23/02/2013

Paul Watson es el 'terrorista' de los mares

ACTIVISMOTemerario, agresivo, apasionado y dispuesto a morir por la causa, Paul Watson parece el hombre ideal para liderar la cruzada contra la caza ilegal de ballenas.

Cuando el océano Antártico fue declarado área protegida y refugio de las criaturas marinas, las asociaciones defensoras del medio ambiente estallaron en júbilo. Sin embargo, la industria pesquera no se rindió y hoy, debido a que no hay quién haga cumplir la ley en esas aguas, sigue cazando ballenas. Muchos se indignaron, algunos salieron a las calles a protestar, pero nadie se encargó del asunto como lo hizo el canadiense Paul Watson. Con Sea Shepherd Conservation Society, la organización que fundó, se dedica a perseguir buques balleneros y a interrumpir sus actividades, así sea por la fuerza. A él no le importa que lo acusen de violento ni que lo llamen ‘ecoterrorista’, lo que le interesa es que nadie ose incumplir la norma. Y  lo está logrando. 

En los últimos años el símbolo de su esfuerzo ha sido su lucha permanente contra el Nisshin Maru. Convencido de que la ley está de su lado, ha perseguido a este ballenero durante nueve años, pero debido a su gran tamaño no ha sido sencillo acabar con él. Además, los japoneses alegan que cazan por razones científicas y también creen que las normas los favorecen. Por algo lograron una caución contra el Sea Shepherd en Estados Unidos y esperan que el ‘ecoterrorista’ no se vuelva a acercar a ellos. Cuando la corte emitió la orden, Watson renunció a la filial de su organización en Estados Unidos, pero continúa dirigiendo las de los demás países.

De ese modo ha logrado que las dos últimas temporadas de caza hayan sido desastrosas para el barco japonés. El año pasado solo logró capturar el 26 por ciento de lo presupuestado y el anterior, un escaso 17. Este año dirigió a sus compañeros en Australia en la Operación Cero Tolerancia. La semana pasada alcanzaron al Nisshin Maru, bloquearon la rampa por la que suben las ballenas capturadas y, por ahora, lograron anular la actividad del buque.

Los riesgos que corre la tripulación de Sea Shepherd cuando se enfrenta a los grandes y sofisticados barcos balleneros van desde quedar a la deriva en el Antártico hasta ser alcanzada por un arpón. Sin embargo, todos los miembros, en su mayoría voluntarios que quieren proteger las especies marinas, son tan arriesgados como su capitán y están dispuestos a morir por su causa. “Yo no podría pagarle a nadie para que hiciera lo que hacen ellos por convicción. Esa pasión nos motiva y nos diferencia de las demás organizaciones”, dijo Watson a SEMANA. Pero no solo eso los hace distintos, sino sus métodos, calificados por muchos como extremos y que rayan en la ilegalidad. 

No siempre fue así. El canadiense empezó su activismo con la organización Greenpeace, que según él, ayudó a fundar. Participó en protestas durante años hasta que un día, para impedir que mataran a unas ballenas, se atravesó entre los tripulantes armados y los cetáceos. Por supuesto, los animales murieron, pero ahí supo que no podía seguir siendo un personaje pasivo ante el peligro de extinción de esas criaturas. “Me di cuenta de que no había un grupo que realmente tomara cartas en el asunto, así que fundé Sea Shepherd”, cuenta. Desde entonces, ya no simplemente aparece con pancartas frente a los barcos pesqueros, sino que los ataca.

Greenpeace, que dice mantener una política no violenta, no soportó los excesos y lo vetó. Incluso hoy sus directivas niegan que Watson haya fundado la organización y aseguran que simplemente fue uno de sus primeros afiliados. El canadiense continuó con su propia sociedad, que pronto se convirtió en uno de los grupos ambientalistas más radicales. Ninguno de sus miembros se avergüenza de haber hundido, embestido o dañado embarcaciones dedicadas a la caza de ballenas. “Esos eran buques que cazaban ilegalmente. Algunos ni siquiera podían atracar en un puerto porque ningún país los recibía”, dice Watson con seguridad. 

Por eso exhibe orgulloso en las camisetas que usan los miembros de Sea Shepherd la lista de 11 balleneros que se han hundido por su causa. A veces les arrojan bombas de olor, que no solo causan mareo sino que dejan la cubierta del barco resbalosa para que los tripulantes no puedan trabajar. Otras, les lanzan sogas para trabar los motores del barco e incluso se estrellan a toda velocidad contra los balleneros para dañar su casco. Si bien los japoneses lo acusan de terrorista, pues sus ataques pueden resultar en heridas graves o la muerte, él se defiende y los acusa de lo mismo. “Los terroristas son ellos por destruir el medio ambiente”, afirma. 

La orden judicial de no acercarse al Nisshin Maru no es el único problema legal que ha enfrentado en los más de 30 años que lleva protegiendo los mares. En 2002 atacó a un barco de Costa Rica que cazaba tiburones en Guatemala, por lo que las autoridades alemanas lo detuvieron en Europa para que respondiera por haber puesto en peligro a la tripulación centroamericana. Sin embargo, huyó y el año pasado la Interpol emitió una circular roja en su contra. El capitán también ha sido demandado varias veces, incluso por sus propios colaboradores. Ady Gil, por ejemplo, insiste en que el activista hundió su barco a propósito y culpó a los japoneses para generar un mayor impacto mediático. 

Aunque sus métodos le han granjeado muchos enemigos, el poder de convocatoria y la lealtad que Watson ha atraído a su causa sobrepasa cualquier dificultad. Cuando lo detuvieron en Alemania por el lío con el barco costarricense, decenas de manifestantes le demostraron su apoyo. Vestían camisetas de Sea Shepherd, llevaban pancartas que mostraban la crueldad con la que mueren los tiburones y afiches que decían “Salven a Paul Watson”. Cada vez que el canadiense aparece en público, congrega a cientos que terminan apoyando la cruzada ya sea con donaciones o uniéndose a la tripulación, así jamás hayan navegado. Su acogida es tal que desde hace unos años es el protagonista del programa de televisión “Whale Wars” en el que muestra los arriesgados viajes que hace para perseguir a los buques. 

Watson es imparable. Ni el poder de la industria ballenera japonesa, ni la orden de la Interpol ni las demandas de sus enemigos le han hecho bajar la guardia. Es más, cada vez persigue su objetivo con más ímpetu y todos los días crece el ejército que lo acompaña. Él solo habrá ganado la batalla cuando los hombres dejen de lado sus “prácticas barbáricas” y empiecen a respetar los mares, pues, según él, “si los océanos no sobreviven, nosotros tampoco”. Entre tanto, seguirá activo con su labor como el defensor de las criaturas marinas. Como él mismo reconoce: “No deberíamos andar en estas, pero lo hacemos porque los gobiernos no se preocupan”.

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