05/01/2013

Oto, el Urabeño

NARCOTRÁFICODarío Úsuga, alias Otoniel, exguerrillero, expara, narco y ahora jefe de banda criminal, es el más reciente capo en la mira de las autoridades. Esta es su historia.

“Ese hombre es un animal, es un peligro completo. Es peligrosísimo. Él mata por matar, a niños, al que sea, no le importa”. Esta frase fue pronunciada por uno de los capos más temidos que ha existido en Colombia en los últimos años: Daniel el ‘Loco’ Barrera. El narco, que fue capturado por la Policía en septiembre del año pasado, está solicitado en extradición y es investigado por docenas de asesinatos. Por ello no deja de sorprender que alguien como Barrera, quien ascendió en el mundo criminal a sangre y fuego y desafió a las autoridades durante años, acepte temerle a alguien. Eso refleja el talante del hombre al que se refiere, el actual jefe de la banda Los Urabeños.

Se trata de Darío Antonio Úsuga, conocido con el alias de Otoniel. Aunque para la mayoría de los colombianos su nombre puede ser desconocido es uno de los desafíos visibles que tienen las autoridades para este año. Hace exactamente un año el nombre de Otoniel salió relativamente de su anonimato. Desde el 4 de enero de 2011 y durante varios días ordenó un paro armado que obligó a decenas de comerciantes, transportadores y habitantes de Urabá, y varias poblaciones de Córdoba y Magdalena, incluida Santa Marta, a cerrar sus negocios y quedarse encerrados en sus casas en plena temporada de vacaciones. Tomó esa decisión como retaliación a un operativo de la Policía unos días antes en Acandí, Chocó, en donde estaba la plana mayor de Los Urabeños. Como resultado de esa acción murió el jefe de ese grupo Juan de Dios Úsuga, Giovanni. Otoniel se salvó de morir o ser arrestado porque salió una hora antes de la llegada de los comandos jungla. Asumió el liderazgo de la banda y para vengar la muerte de su hermano, quien era su mayor admiración, ordenó a sus hombres paralizar, por medio de amenazas, varias poblaciones. Aunque las autoridades retomaron el control y con los días regresó la normalidad, desde la época de los grandes carteles ningún capo se había atrevido a desafiar de tal forma al Estado.

Darío Úsuga está al frente de una banda que, según los cálculos de las autoridades, tiene cerca de 1.800 hombres que se han expandido desde Urabá y hoy tiene presencia en Antioquia, Córdoba, Atlántico, Norte de Santander, el Valle y Nariño. Además, disputan otros territorios que han quedado libres tras la caída de grandes capos.

Otoniel nació en Turbo, Antioquia, en 1970. A los 16 años de edad ingresó con su hermano al EPL. En 1991, cuando esa guerrilla entregó las armas, él no se desmovilizó y por el contrario integró una disidencia y reactivó el frente Bernardo Franco. Sin mucho éxito y con 22 años de edad optó por entrar a los frentes de las Farc que actuaban en el Urabá antioqueño. Para 1996 los continuos roces con sus comandantes lo llevaron a cambiar de bando y se enroló en las autodefensas campesinas de Córdoba y Urabá -Accu- que por ese entonces surgían con fuerza bajo el mando de Carlos y Vicente Castaño. Se ganó la confianza de este último quien lo encargó de parte del cobro de los dineros del narcotráfico y del manejo de algunas de las rutas privilegiadas junto con Daniel Rendón, alias Don Mario.

Para 2002 Otoniel y Don Mario fueron enviados con centenares de hombres al Meta para hacer parte del bloque Centauros que Vicente Castaño le vendió a Miguel Arroyave. Tras el asesinato de este y de Castaño en 2004, Otoniel y Don Mario retornaron a Urabá: una zona que consideraban segura y conocían muy bien. Allí comenzaron la creación de una disidencia neopara que bautizaron como autodefensas gaitanistas, el embrión de lo que hoy se conoce como Los Urabeños. Tras el arresto de Don Mario, en abril de 2009, la banda quedó en manos de los hermanos Úsuga.

El control de las principales rutas de salida de droga por el golfo de Urabá les permitió conseguir el músculo financiero necesario para iniciar una expansión. Aprovechando la captura, extradición o muerte de sus rivales en diferentes lugares del país, extendieron sus redes y territorios. Quienes los han perseguido y quienes conocen a Otoniel coinciden en afirmar que capturarlo no será fácil. Nunca usa un celular. Jamás duerme dos noches en el mismo sitio. Se moviliza entre montañas y selvas a lomo de mula o caminando con un grupo de no más de cinco escoltas. No es mujeriego y casi nunca toma licor. Rara vez se le ve en una vereda y desde hace años no visita un pueblo por pequeño que sea. “Tiene lo peor de todos los mundos delincuenciales. De los paras aprendió, y lo aplica, que el nivel de sevicia a la hora de ordenar matar le garantiza respeto y miedo. De los narcos a hacer negocios de droga. De la guerrilla tiene la disciplina y aprendió desde joven a vivir en la selva sin necesitar nada. Es un puro animal de monte”, afirma un oficial antinarcóticos que lo ha perseguido durante dos años. El reto es dar con este hombre que desde la manigua maneja la última de las grandes bandas criminales.

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