01/03/2002

La comandante

Por:

PerfilDorian Yaneth Ospina Ramírez, la piloto que aterrizó en una carretera el avión secuestrado de Aires, es una heroína sensible, trabajadora y de carácter.

Lloro. Sus ojos grandes, castaños oscuros, se humedecieron en la soledad de su cuarto y se echó a llorar sin consuelo. Lloró de rabia y de impotencia. Por su cerebro pasaba, una y otra vez, la imagen del senador Jorge Eduardo Gechem Turbay llevado por un grupo de guerrilleros. Ella y sus compañeros de tripulación y los 25 pasajeros restantes entre tanto se quedaban allí abandonados, con el corazón aún palpitando aceleradamente, libres, sanos y salvos, pero sin poder hacer nada ante un secuestro que cambiaría la historia del país para siempre. La piloto Dorian Yaneth Ospina Ramírez en ese momento se mantuvo firme y decidida. “¿Los demás están bien?, ¿alguien está herido?”, preguntaba mientras miraba la nave, el De Havilland Dash-8 de fabricación canadiense y de matrícula HK-3951, perteneciente a la empresa Aires, ocupando todo el ancho de la carretera que une a Hobo con Neiva (Huila). “Sí, estamos bien”, respondieron.

Todos, con excepción del senador Gechem Turbay, estaban intactos gracias a la sangre fría de esta piloto caleña que había aterrizado impecablemente la nave en un improvisado recorrido de 400 metros de carretera cuando normalmente se requieren 1.200 de pista óptima. Haber puesto allí la nave sin que ninguno de sus pasajeros sufriera un rasguño es meritorio. Pero haberlo hecho bajo la amenaza de un guerrillero que apuntaba su revólver y con el anuncio de que todo tenía que ser velozmente porque en 15 minutos explotaría una bomba es de por sí una hazaña.

Acción que, según ella, no es un acto de heroísmo sino sencillamente una prueba más de la capacidad de la mujer colombiana. “Aunque todavía hay algunos estereotipos sobre las debilidades de la mujer colombiana, yo me siento muy orgullosa de mi condición femenina. Soy decidida, trabajadora, aguerrida, es decir, soy la típica mujer colombiana. Aquella que ha aprendido a vencer cualquier obstáculo”.

Esas virtudes le permitieron a esta mujer superar con éxito la jornada más difícil de sus 15 años de trayectoria profesional, en los cuales ha acumulado 10.500 horas de vuelo. Durante este tiempo ha tenido otros momentos especiales aunque con emociones muy diferentes. Como aquel día de marzo de 1998 cuando hizo su primer vuelo como comandante en este mismo tipo de avión, que después se convertiría en noticia mundial. Un hecho emocionante por las dimensiones de esta nave con capacidad para 50 personas.

Casada desde hace 15 años, amante de la música de Alejandro Sanz, buena bailarina, enamorada incondicional de Cali, esta mujer tiene aún en la memoria el olor de los guayacanes y cauchos que fueron podados a la fuerza para que la nave se posara en tierra sin que sus alas se rompieran. Esa fragancia ni su acto los evoca con admiración sino como una prueba más de su trabajo. Y a veces, como le ocurrió dos días después de aquel martes 20 de febrero, con profundo dolor. Porque si bien durante esa jornada ella tuvo la fortaleza para hacer el aterrizaje de su vida y luego conservar aún fuerzas para preguntar sí todos estaban bien y hasta el día siguiente mostrarse firme y decidida ante las cámaras de televisión, ya en la soledad de su cuarto pensó en el destino del senador Gechem Turbay y se echó a llorar.

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