Sábado, 20 de septiembre de 2014

| 2005/01/21 00:00

Biodiversidad, el uso y el abuso

La biodiversidad será una ventaja en el mercado mundial para Colombia; por eso, con el TLC el país busca maneras para protegerla de la biopiratería y aprovecharla.

Los negociadores colombianos consideran posible establecer medidas contra la biopiratería y promover la transferencia de tecnología biológica.

El manejo de los recursos biológicos será determinante en el futuro. Ya en la edición del 8 de junio de 2001, Dinero anunciaba el arrollador impacto de la biotecnología en los sistemas productivos, en especial en los sectores agrícola y farmacéutico. Pero el impacto no es exclusivo de estos sectores; se está dando una verdadera transformación tecnológica, una revolución industrial que impactará transversalmente a todos los sectores de la economía.

Por eso, Colombia, Perú y Ecuador están dándole un papel importante a la biodiversidad en la negociación de su Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos. Hernando José Gómez, jefe del equipo negociador colombiano, ha manifestado que "la biodiversidad es nuestra gran prioridad". Desde las rondas iniciales, Colombia entregó propuestas escritas en materia de biodiversidad en la mesa de negociación. Esto es ambicioso, pues el tema nunca ha sido incluido por Estados Unidos en un tratado bilateral.

No sorprende que hasta el momento, a pesar de la insistencia de los andinos, los estadounidenses no hayan hecho una contrapropuesta. El tema es difícil para ellos; por una parte, Estados Unidos no ha ratificado el Convenio de Diversidad Biológica (CDB), que es la instancia multilateral más apropiada para negociar el tema. Por otra, hay complicaciones técnicas para que Estados Unidos establezca una posición. Por ejemplo, con respecto a la biopiratería (ver recuadro), se presentan inconvenientes para determinar una manera para rastrear el origen de los recursos biológicos detrás de la invención; definir cómo y con quién se distribuyen los beneficios de una invención basada en un conocimiento tradicional; y establecer el tipo de recursos a los que se refieren los principios, por ejemplo genéticos, biológicos, o si son plantas, animales, microorganismos, semillas, células, etc. Además de lo anterior, el poder de los sectores involucrados, en especial el farmacéutico y el agrícola, hacen difícil para los estadounidenses sentar una posición.

A pesar de estas complicaciones, los negociadores colombianos consideran posible establecer medidas contra la biopiratería y promover la transferencia de tecnología. Si se logra, esto sentaría un precedente para posteriores negociaciones internacionales. El interés principal es que se reconozca la importancia de la biodiversidad; esto sería la base para lograr metas ambiciosas, como, por una parte, establecer mecanismos de prevención y castigo a la biopiratería y, por otra, fomentar la transferencia de biotecnología.

En cuanto a la primera, la biopiratería, los conflictos internacionales han ido en aumento. De ahí el creciente interés en las negociaciones. Las empresas de investigación tienen necesidad de usar la biodiversidad y el conocimiento tradicional de los pobladores de las zonas más biodiversas. La variedad es entonces un activo invaluable, que a Colombia le interesa defender asiduamente.

Para Fernando Casas, negociador internacional e investigador en el Instituto Alexander von Humboldt, en el TLC es importante proteger el marco que se ha defendido junto a países megadiversos como China, India, México y Brasil para garantizar la soberanía sobre la diversidad biológica; "hay cosas que conviene más negociar multilateralmente", explica, "y este caso es el de la biodiversidad y el conocimiento tradicional". En este tipo de tratados queda establecida la soberanía y la propiedad de cada país sobre su diversidad biológica.

Además de esto, Colombia está buscando mecanismos concretos para combatir la biopiratería en el TLC. Para ponerle un verdadero freno a este delito, se necesitarían cambios en la legislación estadounidense de propiedad intelectual y sería iluso pensar que esto se negocie en el TLC. Sin embargo, sí hay elementos contra este crimen que se están poniendo en la mesa de negociaciones. Por ejemplo, que los examinadores de solicitudes de patentes tengan en cuenta la información proporcionada por los países sobre el origen de los insumos biológicos y los conocimientos tradicionales usados en la invención. Esto daría mayor transparencia a los sistemas de registro propiedad intelectual en Estados Unidos, y más tranquilidad a los países andinos.

En segundo lugar, en cuanto al aprovechamiento de nuestra biodiversidad, Colombia también tiene oportunidades en el tratado. Según Felipe García, subdirector de programas de desarrollo científico y tecnológico de Colciencias, y miembro del equipo negociador, "se buscará que haya cooperación entre grupos de investigación, institutos, y empresas biotecnológicas, respetando la legislación que hay para esto en Colombia. También por medio de agencias de cooperación puede haber proyectos conjuntos y movilidad de investigadores".

Además, según García, se está buscando que el TLC establezca un marco para la transferencia de tecnología. Desde esta perspectiva, la negociación en materia de biodiversidad colombiana puede ser una ventaja en el comercio internacional, y no solamente algo que los extranjeros vienen a saquear.

Aunque el TLC no es sustituto de una política interna coherente en materia de biodiversidad, si se logra negociar bien, puede ser una ayuda para protegerla y aprovecharla. Si no, Colombia puede terminar pagándole a Estados Unidos derechos de propiedad sobre lo que alguna vez fue suyo.

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