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| 4/25/2004 12:00:00 AM

Entrevista de la Revista Semana con Sara Laschever, autora junto con Linda Babcock del libro Women Don`t Ask

SEMANA: ¿Por qué se ven tan pocas mujeres en la cima de las empresas si hay igualdad de oportunidades?

Sara Laschever: Primero que todo no creo que haya igualdad de oportunidades. Las mujeres sí reciben la mitad de los diplomas universitarios y más de la mitad de los de maestrías (al menos en los Estados Unidos ) pero eso no se traduce en igualdad de oportunidades en el sitio de trabajo.

Los estudios muestran que:

1. Aún los gerentes que piensan que no tienen ningún prejuicio contra las mujeres en el sitio de trabajo cuando tienen en sus manos dos productos de idéntica calidad , uno hecho por un hombre y el otro por una mujer, van a devaluar el trabajo de la mujer solo porque es del sexo femenino.

2. A la gente no le gusta las mujeres agresivas -tanto hombres como mujeres responden en forma negativa a las mujeres que ellos perciben como muy agresivas. De modo que las mujeres que emplean las mismas tácticas del hombre para avanzar profesionalmente con frecuencia no progresan tanto. La percepción de que ellas son muy agresivas resulta en el hecho de que son excluidas de los proyectos importantes, de las redes profesionales, y son limitadas en sus esfuerzos por ascender.

3. La gente asume inconscientemente ideas sobre las mujeres en el sitio de trabajo que las pueden detener para avanzar. Por ejemplo, los gerentes con frecuencia asumen cosas como "a las mujeres no les gusta viajar" o "las mujeres no se sienten a gusto en los ambientes de manufactura". En los negocios que requieren de muchos viajes o que tienen muchos clientes , esas creencias pueden ser grandes impedimentos para las mujeres.

SEMANA: Sentir que es inapropiado negociar de la misma manera en que los hombres lo hacen , ¿es eso un obstáculo para obtener el puesto más alto en la compañía?

S.L.: Nuestro libro no habla tanto sobre cómo los estilos de negociación de las mujeres se diferencian de los de los hombres (aunque lo discutimos). Nuestro punto central en el libro es que la cultura occidental socializa a las mujeres para no pedir lo que quieren sino para enfocarse en las necesidades de otros (sus jefes, su familia, sus amigos). Esto significa que no negocian tan frecuente como los hombres. La baja iniciativa de las mujeres para pedir un ascenso, para solicitar los trabajos que quiere, para exigir visibilidad, o la oportunidad de trabajar con gente de quien puedan aprender o que puede promover su carrera detiene en forma significativa su progreso en la escalera corporativa.

No es una falla de las mujeres. Es un problema cultural que penaliza a las mujeres y resulta en que acumulan muchos menos recursos durante su vida que los hombres y en el hecho de que casi nunca llegan a posiciones de igual poder y responsabilidad a las que ellos llegan.

Los negocios que no reconocen este fenómeno y ni discuten ( no promueven una cultura de negocios más receptiva a las mujeres que lo demandan y no les dan oportunidades de preguntar lo que necesitan en sus trabajo así como hacia dónde quieren llegar profesionalmente) también sufren. Sufren porque no están usando totalmente los talentos de una mujer que trabaja para ellos. No usar el capital principal de una empresa (el recurso humano) es hacer una mala gerencia y esto puede limitar la productividad.
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