05/01/2013

Venezuela en vilo

PORTADAParece un hecho que Chávez no se posesionará el 10 de enero. Sin embargo, no es seguro que ese día el país salga de la incógnita sobre su salud o sobre quién está al mando.

En Venezuela las cosas han cambiado mucho en el último mes. Desde que Chávez viajó a Cuba el 10 de diciembre para someterse a una cuarta operación, el gobierno ha tenido una inusitada locuacidad. En menos de 30 días los venezolanos, acostumbrados al silencio oficial, han escuchado 27 boletines sobre la salud presidencial. Pero estos han sido hasta ahora confusos, ambiguos e incluso contradictorios. Los boletines oficiales están plagados de calificativos tan vagos como “complicado”, “complejo”, “difícil”, “favorable”, “estable” o “exitoso”. Y nadie en el oficialismo ha contestado la única pregunta que realmente importa: ¿Chávez puede seguir siendo presidente?

Al respecto Chávez sigue siendo un enfermo sin diagnóstico. Solo se sabe que lleva 115 días de tratamiento en hospitales de La Habana, donde lo preservan las herméticas y silenciosas murallas del régimen castrista. También ha trascendido que ha ido a radioterapia, a quimioterapia y que en semana santa le imploró a Cristo “no me lleves todavía.” A pesar de que en plena campaña presidencial aseguró estar “libre, totalmente libre” de cáncer ya lo han sometido a cuatro operaciones.

La última fue el 11 de diciembre para extirparle nuevas “células cancerígenas”. Según el parte oficial la cirugía, que duró más de seis horas, culminó “correctamente y de manera exitosa”. Pero en pocos días el optimismo dio paso a declaraciones más sombrías. El 18 de diciembre se supo que el presidente tenía una infección respiratoria que “ha sido controlada”. Después se insistió que “él se encuentra bien, se encuentra consciente”, y el vicepresidente Nicolás Maduro incluso dijo que “estaba caminando, haciendo ejercicios”. ?Días después Maduro informó de “nuevas complicaciones”. El 2 de enero, en una entrevista a TeleSUR, dijo que el postoperatorio había sido complejo y que le había dado la mano. “Me apretó con una fuerza gigantesca mientras hablábamos”. Ahora el gobierno informó que el comandante presidente tenía una insuficiencia respiratoria por una "severa infección pulmonar".

Así, a pesar de su abundancia, la imprecisa comunicación oficial solo ha logrado alimentar los rumores más extremos. El 31 de diciembre empezó una fuerte ola de suposiciones que no ha parado. Esa noche, mientras el gobierno le daba un homenaje al padre ausente de la revolución socialista bolivariana, las redes sociales se desbordaban de comentarios en el sentido de que el mandatario estaba en coma inducido o incluso sobre su inminente fallecimiento. Lo cierto es que nadie, excepto la familia y la cúpula de gobierno, sabe realmente cómo está el presidente.

Los vericuetos legales

Otra de las grandes preguntas que el gobierno no ha sabido contestar es si Chávez va a estar presente el día de su posesión el 10 de enero, lo cual ha generado un intenso debate político y jurídico en el país (ver recuadro). ?El artículo 231 de la Constitución bolivariana, impulsada por Chávez en 1999, indica que “El candidato elegido tomará posesión del cargo de presidente el 10 de enero mediante juramento ante la Asamblea Nacional. Si por cualquier motivo sobrevenido el presidente no pudiese tomar posesión ante la Asamblea Nacional, lo hará ante el Tribunal Supremo de Justicia”.

Para la coalición de oposición MUD (Mesa de Unidad Democrática), si Chávez no está presente, se tiene que declarar como mínimo una falta temporal y posiblemente una falta absoluta, lo que implica llamar a nuevas elecciones en los próximos 30 días. Entre tanto, asumiría de manera interina el poder el presidente de la Asamblea Nacional.

