Barú: el Punta Cana que no fue

Barú: el Punta Cana que no fue Foto: spanishincolombia.gov.co

La Corte Constitucional frenó temporalmente la construcción de un megaproyecto hotelero en el vecino paradisíaco de Cartagena. Estas fueron las razones.

Durante décadas, grandes empresarios colombianos quisieron convertir a Barú, esa paradisíaca isla vecina de Cartagena, en una especie de Punta Cana colombiano. En el lugar, se planeaba la construcción de un complejo turístico de más de mil viviendas, dos hoteles, un centro comercial y un gran campo de golf. Pero como a muchos de los mega proyectos del país, la Corte Constitucional terminó definiéndole su destino.

En un fallo, el Alto Tribunal dejó e firme una tutela que obliga a los propietarios de esos predios a reconocer los asentamientos de 800 miembros de comunidades e incluso a varios extranjeros.

El proyecto está en cabeza de la empresa Playa Blanca Barú, que tiene tres socios: 1) la Nación –a través del Fondo Financiero de Proyectos de Desarrollo (Fonade)–. 2) Valorem, sociedad del Grupo Santo Domingo y 3) Inmobiliaria Barú, de propiedad de Gabriel Echavarría, miembro de la familia propietaria de la Organización Corona.

La tutela obliga a que esas comunidades sean reconocidas como un consejo comunitario y se ordene a la empresa Playa Blanca Barú realizar consulta previa con ellos. El alto tribunal le dio un plazo al ministerio del Interior para adelantarla.

El fallo reconoce la necesidad de proteger las comunidades afrodescendientes que viven en Barú, pero asegura también que esto no implica que se deban permitir los asentamientos ilegales en las playas de quienes no son parte de la comunidad.

“Las autoridades públicas están plenamente habilitadas para ejercer las acciones a que haya lugar, cuando se demuestre de forma fehaciente que se ha infringido el orden jurídico en el área de Playa Blanca”, dice la sentencia.

La revista Dinero recogió en una de sus portadas la historia detrás de este ambicioso proyecto en uno de los lugares más espectaculares del país.

“Hace más de 50 años, Pablo Obregón –cuñado de Julio Mario Santo Domingo– visualizó este proyecto. Empezó a adquirir predios en esa zona y convocó a prominentes hombres de negocios del país para desarrollar la obra. Llegaron Hernán y Norman Echavarría –padre y tío de Gabriel Echavarría–, Pepino Mogollón –un empresario soñador de Cartagena–, la familia Santo Domingo, el arquitecto Rafael Obregón y Miguel de Germán Ribón, entre muchos otros.

Tanto los Echavarría como los Santo Domingo construyeron algunas de sus casas de descanso en la zona y empezaron a ver la alternativa de levantar un gran proyecto turístico.

Sin embargo, el Gobierno inició un proceso para que le vendieran parte de los terrenos de Playa Blanca. La entonces Corporación Nacional de Turismo (CNT) insistió e, incluso, en los gobiernos de Carlos Lleras Restrepo y Misael Pastrana se planteó la posibilidad de expropiar los terrenos.

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