05/01/2013

Jagruti: el despertar indio

PROTESTASLa muerte de una joven tras ser violada por seis hombres en Nueva Delhi fue el detonante de una revuelta social de las clases medias que buscan que los cambios culturales acompañen el dinamismo económico.

No se conocen su rostro ni su nombre pero su historia ha tomado ya las características de una leyenda. En India la han bautizado la mujer del año y la prensa ha optado por apodarla de manera simbólica: Amalat, que significa tesoro, Nirbhaya o la intrépida, Damini, que quiere decir destello, y Jagruti, despertar. Esta heroína de 23 años fue víctima de una brutal violación en un autobús de Nueva Delhi el pasado 16 de diciembre. Seis hombres abusaron sexualmente de ella y la golpearon de tal manera que sus órganos quedaron destrozados. La penetraron con una vara de hierro y la lanzaron desnuda a la calle. El 29 de diciembre murió en un hospital de Singapur a donde había sido trasladada.

Según la Oficina Nacional de Registro de Crímenes de India una mujer es violada cada 20 minutos en ese populoso país de más de 1.300 millones de habitantes. Una realidad a la que los indios estaban acostumbrados. Esta vez la sociedad reaccionó: miles salieron a demostrar cuánto repudian la violencia de género. A pesar del frío decembrino, la clase media de las principales ciudades de India se tomó las calles. Niños y jóvenes, mujeres y hombres llevan días gritando consignas y aguantando las arremetidas de la Policía, que los ha tratado de dispersar con agua y bolillos. Los manifestantes se han apropiado de la tragedia de la mujer sin nombre, demostrando que, adicional al dinamismo económico y el avance tecnológico, la sociedad india necesita hacer transformaciones profundas en sus políticas sociales y sus creencias tradicionales.

La economía de la India es una de las de mayor crecimiento a nivel mundial. Es un gigante de la tecnología, tanto de la información como del desarrollo aeroespacial y nuclear. Pero la prosperidad y la vanguardia no han permeado todos los aspectos de la vida en India. La pobreza, el analfabetismo y la ausencia del respeto por los derechos humanos son también parte importante de este enorme país. Goutham Dindukurthi, programador de videojuegos de 27 años, dijo a SEMANA que “Las mujeres en India son consideradas iguales a los hombres. Pero la proporción de sexos no es equitativa y el infanticidio femenino aún existe”. Tradicionalmente la mujer ha sido considerada como una carga, pues cuando van a casarse los padres deben pagar una suma considerable de dinero al futuro esposo. A la vez, las mujeres se han ido tomando los espacios públicos en los últimos años y cada vez más se educan para ser profesionales. De hecho, la política más importante del país es Sonia Gandhi, presidenta del poderoso Partido del Congreso y cabeza del poderoso clan. 

“La gente espera que este incidente, trágico e inaceptable, traiga muchos cambios y que las leyes sean más estrictas”, dice Dindukurthi. Normalmente, los casos de violación pueden tomar hasta 10 años en llegar a una corte penal, y eso si son registrados por la Policía, que muchas veces se niega a investigar agresiones sexuales. Pero los seis hombres que atacaron a la joven ya han sido arrestados y acusados de violación y homicidio. Además, la brutalidad y publicidad de este caso ha despertado un debate sobre la reactivación de la pena de muerte, legal pero poco aplicada. Los protestantes demandan que la eficiencia vista para la agresión contra Jagruti sea la norma y no la excepción. Para ello, piden que se aceleren los procesos judiciales en los ataques contra las mujeres y que la Policía tome más en serio las denuncias. En respuesta, Nueva Delhi nombró a un oficial para que se reúna mensualmente con grupos defensores de los derechos de las mujeres y se encargue de estudiar el problema.

El gobierno parece estar tratando de atender las denuncias de los miles de manifestantes. Ya se puso en marcha un registro web de la Policía de Nueva Delhi con los nombres y fotografías de violadores convictos que se ampliaría a nivel nacional. Se llamó a una sesión especial del Parlamento para pasar nuevas leyes que endurezcan las penas a violadores, incluso se está considerando la castración química, y que obligue la atención de estos casos en un margen de 90 días. El primer ministro indio, Manmohan Singh, trató de apaciguar a la población diciendo que “Ya hemos visto las emociones y energías que este incidente ha generado. Sería un verdadero homenaje a su memoria si somos capaces de canalizarlas en un proceso de acción constructivo”.

Todas estas medidas prometen avances positivos, pues hasta ahora la violación, aunque es un delito según el código penal de India, apenas es castigada. Pero, en un país tan extenso, los cambios tienen que notarse a nivel nacional, no solo en la capital. En Mumbai, la ciudad más poblada, hay una comisión estatal dedicada a la mujer pero desde hace cuatro años no tiene director. Y en las provincias y pequeños pueblos la agresión a la mujer es quizá más común y menos sancionada. Mientras el país apenas digería el impacto por el ataque en Nueva Delhi, una joven de 18 años se suicidó en Punjab, un departamento al norte de India, porque fue violada por dos hombres en noviembre y aún no había logrado que su caso fuera investigado. Su hermana aseguró a los medios que la Policía la había tratado de convencer de que se casara con uno de sus agresores o aceptara dinero y se quedara callada. 

Aunque miles han demostrado que no están dispuestos a seguir aguantando abusos semejantes, siguen surgiendo casos que dejan claro que el cambio a nivel cultural será muy lento. Mientras tanto, el gobierno, que no puede ignorar tan evidentes reclamos de la gente, tiene el poder para hacer respetar a las mujeres por medio de las leyes. La sociedad tendrá que irse empapando de esas reglas hasta que lo normal para todos sea tratarlas equitativamente y proteger sus derechos. “India es un país en vías de desarrollo, con dificultades para avanzar en temas sociales y políticos. Pero, sin duda, está encaminándose en la dirección correcta y las brechas sociales se están cerrando lentamente” opina Dindukurthi.

La clase media, producto de décadas de crecimiento, ha despertado y se ha hecho sentir. Pasan los días y las protestas no amainan, a pesar de las rápidas respuestas de las autoridades indias. Las peticiones populares son ambiciosas: buscan impulsar el sistema democrático de India tanto como se ha promovido el desarrollo tecnológico. La familia de la mujer que desató esta fuerte reacción ha dicho que revelarán su verdadero nombre solo si el Estado acepta bautizar la nueva ley contra la violación en honor a ella. Con o sin nombre, esta joven ya se convirtió en el símbolo de una revolución que, de continuar y consolidarse, podría cambiar a India para siempre.

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