El legislativo está controlada por el chavismo y no está dispuesta todavía a enterrar a su jefe. El presidente del parlamento Diosdado Cabello dijo que “en la Constitución hay un punto que indica que si este no puede tomar posesión el 10 de enero por razones sobrevenidas se juramentará ante el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ). ¿Cuándo? No dice. ¿Dónde? No dice. Pero él seguirá siendo nuestro presidente”. El Tribunal, también dominado por el chavismo apoya esta interpretación. Cabello incluso advirtió en el mismo estilo incendiario de su comandante-presidente, que “el 10 de enero es un día como cualquiera. Si Chávez no está aquí será el TSJ. Esto lo vamos a defender rodilla en tierra, fusil al hombro y bayoneta calada”.

A esto se suma que hay una controversia sobre quién debe estar a cargo del país durante el periodo de incertidumbre. La oposición considera que le corresponde al presidente de la Asamblea Nacional y no al vicepresidente. Maduro, sin embargo, ha dejado saber que esa interpretación sería “un golpe de estado” y que quien tendría el sartén por el mango sería él y no Diosdado Cabello.

Intriga en Miraflores

Estos dos jerarcas, que lideran bloques chavistas en disputa, se reunieron en La Habana, junto al hermano del presidente y gobernador de Barinas, Adán Chávez y al yerno del presidente Jorge Arreaza, ministro de Tecnología para pactar bajo la atenta mirada de los Castro, unas reglas de juego para la transición. Aunque se trata de facciones rivales están de acuerdo en que la prioridad es garantizar la continuidad de la revolución bolivariana.

El enfrentamiento entre Maduro y Cabello es el tema obligado en Venezuela en estos días. Maduro, quien en la actualidad es canciller y vicepresidente, fue nombrado oficialmente por Chávez como su sucesor y es el candidato de los hermanos Castro. Este puede ser su talón de Aquiles pues hay un creciente rechazo a la influencia cubana en la vida diaria de los venezolanos.

La otra cara de este pulso es Diosdado Cabello, quien fue alumno del presidente en la Academia Militar y lo siguió en el fallido golpe de 1992. Fiel a Chávez, muchos suponen que con él Venezuela se alejaría de Cuba. El tercer hombre que estuvo un tiempo en la baraja es Elías Jaua, quien fue vicepresidente cuando se detectó el cáncer del presidente. Sin embargo, perdió muchos puntos como alternativa presidencial cuando fue derrotado recientemente en la elección de Gobernación del estratégico estado de Miranda por el candidato oposicionista Henrique Capriles.

Al cierre de esta edición, aún faltaba por resolverse el primer pulso entre Maduro y Cabello, que dará luces sobre qué tanto poder tienen las distintas facciones. El sábado la Asamblea Nacional debía elegir una nueva mesa directiva, en donde Diosdado Cabello esperaba ser reelegido como presidente de este órgano, pero en donde Maduro y su esposa también tienen notable influencia sobre los diputados. “Mañana vamos a ver una feroz democracia”, dijo Maduro, sobre lo que sería la sesión de la asamblea al día siguiente.

El factor militar

Otro de los grandes interrogantes que trasnocha a los venezolanos es lo que está pasando al interior de las Fuerzas Armadas. Como le dijo a esta revista la socióloga y analista Colette Capriles “la crisis está desnudando que esto es un sistema esencialmente militar”. Los militares controlan hoy todo lo que tiene que ver con la supervivencia de los venezolanos: los ministerios de la Alimentación, las Relaciones Interiores y de Justicia, lo que entra y sale por los puertos tanto marítimos como aéreos, el orden público y la seguridad, y 11 gobernaciones del país están hoy encabezadas por exmilitares.

Y el ministro de Defensa, el almirante Diego Molero ha dejado claro que las Fuerzas Armadas no están dispuestas a renunciar a ese poder. Advirtió que “ante una eventual ausencia de nuestro comandante en jefe la Fuerza Armada Nacional Bolivariana ya sabe qué hacer: estar completamente preparada en el sentido de continuar  ideológicamente el camino trazado desde hace 14 años por el líder de la Revolución Bolivariana”. Sin embargo, no es claro qué porcentaje de los militares estarían dispuestos a tomar acciones por fuera de la institucionalidad.

