El Congreso contra un fiscal “irritable”

El fiscal general Montealegre fue reconocido como el principal propulsor de la propuesta de una Constituyente para reformar a la Justicia. Foto: Archivo SEMANA

Curtidos parlamentarios rechazan las afirmaciones de Eduardo Montealegre y su propuesta de una Constituyente. Lo invitan, en cambio, a sostener un diálogo respetuoso.

En el capitolio aún no se digieren las palabras del fiscal Eduardo Montealegre, quien en una entrevista con Yamid Amat -para el diario El Tiempo- lanzó todo tipo de adjetivos en contra del Congreso y el propio Gobierno por el trámite de la reforma al equilibrio de poderes.

A Montealegre no le gusta el proyecto. Pero sus argumentos se quedan cortos. Dice que la reforma es inconstitucional y que con el pretexto de acabar con la politiquería de la rama judicial, la iniciativa se volvió una revancha del Congreso contra las altas cortes y la Fiscalía. Agrega que están entregando mayores poderes al Ejecutivo.

Otros dicen que, en realidad, la molestia es otra. Que al fiscal no le gusta que se acabe la inoperante Comisión de Acusaciones, la que hoy investiga al presidente, magistrados y al propio fiscal, y que se le quite la gabela de tener un juicio político, que, según el proyecto, en adelante será exclusivo del presidente y el vicepresidente de la República. Para muchos congresistas, que la investidura del fiscal se limite a sus justas proporciones es lo que molesta a Montealegre.

Horacio Serpa, jefe del Partido Liberal, le dirigió una carta al fiscal general en la que le pide apaciguar sus ánimos y debatir con el Congreso, donde siempre ha tenido las puertas abiertas y donde puede exponer sus argumentos, antes que despacharse en los medios de comunicación.

“El fiscal Montealegre es un funcionario probo y respetable. De él se predica con razón que es inteligente, instruido, diligente y capaz. Nadie duda de su condición de demócrata y progresista. Ahora se dice también que es irritable”, dice Serpa.

El veterano dirigente, en su escrito, calificó al fiscal Montealegre de estar “sulfurado” y le recordó al funcionario que el Congreso, durante el trámite de la reforma, viene obrando correctamente. “Ha tramitado la reforma con seriedad, dentro de su independencia, escuchado con atención a las altas Cortes, al fiscal, y a otros funcionarios judiciales. (El Congreso) ha tratado de acertar, sin pretender decir que es la última palabra”.

Serpa también le recordó al fiscal las dos oportunidades que ha sido oído en el Congreso sobre la reforma, en las que “sólo se han escuchado manifestaciones de amistad y solidaridad hacia el fiscal general”. Por eso lo invitó de nuevo a que participe en el Congreso de los debates.

En la polémica entrevista, el fiscal se refirió abiertamente a los ataques que ha recibido de la senadora Claudia López (Alianza Verde), que en octubre del 2014 no dudó en afirmar que el fiscal estaba amenazando al Congreso para que este le garantizara impunidad.

Hoy la congresista volvió a cuestionar la actitud de Montealegre, a quien calificó de querer ser un “emperador” que le dice al presidente qué leyes puede presentar, al Congreso cómo aprobarlas y a la Corte Constitucional cómo fallarlas.

Claudia López y Montealegre han sostenido un duro pulso en el trámite de la reforma, y más aún por el juzgamiento de aforados. En el primer debate se impuso la pretensión de la senadora de que el fiscal general tuviera un juzgamiento como el de cualquier ciudadano, sin ningún tipo de blindaje. Pero en los debates posteriores, el fiscal se impuso.

Sin embargo, hace dos semanas Claudia volvió a imponerse en el sexto debate. Ahora quedan dos discusiones en las que la posición de la senadora parece que se va a imponer. Para muchos, esa circunstancia es la que ha motivado la andanada de Montealegre.

Otro de los congresistas que reaccionaron contra el fiscal general fue nada menos que el expresidente Álvaro Uribe. El senador del Centro Democrático, que lo ha calificado de politizar sus decisiones y notificar a investigados cuando tuene abiertos los micrófonos, cuestionó ahora las posturas públicas de Montealegre: “la locuacidad del fiscal rompe la imparcialidad y el garantismo del Sistema Penal Acusatorio”.

También le cuestionan a Montealegre que ahora, cuando una reforma le reduce su fuero, diga que en el Congreso no hay garantías para el debate, pero hace un mes radicó un proyecto de ley para reformar el código de procedimiento penal que, según parlamentarios que han analizado el contenido de esa iniciativa de más de 300 artículos, reclama mayores facultades para el fiscal general. Entonces, para unos casos el Congreso es ilegítimo, pero cuando se le piden nuevas herramientas, el parlamento es un aliado.

Quizá por eso el propio presidente Juan Manuel Santos, quien desde la semana pasada pidió a sus ministros adelantar un diálogo constructivo con las Cortes y el fiscal general, haya pedido este lunes que se destapen las cartas y se pongan sobre la mesa, y que sea en el Congreso donde se expongan los argumentos.

En consecuencia, el capitolio será el escenario, y allí se espera que el fiscal concurra a exponer por qué no se debe aprobar la reforma al equilibrio de poderes, pues aún no se conocen sus argumentos. La incógnita es si después de lo dicho el fiscal concurra, o en definitiva se la juegue por demandar la reforma.

Lo que sí se anticipa es que si Montealegre va al Capitolio, no será recibido ni con aplausos ni con alfombra roja.