05/01/2013

Golpe a las Farc: La bomba de año nuevo

CONFLICTOSEMANA cuenta detalles desconocidos de la operación que en el primer día de este año terminó con la muerte de 14 guerrilleros de las Farc y desmanteló una de sus estructuras claves en el manejo de finanzas de la droga.

Una llamada que realizó Elda Ramírez, alias Mayerli, fue la clave para que murieran 14 de sus compañeros de la columna Hernando González del frente 5 de las Farc. Con 45 años de edad, 25 de los cuales llevaba en las filas de la subversión, la curtida guerrillera telefoneó en la mañana del 31 de diciembre a un hombre con el que desde hacía dos meses venía encontrándose en diferentes lugares de la selva del Urabá, convencida que se trataba de un narco interesado en comprar la cocaína que ella vendía.

Confiada en cerrar un negocio de varios kilos de droga le dio a su interlocutor las coordenadas y la ubicación exacta de su campamento y lo citó para encontrarse allí al día siguiente. La desconfiada guerrillera nunca pasaba más de tres días en un mismo lugar por lo cual le insistió a su interlocutor en la necesidad de que llegara cumplidamente. Lo que no sabía Mayerli es que el hombre con el que llevaba varias semanas hablando era un oficial encubierto de la Dirección de Inteligencia de la Policía –Dipol– que había asumido esa fachada como parte de una operación que arrancó hace ocho meses para dar con ella y sus 20 camaradas.

Tras la llamada de la mujer, el oficial infiltrado entregó las coordenadas a sus superiores quienes coordinaron con la Fuerza Aérea y bombardearon el sitio a la 1:30 de la madrugada del primero de enero de 2013. Cuatro helicópteros Black Hawk con 40 comandos Jungla y Copes de la Policía llegaron poco tiempo después al lugar en donde encontraron 14 cuerpos de los subversivos, sus fusiles y la agenda personal de Mayerli que sobrevivió y logró escapar. Fue el fin del primer gran golpe contra las Farc de este año y el epílogo de una operación que comenzó hace meses y en donde, paradójicamente, fue la propia guerrillera quien terminó por entregar a su propia gente.

A comienzos de octubre integrantes de la Dipol comenzaron a efectuar labores encubiertas en los municipios de Carepa, Apartadó, Mutatá, Chigorodó y Dabeiba, con el fin de recolectar información para atacar el frente 5. Esta estructura actúa en esa zona del Urabá, una región estratégica para el tránsito de droga hacia el Caribe. Era uno de los grupos menos golpeados por la fuerza pública no solo por la dificultad del terreno en donde se mueven sino porque han plagado de campos minados su área de influencia. Esa relativa seguridad con la que se movilizaban hizo que esa estructura, y en especial la compañía que comandaba Mayerli, se convirtiera en la caja menor que nutría las finanzas de varios frentes en Urabá. Narcos de todo el país, incluso de alejadas zonas como Caquetá o Valle, iban hasta ese lugar a comprar alijos de cocaína a la subversiva. De allí los cargamentos salían fácilmente hacia Panamá y el resto de Centroamérica.

La encargada de toda esa operación era Mayerli. Algo que está documentado de su propio puño y letra en un cuaderno que fue hallado en su campamento y en donde llevaba las cuentas. Está consignado, por ejemplo, que el 20 de diciembre compró a un campesino 7.479 gramos de base de coca, un poco más de siete kilos, por un valor de 19 millones de pesos. Fue revendido por ella a un narco de Antioquia por 140 millones. En negocios como ese, la mujer, según sus propias anotaciones, comercializaba 800 kilos mensuales que le dejaban utilidades por 2.200 millones de pesos.

Su involucramiento en el mundo del narcotráfico fue justamente lo que los policías aprovecharon. En uno de los municipios cercanos a la represa de Urrá una atractiva oficial de inteligencia, que tenía la fachada de ser una vendedora de una tienda de abarrotes, logró establecer una cercana relación con un hombre conocido como Arturo, con el que ocasionalmente miembros de las Farc negociaban droga. Con el paso del tiempo la infiltrada convenció a Arturo de presentarle a un supuesto familiar interesado en comprar cocaína, en realidad era su colega, el otro agente de inteligencia. La estrategia funcionó y unas semanas más tarde Arturo se encargó de llevar y presentarle a Mayerli al policía encubierto.

Allí comenzaron contactos que se prolongaron durante semanas en los que el uniformado se ganó su confianza y la visitaba regularmente en varios de sus campamentos con el pretexto de realizar negocios. Fue tal la confianza que incluso Mayerli le dio al infiltrado una nota para que este se la llevara a un narco en Medellín llamado René Jiménez y le recomendó hacer negocios con él. En la misiva la subversiva le daba al capo instrucciones para la venta de 50 kilos de droga.

Durante los meses que duró la operación encubierta, la cual incluyó una gran cantidad de monitoreos de comunicaciones, los analistas de inteligencia grabaron y documentaron la alianza que realizó Mayerli con Darío Úsuga, alias Otoniel , jefe de la banda Los Urabeños (ver artículo ‘Oto, el urabeño’). En una de las conversaciones interceptadas en abril de 2012 la guerrillera le contó a un guerrillero del frente 5 que conversó con Otoniel. “El viejo (Oto) quiere hablar con Jacobo (jefe del frente). Quiere cuadrar la cuestión de la mercancía, los precios y eso porque dice que dizque se puso muy barata por nosotros y que está a 2,2 el kilo”. La conversación hace referencia a la necesidad que Los Urabeños tenían de unificar precios con las Farc pues estos vendían el kilo de cocaína en 2.200.000 pesos, algo que estaba afectando a Otoniel. Como resultado de lo anterior unas semanas más tarde las Farc aceptaron la propuesta y aumentaron en 300.000 pesos el kilo, lo mismo a lo que lo vendían Los Urabeños.

El anterior es uno de las decenas de audios de Mayerli hablando sobre negocios. El lunes pasado fue la última vez que la subversiva y el infiltrado conversaron cuando la guerrillera le dio todos los datos de dónde se encontraba. Lo siguiente que se volvió a saber de Mayerli fue gracias a unas conversaciones interceptadas varias horas después del bombardeo en donde sus palabras resumen la contundencia de la operación: “Apenas habemos dos vivos de resto todos están muertos. Estamos mal, a toditos nos acabaron”.

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