LA 'COCA' NOSTRA

LA 'COCA' NOSTRA

Una tesis sobre el surgimiento del narcotráfico en Colombia plantea que el fenómeno no es otra cosa que la manifestación de una lucha de clases.

SOBRE EL NARCOTRAFICO SE HA DICHO Y se ha escrito de todo en el país. Desde estudios históricos que rastrean sus orígenes en formas de contrabando implantadas en la Costa Atlántica durante los tiempos coloniales, hasta estudios que parecen encontrar su raíz en una supuesta proclividad de los colombianos a la violencia.

Si bien el narcotráfico como tema ha agotado hasta la saciedad las páginas de los periódicos colombianos, este sigue siendo un fenómeno casi desconocido. Darío Betancur y Martha García, en su libro 'Contrabandistas, marimberos y mafiosos', que acaba de lanzar Tercer Mundo Editores, presentan una hipótesis diferente de lo que ha sido el desarrollo de la mafia colombiana en el contexto social, económico y político del país. Debilidad del Estado, crisis de las elites tradicionales y una política corrupta y autoritaria, aparecen aquí como elementos que propiciaron el surgimiento de un grupo social que desbordó por completo la autoridad del establecimientot SEMANA presenta en este documento algunos apartes del análisis de estos investigadores.


EL PROLOGO

Durante mucho tiempo los colombianos nos hemos interrogado sobre las razones por las cuales el impacto del narcotráfico ha sido tan intenso y tan violento en nuestro país. En efecto, en otros países, de condiciones similares, no han florecido mafias de tanto poder y arraigo social como las colombianas. E igualmente en naciones vecinas, en donde el narcotráfico representa tal vez una mayor porción de la actividad macroeconómica. Tal fenómeno no ha tenido un efecto tan considerable en términos de violencia y corrupción institucional.
Así, según algunos estimativos, en Bolivia la economía de la coca y los narcodólares que entran a ese país podrían representar más del 20 por ciento del PIB y emplear casi a un 20 por ciento de la población económicamente activa, mientras que en Colombia -incluso según los estimativos más altos- esos ingresos no han llegado al 10 por ciento del PIB y la PEA. Y, sin embargo, el narcotráfico en Bolivia no es traducido en fenómenos graves de violencia, como sí ha ocurrido en Colombia.

Los colombianos también hemos debatido constantemente, tanto en reuniones académicas como en charlas de café, sobre los elementos que podrían explicar algunos comportamientos diferenciados de los núcleos mafiosos colombianos y las respuestas diversas dadas por el Estado a los mismos. ¿Por qué, por ejemplo, la mayor proclividad de algunos empresarios ilegales antioqueños a los atentados dinamiteros y a los magnicidios, frente a la discreción relativa de otros núcleos mafiosos en este aspecto? ¿Por qué la intensidad de la represión estatal contra los miembros del llamado cartel de Medellín, en comparación con la reacción más débil frente a otros núcleos mafiosos?

La crisis de la industria paisa de los años 70 se tradujo en una pérdida de hegemonía de las elites locales, lo cual provocó no solo una erosión de los mecanismos tradicionales de control social sino también una reapropiación particular de elementos de la 'cultura paisa' por los jóvenes sin empleo. Las elites antioqueñas tradicionales abandonaron entonces, en la década del 80, la ciudad a su suerte, posibilitando así que núcleos mafiosos se legitimaran popularmente mediante la realización de programas de ayuda social, como 'Medellín sin tugurios', organizado por Pablo Escobar.

El impacto social local del narcotráfico fue entonces mayor, pues la consolidación del tráfico de cocaína coincide con esa grave crisis social y económica de la industria antioqueña tradicional. En cambio, en Cali, la penetración del narcotráfico se efectúa en un contexto local diverso. La crisis económica no es tan intensa y las elites locales logran conservar su prestigio; esta burguesía local, lejos de abandonar la ciudad a su suerte, ha intentado ejercer una especie de 'hegemonía filantrónica' -según la acertada expresión de Alvaro Camacho y Alvaro Guzmán-, que le ha permitido conservar un cierto sentido socialmente compartido del orden social, mediante la proliferación de fundaciones sociales financiadas por la empresa local y la asunción por los empresarios de un cierto sentido de la responsabilidad social de la empresa.

Estas diversidades entre Cali y Medellín han tenido efectos disímiles en dos aspectos central es de las estrategias de legitimación de las organizaciones mafiosas. Por una parte, en Medellín, la mafia antioqueña se ha sentido con derecho a disputar la hegemonía local a unas elites tradicionales que han abandonado su liderazgo; entonces tenderá más a enfrentarse directamente con el poder estatal. En cambio, en Cali, la mayor solidez y organicidad de la estructura social local parece haber provocado una estrategia de incornoración discreta por parte de los empresarios de la droga.