La zozobra regional

La incertidumbre en Venezuela, por el peso regional de Chávez, ha tenido inevitables repercusiones en el resto del continente. Si a principios de diciembre los presidentes de Latinoamérica asistieron a misas y llamaron a una pronta mejoría, ahora las cancillerías empiezan a mover cartas frente a la complicada situación que se vive en Venezuela.

Chávez tejió una sólida red regional con petróleo barato y apoyo político para los gobiernos amigos y lideró la construcción del Alba (Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua, Dominica, San Vicente y las Granadinas, Antigua y Barbuda y Venezuela). Y según dijo Henrique Capriles durante la campaña, Chávez gasta cada año 7.000 millones de dólares en convenios internacionales. Esta política no solo la rechazan los opositores, sino también los círculos más patrioteros del chavismo.

El posible fallecimiento de Chávez podría tener serias implicaciones en cuatro países. En Cuba, por el ascendiente que tienen sobre la revolución bolivariana y la dependencia de la isla del petróleo venezolano.

En Brasil, por el creciente papel de potencia continental que este gigante latinoamericano está jugando en la actualidad con un posicionamiento de izquierda moderada. A la presidenta Dilma Rousseff le preocupa que se rompa el orden institucional y que eso desestabilice toda la región.

Esa preocupación la comparte Washington, que como era de esperarse anhela una transición para Venezuela hacia un sistema democrático tradicional y menos antiyankee. Y por último Colombia, por el rol preponderante que ha tenido Hugo Chávez como facilitador en los diálogos entre las Farc y Santos en La Habana. Es difícil evaluar lo que significaría la desaparición del jefe de la revolución bolivariana. Por un lado es claro que quien lo reemplace tendría menos influencia en las Farc que la que él tiene. Y por otra parte, también es posible que el nuevo presidente sea menos tolerante con la presencia guerrillera en Venezuela de lo que ha sido Chávez.

La oposición no la tiene fácil

A pesar del humor negro que circula en redes sociales, en donde los detractores de Chávez agradecen la calidad de los médicos cubanos y lo dan ya por muerto, la gran mayoría de los sectores de oposición en Venezuela han optado por una actitud prudente y respetuosa ante la condición del presidente.

El 31 de diciembre la Alcaldía de Chacao en Caracas, que está en manos de la oposición, decidió cancelar las celebraciones de fin de año en la plaza de Altamira, por considerar que sería una falta de solidaridad y delicadeza. Incluso, el canal Globovisión, el medio opositor por excelencia, canceló la programación especial que tenía prevista para la San Silvestre.

Henrique Capriles, el contendor de Chávez durante las elecciones, y quien seguramente sería uno de los más fuertes aspirantes para enfrentarse a Nicolás Maduro si se convocan nuevos comicios, ha expresado su solidaridad por la enfermedad que enfrenta el presidente y dijo a través de su cuenta en Twitter que no iba a caer en descalificaciones. Pero el viernes en la noche, Capriles rompió su prudente silencio y atacó al vicepresidente.“Creo que Maduro no aguantaría muchos‘rounds’ en una contienda presidencial, no calza la responsabilidad que le dieron”.

La oposición, sin embargo, está en una situación difícil. Tras haber perdido las elecciones presidenciales y la mayoría de los estados en las regionales en diciembre, hay un desaliento que no han logrado superar y que ha desembocado en pujas internas. En medio de esta situación, lo peor que le puede pasar es tener que ir a elecciones dentro de 30 días, si Chávez muere o la Asamblea decreta su falta absoluta. Para comenzar, es poco probable que Capriles pueda convocar a la oposición en la forma unitaria como lo hizo en la pasada elección presidencial. La oposición está aún más dividida que el chavismo y en un mes sería casi imposible instaurar un proceso de primarias para elegir democráticamente a un candidato que tendría que enfrentarse a la hiperactiva maquinaria del gobierno.

Por otro lado, la enfermedad de Chávez ha despertado un sentimiento de fervor y solidaridad contra el cual es muy difícil competir. A esto se suma que como los tres poderes están controlados por el chavismo la Constitución se manejará como plastina moldeable para promover los intereses del régimen actual.

