve a vivir tranquilo. Desde que murió el comediante mexicano, ese escenario continúa repitiéndose sin cesar. Si en la película había dos personas que querían recuperar una valiosa obra, en la vida real el hijo y el sobrino del actor sostienen un incansable pleito por algo igual de apetecido: los derechos de más de 30 de sus películas.

Mario Arturo Moreno Ivanova y Eduardo Moreno Laparade, respectivamente el hijo adoptivo del comediante y el hijo del hermano y mánager del artista, sostienen desde 1993 una de las batallas legales más largas y crudas del mundo del espectáculo. Si bien ha habido períodos de silencio y calma aparente, el caso siempre vuelve a los titulares. Hace unas semanas la justicia emitió un nuevo fallo a favor del sobrino que lo convierte en el dueño único de los derechos de las codiciadas películas. Sin embargo, este año se cumplen dos décadas de la muerte del mimo de la gabardina y los homenajes para el comediante, igual que las regalías por el uso de su imagen y cintas, se dispararán, así que Mario Arturo no se quedará quieto. Aunque ya está listo para apelar la decisión, no la tendrá nada fácil, pues tiene muchos más enemigos que aliados en los tribunales.

La batalla comenzó cuando Cantinflas murió víctima de cáncer de pulmón. Entonces, el hijo del comediante, heredero universal de todo lo que dejó su padre, se hizo a casas, carros, mucho dinero y la marca registrada Cantinflas que incluye fotografías, productos, derechos para usar su imagen y, por supuesto, sus películas. Mario Arturo creyó que todo estaba resuelto y que tendría un colchón sobre el cual recostarse el resto de su vida, pero no contaba con que su primo aparecería con un documento notariado en el que el difunto actor le cedía a Eduardo los derechos de una treintena de cintas. Sin el grueso del botín, la vida a la que se acostumbró el hijo –llena de lujos, fiestas y algunos excesos– empezó a tambalear, así que llevó el caso a los estrados judiciales.

Según el heredero universal, el documento presentado por su primo fue firmado cuando el actor ya no estaba en capacidad de tomar semejante decisión, pues se encontraba demasiado enfermo y débil. Por ende, su hijo sugiere que es falso. Bajo ese pretexto, en muchas ocasiones la justicia le dio la razón, pero el mes pasado una corte no solo legitimó el papel y le entregó los derechos a Eduardo, sino que Mario Arturo debe responder por los gastos legales en que su primo incurrió durante los últimos 20 años.

El hijo de Cantinflas planea apelar, pero se encontrará con otro inconveniente, pues hace un tiempo el sobrino puso en duda la paternidad del actor. La versión a la que se ciñe Mario Arturo es que el comediante tuvo un amorío con la estadounidense Marion Roberts y fruto de ese romance nació él. A los pocos meses de dar a luz, la madre dejó al bebé en la puerta de la casa del protagonista de ¡Por mis pistolas! y se suicidó, así que el comediante lo adoptó con su esposa, la rusa Valentina Ivanova. Pero Eduardo insiste en que su tío era estéril y que le pagó 10.000 dólares a Roberts por el niño ya que ella no podía sostenerlo.

Para muchos resulta extraña la idea de que Cantinflas le hubiera dejado los derechos de las películas a su sobrino, pues lo habría hecho en el testamento y no en un documento adicional. Además, la sugerencia de que el artista compró al pequeño es algo descabellada y solo se podría comprobar si se exhuma el cadáver, por lo que pocos apoyan esa teoría. De hecho, amigos cercanos al ícono del cine mexicano, como el periodista Jorge Palmieri, la descartan por completo: “Eduardo tiene razón al decir que Mario Arturo es adoptado, pero solo en lo que se refiere a su madre Valentina. ¡Él sí es el hijo biológico de Mario Moreno Reyes!”, sostiene.

Así, el caso debía haber sido pan comido para el heredero, pero él se encargó de enredarlo con su muy merecida fama de bebedor y parrandero. Actualmente, el hombre que alguna vez dispuso de todos los lujos que quiso, vive modestamente e insiste en que ha vendido todo para poder costear el largo litigio. Sin embargo, su primo asegura que Mario Arturo malgastó la fortuna en fiestas y que su reclamo sobre los derechos no es más que un intento desesperado por hacerse a algo de dinero para continuar con sus vicios. “Era dueño de casi todo, pero lo tiró. Se lo metió todo por la nariz”, le dijo Eduardo a El País de Madrid en un reportaje reciente.

Algunos pensarán que se trata de una estrategia sucia para desprestigiar al hijo, pero no es el único que coincide en que este no es más que un vividor. La primera esposa de Mario Arturo, Abril del Moral, sostiene que además de derrochar su gran fortuna, fue un mal padre que dejó a sus hijos casi en la calle después del divorcio. “Nunca se ocupó de ellos. En 23 años los ha llamado solo dos veces”, reconoció Del Moral a la edición española de la revista Vanity Fair. Ante semejante acusación, Mario Arturo se defiende: “No me gusta hablar mal de la mamá de mis hijos, pero Abril no es una persona muy cuerda. Tuvo un accidente cuando era niña y sufrió daños cerebrales. Tiene muchos arranques y dice cosas muy desatinadas”.

Suponiendo que los problemas neurológicos son ciertos, no explicaría por qué Sandra Bernat, la segunda esposa de Mario Arturo, concuerda con el testimonio de Del Moral e incluso fue más lejos y lo demandó por agresiones físicas y psicológicas que sufrió a lo largo de 19 años de matrimonio. Según ella, no lo había hecho antes por temor a retaliaciones, pero ahora está resuelta a revelar los detalles de su caso para que su exesposo la indemnice.

El heredero de Cantinflas solo dice que a Sandra le gusta mucho el protagonismo y que se trata de un simple escándalo. Pero Mario Moreno Bernat, uno de los tres hijos que tuvo con ella, también lo demandó por corrupción de menores. El joven afirma que su padre lo inició en el alcohol y las drogas cuando apenas tenía 14 años y que eso hizo que se descarrilara y que no pudiera estudiar ni tener una vida normal.

En esas se la ha pasado la familia del actor más famoso de México durante las últimas dos décadas: repitiendo la escena de El barrendero. Las dos personas siguen buscando a como de lugar el preciado tesoro y han ido a la justicia más de una vez. La diferencia es que su personaje se deshizo del problema y recuperó su tranquilidad. Cantinflas no. n?

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