La tutelitis que tiene invadida otra vez la Corte Constitucional

En promedio, diariamente llegan a la corporación unas 800 tutelas. Foto: Archivo particular

Pese a la mejoría del problema, los más de 24.000 expedientes que mensualmente llegan a ese tribunal tienen otra vez a algunos de sus empleados casi sin sitio por dónde caminar.

Pese a la alarma que encendieron los medios de comunicación en el 2014 por la gran cantidad de expedientes de tutela que se almacenan en ese tribunal en condiciones riesgosas, la situación hoy sigue siendo difícil. Hay montones de papel que, ante el mínimo movimiento, podrían causar una tragedia, pese a los esfuerzos de la Presidencia de la Corte Constitucional para corregir la situación.

Aunque el promedio de acciones de tutela que llegan mensualmente hoy a la Corte es casi la mitad que el que se registraba en esa época, la forma como se almacena el papel sigue siendo inadecuada y riesgosa. No existe  una solución definitiva que tenga tranquilos a los funcionarios al servicio de la corporación.

Hace dos años, la caída de una pila de papeles con expedientes causó alarma en el Palacio de Justicia, lo que llevó al entonces presidente de la Corte, Luis Ernesto Vargas, a lanzar un S. O. S. para encontrar alternativas y evitar infortunios. Por su parte, la hoy presidenta de la corporación, María Victoria Calle, busca promover que la operadora encargada de la correspondencia ponga en práctica métodos más eficientes.

En ese entonces, el magistrado explicó que la aglomeración de documentos obedecía a que, mensualmente, en promedio llegaban a la Corte 40.000 expedientes de tutela, de los cuales solo 20.000 alcanzaban a ser radicados.

Según él, ese rezago se había originado tres años atrás, cuando los jueces originarios empezaron a poner trabas para recibir de vuelta los expedientes que no eran seleccionados para ser revisados y fallados.

Eso significaba que buena parte del papel que reposaba en el alto tribunal ni siquiera sería examinado por los magistrados y permanecía allí por la simple negligencia de algunos funcionarios de los despachos judiciales que, la verdad sea dicha, tampoco estarían en condiciones de conservar estos archivos oportunamente por falta de espacio.

El propio magistrado Vargas reconoció que la situación llegó a ser tan dramática, que hasta el administrador del edificio había contemplado un probable colapso de parte de la edificación donde se guardaban los archivos si no se tomaban medidas.

Aunque se trataba de una observación que aún no estaba fundada en elementos técnicos, se tomaron correctivos para evitar el desastre. Hoy, los expedientes que llegan a la Corte se han reducido a la mitad. En promedio, diariamente llegan a la corporación unas 800 tutelas, de estas, aproximadamente 3.000 llegan los lunes, cuando se acumulan los envíos del fin de semana.

Eso da como resultado poco más de 24.000 al mes, que son la mitad de los que se acumulaban cada 30 días en la Corte Constitucional en el 2014. Sin embargo, el panorama sigue siendo difícil.

La respuesta de la Corte

La presidenta del tribunal, María Victoria Calle, también ha buscado que los 1.000 millones de pesos anuales que recibe la operadora de las labores del almacenamiento de esta correspondencia se vean reflejados en un servicio verdaderamente eficiente.

De ahí la celebración de reuniones con representantes de la firma 4-72 para lograr que la firma se comprometa a ejecutar una tarea más eficaz para administrar más adecuadamente estos archivos en físico. Por ahora, se logró contar con aumento en el personal que se dedica a esta tarea y se trabaja en la preparación de un acto administrativo que reduciría al mínimo el tamaño de cada expediente.

La idea, dice Calle, es que aparte de los esfuerzos de la contratista, los jueces contribuyan eliminando el envío de los archivos que no sean estrictamente necesarios para examinar los expedientes de tutela que eventualmente serían seleccionados para revisión.

Mientras las soluciones por parte de los encargados de la administración de la Rama Judicial llegan, los funcionarios que laboran en el lugar donde se almacenan los expedientes siguen exponiéndose todos los días a que una mala pasada de la naturaleza exponga su integridad física, o que se lleven el gran susto, como el de hace dos años tras la caída de algunos expedientes que ocasionó un verdadero caos.