"Un magistrado no debe representar a nadie en particular": Diana Fajardo

Nación

En su intervención en el Senado, la nueva magistrada de la Corte Constitucional aseguró que no tendrá afinidad ideológica con ningún grupo al margen de la ley, ni con posturas extremistas. Habló del valor de las mujeres en la justicia.
Por: Semana.com01/06/2017 10:47:00

El nombramiento de Diana Fajardo como nueva magistrada de la Corte Constitucional despertó una controversia nunca antes vista en el proceso para llegar a ese alto tribunal. Por cuenta de las declaraciones de Armando Benedetti, quien aseguró que si ella no era elegida, las Farc se pararían de la mesa y el proceso de paz quedaría en riesgo. 

Fajardo terminó sin querer en medio de la polarización que ha generado en el país el proceso de paz. Su nombre terminó asociado a esa puja, sin que su vida profesional haya estado en esa controversia. La abogada de la Universidad de los Andes llega a la Corte Constitucional con una hoja de vida de décadas al servicio público.

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Por cuenta del interés que ha despertado la elección, Semana.com reproduce su discurso en el Senado. 

"Cuando les comuniqué a mis dos hijos adolescentes la decisión de la Corte Suprema, me plantearon una serie de inquietudes que por su pertinencia quiero compartir con ustedes en este momento.

Antonio –el menor- me preguntó por qué quiero ser magistrada de la Corte.

—Porque en la Corte Constitucional se defiende la mayor expresión de la voluntad soberana de los colombianos —contesté—. Formar parte de ella permite precisar las más importantes certezas colectivas. No sé en qué otro escenario tenga más sentido el ejercicio ético de mi profesión.

En seguida Francisco -el mayor- me preguntó:

—¿Quién te elige?

—El Senado —le contesté.

—¿De qué depende? —agregó.

—De no fingir ser lo que no soy —dije—, de no decir por conveniencia lo que cada quien quiere escuchar, de que mis convicciones éticas estén por encima de mis prejuicios y temores, de que al pedir respaldo esté segura de ofrecer con la misma energía, sinceridad y determinación.

—¿Pero si te escogió una Corte para integrar otra, y después la decisión la toma el Senado, a cuál vas a representar?— preguntó.

—No se trata de eso —le expliqué. —Un magistrado no debe representar a nadie en particular sino garantizar la supremacía de la Constitución, para lo cual requiere sabiduría, independencia y experiencia.

—¿Y por qué crees que te pueden elegir? —preguntó Antonio.

—Por tres razones —dije—. La primera, porque mi hoja de vida equilibra el derecho y la ciencia política con una amplia trayectoria de servicio público, fundamental para la ponderación de un juez constitucional.

La segunda, porque estoy convencida de la necesidad de construir consensos, valorar las diferencias y respetar las decisiones. Esto, en el plano estatal es crucial, porque las contradicciones institucionales tienden a debilitar la esperanza firme en aquellos de quienes se presume la capacidad de aportar certezas.

Y la tercera, porque aun cuando en Colombia más de la mitad de la población es femenina, y a pesar de que la ley ordena al menos un 30 por ciento de participación de la mujer en los cargos de máximo nivel decisorio, en el Consejo de Estado es solo del 15, en la Corte Suprema del 14, y en la Constitucional del 22 por ciento.

—¿Pero es posible que una mujer más haga la diferencia? —interrumpió Antonio.

—Una mujer siempre hace la diferencia —le dije con cariño— porque va más allá de lo conceptual, analítico y discursivo, comprendiendo gracias a su intuición no solo las acciones sino también las intenciones. No pretendo retomar pasiones desmedidas o emparejar simples datos estadísticos. Se trata, tanto en lo individual como en lo colectivo, de invocar respeto, superar barreras históricas pero artificiales y encontrar el equilibrio.

—Y si te eligen —preguntó el mayor— cuáles serían tus prioridades como magistrada de la Corte Constitucional?

—La más importante —le dije— es la de ser una juez honesta. Es decir: honrada, razonable y justa. Como Carlos Medellín Forero, tu abuelo, quien murió como Magistrado en el Holocausto del Palacio de Justicia hace 31 años.

En seguida, procurar que la Corte no invada las competencias del Congreso como legislador, del gobierno como formulador de políticas públicas y de las otras Cortes como órganos de cierre, salvo en las excepciones previstas por el Constituyente de manera original para defender los derechos fundamentales, en cuya protección los magistrados deben tener siempre la última palabra, sin sobreestimar ni subestimar el impacto fiscal de sus decisiones.

Además, promover la seguridad jurídica como presupuesto de un orden social justo. Es indispensable garantizar un clima de confianza en el orden jurídico para producir certeza en el ciudadano sobre lo que es el derecho en este momento y sobre lo que podrá llegar a ser en el futuro.

—Buena suerte y que la fuerza te acompañe— dijeron ambos con ilusión.

—La decisión —dije— será el resultado de la percepción del Senado frente a lo que en este momento histórico el país necesita y reclama. Pero tengan siempre presente que la importancia de una decisión se mide no tanto por quién la toma, sino especialmente, por el camino que ella ilumina.

La conversación finalizó con un abrazo rebosante de fe.

Respetados senadores: estar hoy aquí, en el salón principal de la casa de la democracia colombiana, representa para mí un gran honor.

No pretendo en esta breve intervención precisar todas las inquietudes que puedan surgir sobre cada una de mis convicciones o sobre las diferentes circunstancias que de alguna manera puedan incidir en mi discernimiento e independencia como juez constitucional.

Pero sí puedo decirles que he acumulado una experiencia intensa, variada y pertinente para el cargo al cual aspiro.

Entre muchas responsabilidades relevantes en el sector público, participé en el proceso que llevó a la formulación de la Constitución del 91.

Como asesora jurídica fui testigo de los debates y las decisiones que se tomaron en el seno de la Asamblea Nacional Constituyente.

Como magistrada auxiliar participé en la proyección de sentencias relevantes para garantizar la integridad y la supremacía de la Constitución.

Desde la Agencia Nacional de Defensa Jurídica del Estado no sólo estudié el impacto de los fallos judiciales, sino que propuse y desarrollé políticas y estrategias de prevención para que el Estado sea cada vez más capaz de evitar acciones vulneradoras de derechos y reducir así la alta litigiosidad en su contra, y las millonarias condenas.

Para terminar, quiero decir, sin presiones, temores ni dudas, que estoy en capacidad de ofrecer en mis actos y en mis juicios equilibrio, trayectoria e imparcialidad para defender con sensatez y decisión el estado de derecho y la Constitución Política de Colombia y para garantizar cada uno de los derechos y libertades fundamentales que hoy, por fortuna, son patrimonio jurídico y moral de la Nación.

Por plena y absoluta convicción personal, no he tenido, no tengo, ni tendré afinidad política o ideológica con ningún grupo al margen de la ley, ni con posturas extremistas o totalitarias sobre la organización del Estado. El respeto por la justicia, por las Cortes, por sus jueces y magistrados es un principio fundamental en cualquier estado de derecho, y por eso creo que en ningún caso y por ningún motivo, nadie debe presionar la elección de un juez.

Por todo lo anterior, pido la oportunidad de ejercer la magistratura, como el más relevante llamado de mi vocación".

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