12/01/2013

La dieta del Óscar

CINEHay actores tan comprometidos con sus papeles que, para darles mayor realismo, se someten a transformaciones físicas extremas. Muchas veces la recompensa es un premio de la Academia.

“Debo aceptar que era algo demente”, dice Anne Hathaway sobre su dramática pérdida de peso para el papel de Fantine en la película Los Miserables. “Algo demente” es poco. La ya delgada intérprete se obsesionó con la idea de que su personaje, una prostituta con tuberculosis, debía parecer enferma, así que rebajó casi 12 kilos. Su caso no es el único y mucho menos el más extremo. Aunque algunos expertos advierten los daños a largo plazo que supone recurrir a medidas tan exageradas, eso parece tener a los artistas sin cuidado.

La razón es que para ellos tal vez lo más importante no es lo que opinen los nutricionistas. Se trata de una tendencia ?inaugurada hace más de 20 años por Robert de Niro en su legendario papel de boxeador en Toro Salvaje. Rebajar hasta quedar en los huesos o aumentar seis tallas es visto por la crítica como sacrificios dignos de reconocimiento, tanto, que en los últimos diez años cinco de los ganadores del Óscar los han recibido, al menos, en parte, por eso. La propia Hathaway ya se llevó varios galardones por Fantine y este año está compitiendo por un Globo de Oro, un SAG, un Bafta y un Óscar a Mejor Actriz de Reparto.

La estadounidense ya había bajado de peso para Batman: el caballero de la noche asciende con diez meses de entrenamiento en artes marciales y un estricto régimen vegano. Pero para Fantine tuvo que quitarse varios kilos más. Cuando David Letterman le preguntó cómo lo hizo, le contestó: “No quieres saberlo. Te preocuparía”. En efecto, los tabloides se alarmaron y algunos sugirieron que estaba consumiendo menos de 500 calorías diarias cuando lo normal son 2.000. En su momento, sus representantes desmintieron la cifra, pero la realidad no estaba muy lejana: subsistió a punta de dos barras de avena y unos batidos de proteína durante 15 días.

Otro que está dando de qué hablar en este tema es Matthew McConaughey. El tejano, conocido por atlético y musculoso, perdió 17 kilos para interpretar a un paciente con sida en la película Dallas Buyers Club. La cinta aún no se ha estrenado y no se conoce siquiera una escena, pero igual que con Hathaway, su cambio extremo ya empezó a generar rumores de que será candidato a los premios de la Academia del próximo año.

McConaughey ahora se ve moribundo y con unos 15 años más de los 43 que tiene. Sin embargo, el actor asegura que come bien y que bajó peso, sobre todo, haciendo ejercicio. Además, como casi todos los que se someten a cambios físicos tan rápidos, cuenta con un equipo de médicos que se aseguran de que su cuerpo no sufra daños irreversibles. Por ahora, el actor sueña con una hamburguesa con queso, pero tal vez su cuerpo tarde en volver a asimilarla. Aun así, hay otros que la podrán aprovechar para llegar al peso ideal que requieren sus roles.

Unos suben...

La Academia no solo reconoce a quienes se encogen sino a quienes se deforman. La modelo y actriz surafricana Charlize Theron cambió su belleza para interpretar a Aileen Wuornos, una prostituta y asesina en serie. Para darle vida al personaje de Monster, fuera de largas horas en la silla de maquillaje, Theron recurrió a la comida chatarra y aumentó casi 14 kilos. Sin embargo, no solo podía comer todo lo que se le pasara por el frente, pues para ella “no se trataba de engordar, sino de mostrar las consecuencias del estilo de vida de Aileen para sentirme más cerca de ella”. La compenetración de la actriz con su personaje le mereció en 2004 el Óscar a Mejor Actriz.

Renee Zellweger había tratado de lograr la misma hazaña a punta de 20 donas diaria en 2002 con su personaje en El diario de Bridget Jones, pero no se llevó la estatuilla. Lo que es más impresionante aún es que luego de perder los diez kilos que aumentó, en 2004 volvió a engordar para la segunda parte de la cinta. En esa ocasión no fue nominada. Tal vez por eso ya no quiere ni oír hablar de subir de peso para una tercera parte.

...Y otros bajan

Uno de los casos más emblemáticos es el del británico Christian Bale. Saltó a la fama cuando perdió 30 kilos en cuatro meses para interpretar a un maníaco insomne en El maquinista. El actor dice que lo logró comiendo solo una manzana y una taza de café al día, pero acepta que fue una irresponsabilidad. Por eso para su papel en El luchador, en vez de aguantar hambre, se dedicó a hacer mucho ejercicio. Todas esas horas de trote le ayudaron para conseguir el Óscar a Mejor Actor de Reparto en 2011.

Ese mismo año Natalie Portman ganó un premio de la Academia a Mejor Actriz con su interpretación de la afligida Nina Sayers en El cisne negro. La actriz rebajó diez kilos y entrenó durante meses para adoptar la figura de una bailarina profesional, hasta que estuvo tan delgada y demacrada que el director de la cinta, Darren Aronofsky, la obligó a empezar a comer de nuevo.

Todo esto demuestra que la audiencia es cada vez más exigente con los actores. No basta con que un doble haga las acrobacias, que dependan del maquillaje o que solo muevan los labios cuando cantan. Para ser una verdadera estrella en Hollywood no solo hay que parecer, hay que ser.

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