Así se enseña la paz en el país

Educación

El encuentro CaPaz para la Paz dejó claro que para acabar la violencia el país necesita competencias blandas, reconfigurar las relaciones sociales y poner a la paz en el primer lugar de la agenda.
Por: Semana.com26/09/2017 07:00:00

La clave para lograr la paz está en la educación. Esa fue una de las conclusiones que dejó el encuentro Capaz para la Paz, que tuvo lugar este lunes 25 de septiembre en el Hotel Tequendama, en Bogotá. Educadores, líderes sociales y administrativos hablaron sobre la mejor manera de garantizar las habilidades que requerirá una Colombia en paz.

De 7:15 a 18:00, los asistentes al evento, organizado por  la Oficina del Alto Comisionado para la Paz (OACP), dialogaron y compartieron ideas sobre cómo formar a los colombianos en las capacidades necesarias para consolidar una sociedad pacífica, el eje central de la jornada.

El encuentro lo inauguró el alto comisionado para la Paz, Rodrigo Rivera, quien señaló que “la reconciliación se hace evidente desde distintos ámbitos. No es exclusiva de víctimas y victimarios. Es de todo el país. Nos concierne a todos los colombianos”.

CaPaz para la Paz empezó la mañana con los testimonios de cuatro educadores. Vera Grave, directora del Observatorio para la Paz; Campo Elías de la Cruz, coordinador del programa de educación superior en Etnoeducación en Putumayo; Carlos Arturo Charria, asesor del Instituto para Sordos, y Julián de Zubiría, director del Instituto Merani, compartieron su experiencias como educadores de las capacidades necesarias para la paz, las cuales resumió María Prada, asesora pedagógica de la OACP, como aquellas relacionadas con los contenidos del Acuerdo, la gestión territorial y la convivencia entre individuos e instituciones.

Por la tarde, hubo cuatro paneles donde los expertos compartieron “pautas y principios orientadores en pedagogías y educación para la paz desde buenas prácticas nacionales” y discutieron “cómo formar capacidades al interior de las entidades públicas”, “cómo formar en capacidades para la paz en los diferentes niveles de educación” y “cuál es el valor agregado del trabajo en alianzas y en red cuando se trata de la educación para la paz”.

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Estos dejaron diferentes enseñanzas, desde la importancia de escuchar los testimonios de las regiones hasta la necesidad de recuperar la confianza en la sociedad colombiana.

Rescatar las experiencias de perdón y paz
“Necesitamos diálogo. Debemos pensar cómo reposicionamos casos de perdón en el aula”, dijo Carlos Charria. La semana pasada, el país se indignó por el caso de Fabio Vinasco, el profesor a quien acusaron de guerrillero por llevar una cachucha con una estrella roja en un avión. Solo unos días después, la Farc protagonizó un acto de perdón público en Granada, Antioquia, un municipio donde condujeron varias tomas armadas. Pero esa noticia pasó relativamente desapercibida en relación con la de Vinasco., como señaló Charria en su conferencia.

Y es que los relatos de perdón y reconciliación no han tenido tanta importancia mediática como los de confrontación social. De ahí la importancia de recoger las experiencias positivas, replicables. “Si las experiencias producen cambios en la sociedad hay que apoyarlas para construir reflexiones alrededor de ellas”, señaló Óscar Sánchez, coordinador de Educapaz.

Por eso mismo “es una responsabilidad social de los medios contar esas historias”, agregó Francis Rodrigo Otero, ganador del Premio Compartir 2017 a Mejor Rector, “para que la paz se vuelva una política de estado y esté, no en la agenda de un gobierno, sino en la agenda cultural de todo un país”.

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Confiar en el otro
Para Julián de Zubiría, “hay que dar papaya”. Y es que, para el pedagogo, el popular adagio colombiano de no dar papaya denota la desconfianza que tienen los colombianos de los mismos colombianos. Esa desconfianza, en opinión de Zubiría, es lo que nos impide lograr una cultura pacífica y cooperativa. “En Colombia existe la cultura del atajo. Por eso hay que fortalecer la confianza con los demás. No debemos suponer que los demás son malos”, agregó.