Gran parte del suspenso sobre el futuro de Venezuela debería definirse esta semana teniendo en cuenta que la fecha clave es el 10 de enero, día de la posesión presidencial. Sin embargo, ante la falta de institucionalidad que ha vivido el país vecino durante los 14 años del caudillismo chavista es muy poco probable que esto suceda.

En la medida en que ese país se ha alejado de los parámetros democráticos la sucesión del poder adquiere visos de lo que era la antigua ‘kremlinología’ en la era comunista de la Unión Soviética. Nadie sabía en el fondo lo que pasaba por dentro. Todo lo que se podía hacer era tratar de leer entre líneas para ver hacia donde se iban moviendo las cosas. Esto es lo que está sucediendo en una semana que será clave no solo para Caracas sino para el resto del continente.

Lo que dice la Constitución

La Constitución Venezolana expresa en sus artículos 233 y 234 lo que se considera una falta absoluta o temporal y lo que habría que hacer en cada caso.

Una falta absoluta es cuando el presidente muere, renuncia, abandona el cargo, su mandato es revocado o es destituido. También se puede decretar por incapacidad física o mental permanente, que debe ser certificada por una junta médica designada por el Tribunal Supremo de Justicia y con aprobación de la Asamblea Nacional.

Si se declara la falta absoluta antes de que tome posesión, deben ser convocadas nuevas elecciones dentro de los 30 días consecutivos siguientes, y mientras tanto asume como encargado el presidente de la Asamblea Nacional.

Si se declara la falta absoluta después de que tome posesión y en los primeros cuatro años del periodo presidencial, deben ser convocadas nuevas elecciones dentro de los treinta días consecutivos siguientes, y mientras tanto asume como encargado el vicepresidente ejecutivo, Nicolás Maduro.

Una falta temporal, para un presidente en ejercicio, es permitida hasta por 90 días, y es prorrogable por decisión de la Asamblea Nacional hasta por 90 días más. Mientras tanto quien asume el cargo es el vicepresidente ejecutivo. Si la falta se prolonga por más de 90 días consecutivos, la Asamblea debe decidir por mayoría si se considera una falta absoluta.

¿Quién es quien?

Nicolás Maduro y Diosdado Cabello son los dos hombres fuertes del chavismo. Aunque declaran estar “más unidos y hermanados que nunca”, muchos suponen que están en un fuerte pulso por el poder ante una posible sucesión. Estos son sus perfiles. 

• Pocas horas antes de viajar a Cuba, Chávez ungió a Nicolas Maduro como su sucesor, quien fue conductor del metrobús de Caracas y desde joven militó en grupos socialistas maoístas. Ha sido muy leal a Chávez y era de los que iban a la cárcel de Yare a visitarlo después de su fracasado golpe de Estado de 1992. Fue una de las primeras personas que lo acompañó en su conquista del poder. Estuvo en la Asamblea Nacional Constituyente de 1999, presidió la Asamblea Nacional, dirigió el Psuv y ahora acumula los puestos de canciller y vicepresidente. Está casado con la exdiputada y actual procuradora de la Nación, Cilia Flores.

Devoto de Sai Baba, Maduro es descrito por muchos como un mediador nato, conciliador, abierto y pragmático. Pero ahora, por encima de sus cualidades personales, su principal carta es que es el hombre de los Castro. Según le dijo a SEMANA Alberto Barrera, es claro que los cubanos están detrás del posicionamiento de Maduro como sucesor de Chávez.

Diosdado Cabello fue alumno del presidente en la Academia Militar y lo siguió en el fallido golpe de 1992. Cuando Chávez se impuso en las urnas, lo nombró ministro y después vicepresidente. Como segundo de Chávez le tocó asumir el poder unas horas en abril de 2002, cuando varios oficiales trataron de derrocar al presidente. Después ganó la Gobernación del estratégico estado de Miranda. Desde entonces lo acusan de haber desviado recursos públicos pero nunca lo investigaron y siguió encumbrado en los más altos puestos del gobierno. En 2010 llegó a la Asamblea Nacional, donde desde hace un año es presidente. No es un secreto en Venezuela que Cabello no es de la línea dura de la revolución, pero su pasado militar y su poder dentro del Psuv lo han vuelto clave.

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