En palabras de Paula Gaviria, alta consejera de Derechos Humanos, “el conflicto dejó una profunda desconfianza, en especial con el Estado. Ese es un costo enorme del conflicto. Eso afecta las alianzas interinstitucionales que son muy necesarias para trabajar de la mano de las comunidades”.

Esto lleva a una situación paradójica donde hay poca confianza para que las comunidades que más sufrieron del conflicto administren sus propios recursos. Incluso, muchas personas ya ni siquiera les cree a las ONGs, porque unas cuantas se involucraron en casos de corrupción, como señaló Vera Grave. Sin embargo, hay que confiar en las comunidades para que puedan trabajar por su cuenta, pues ellas son las encargadas de desarrollar su propio proceso de consolidación de la paz, dijo Horacio Álvarez, especialista senior en educación del Banco Interamericano de Desarrollo.

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Escuchar a las regiones
En este sentido, escuchar lo que tienen que decir quienes vivieron más de cerca el conflicto es fundamental. Muchas regiones han sufrido una estigmatización social. “Uno piensa que como estuvieron en guerra, no son capaces de desarrollarse. Pero no, ellos han tenido su propio proceso de desarrollo y tienen otras capacidades. Nos falta aprender a identificar qué fue lo que nos dejó esta guerra”, señaló Camila Gómez, subdirectora de Fomento del Ministerio de Educación Nacional.

“Esa resiliencia que se desarrolló en las comunidades fue un fruto no deseado de la guerra. Esa persona que se batió con todo para salir adelante tiene las capacidades de hacer muchas cosas por su cuenta”, concluyó Gómez.

Encontrar una justificación para no olvidar
“Cada generación necesita su justificación para no olvidar”, dijo Tatjana Louis, profesora de la Universidad de Los Andes especialista en historia de la posguerra de Alemania. En el país teutón, la memoria ha sido un factor fundamental para la no repetición. Pero no solo para eso; el holocausto se ha convertido en una suerte de mito fundacional negativo, en el que se construyó la identidad alemana alrededor del sentido de responsabilidad y de rechazo a los crímenes de la Segunda Guerra, según dice la profesora Louis.

Esto, gracias a que desde las escuelas, las instituciones y la sociedad en general se avanzó en un proceso de recordación constante, guiado por un sentido de culpa y de responsabilidad social. Por eso, Louis apunta que es necesario articular la memoria con una justificación como la culpa o la responsabilidad nacional para no permitir el olvido de lo sucedido y no repetir los ciclos de violencia.

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Más allá de la escuela
Naturalmente, las capacidades blandas son un eje fundamental de la educación para la paz. El diálogo, la empatía, la autocomprensión y el raciocinio son elementos necesarios para consolidar una cultura pacífica, como señaló María Prada. Eso implica repensar la cátedra. Como apuntó Campo Elías de la Cruz, “la educación debe ser holística, desde entender las concepciones filosóficas de los seres humanos, hasta poderse dar un abrazo”.

Pero no solo los niños deben tener esta comprensión. Los funcionarios, que juegan un papel clave en implementar la paz en las regiones, también deben formarse en estas competencias. Hay que invertir en capacidades blandas para los servidores, opinó Alejandro Becker, del Departamento Administrativo de la Función Pública, “para poder tomar decisiones que perduren. Los servidores deben servir mejor, escuchar, ver y actuar de forma mejor”. Por eso vale la pena fortalecer tanto a los individuos como a las instituciones, y hacer redes y alianzas para determinar políticas públicas.

En resumidas cuentas, hay que formar a toda la ciudadanía. “Esto no se puede quedar en la escuela. Los niños no pueden ver una cosa en la escuela, y otra en la casa, la familia y la comunidad en general. La familia tiene que involucrarse y replicar lo que pasa en la escuela y la sociedad debe rodear ese proceso. Hay que apostarle a la construcción de una convivencia más sana”, sugirió Camila Gómez.

Esto implica un proceso integral que incluye a todos los actores de la sociedad. Pero lograrlo generaría una transformación cultural que es clave para consolidar una paz duradera. “El camino es largo, pero vale la pena caminarlo”. concluyó John Paul Lederach, experto estadounidense en la construcción de paz.

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