MAFIA Y NARCOTRAFICO

La palabra 'mafia' no es estrictamente italiana. Es siciliana, del dialecto de Palermo, y probablemente de origen árabe; muchos la atribuyen a ma afir, una tribu árabe que se estableció en Palermo. Pitré le encuentra su origen como el apellido de una magara, o mujer que realizaba actos de magia. En su versión inicial, en Sicilia la palabra mafiusu, o mafioso indicaba gracia, belleza, excelencia y perfección; la misma palabra significaba también un hombre consciente de serlo y de actuar como tal, que pudiera mostrar valor, sin bravuconería o arrogancia.

(...) Teniendo en cuenta sus particularidades, para el caso colombiano se entiende como "mafia" aquellos grupos que, indentificados por su intereses económicos, sociales, políticos y culturales, asumen una actitud ilegal frente al Estado y frente al ordenamiento jurídico que le sustenta, y que para resolver sus conflictos no recurren a los jucces ni a los entes estatales sino que, por el contrario, hacen uso de las organizaciones de sicarios creadas con el propósito de figurar como agentes locales que saben infundir respeto y admiración.

Al igual que otras mafias, la colombiana se fue fortaleciendo alrededor del núcleo familiar (padres, hermanos, tíos, primos, sobrinos, etc) hasta penetrar otros grupos sociales. Aunque los diferentes núcleos regionales de la mafia colombiana tienen sus variantes, es claro que en un comienzo, aunque en su mayor parte estuvieron conformados por sectores de clase media y baja, rápidamente lograron incrustarse en las clases altas de la sociedad, haciendo posible la ampliación de sus límites de actuación e influencia. El surgimiento de la mafia en Colombia estuvo íntimamente ligado a la crisis económica y social de las elites regionales, suceso que además de facilitar el ascenso social y económico, contribuyó, al agudizarse las contradicciones locales (violencia, desempleo, etc), al reclutamiento de guardaespaldas, testaferros y sicarios por parte de los primeros mafiosos. La debilidad del Estado y su escasa presencia regional dejaron en manos de los agentes particulares locales la solución y mediación de los conflictos, favoreciendo el surgimiento y posterior fortalecimiento del sicariato y paramilitarismo.

(...) La invención del término 'narcotráfico' se debe a la administración Reagan, que en 1982 declaró la 'guerra contra las drogas' como objetivo prioritario de seguridad nacional, momento a partir del cual todas las acciones de las autoridades norteamericanas se concentraron en la lucha contra la cocaína, primordialmente.

En su empeño, Estados Unidos logró instituir el término 'narcotráfico' y generalizar su aplicación para hacer referencia a la cocaína. El discurso norteamericano relativo a las 'amenazas del narcotráfico' se impuso en los países de América Latina a través de campañas que tuvieron a los medios de comunicación como los mejores aliados: éstos, sin establecer ninguna diferenciación entre coca y cocaína, entre países productores y países consumidores de cocaína, entre banqueros y 'traficantes', entre campesinos e indígenas mambeadores de coca y adictos a la cocaína de los países industrializados (el principal es Estados Unidos y lo siguen naciones de Europa), etc., hicieron eco de una posición deliberada que no discierne entre los elementos involucrados en el fenómeno para así dar prioridad a sus intereses. Entonces empezó a hacerse común hablar del 'funesto narcotráfico' (léase cocaína), 'enemigo principal' y 'delito contra la humanidad', etcétera.

En realidad con el término 'narcotráfico' utilizado genéricamente para referirse a la marihuana y a la cocaína se busca crear un efecto de opinión, producir rechazo y temor en la sociedad, generados éstos en el hecho intencionado de conceder a estas dos sustancias, cualidades exclusivas de los productos narcóticos.

La intencionalidad política, económica y cultural que se esconde en el término inconveniente e 'imprecisamente' utilizado se halla velada, y con ella se pretende dar un carácter racista y latinoamericano a la producción y comercialización de la cocaína, toda vez que es exclusivamente a los latinos a quienes se les atribuyen estas actividades, endilgando únicamente a los negros y a los migrantes latinos radicados en Estados Unidos el consumo del alcaloide.


ECONOMIA E ILEGALIDAD

Elementos de diversa índole han asistido tanto al contrabando como a la inmoralidad de Colombia: en primer lugar, el país cuenta con grandes y desprotegidas costas equidistantes de los grandes centros financieros y de consumo mundial, las cuales facilitan la salida ilegal de productos y la entrada de contrabando de mercancías, insumos y armas (vieja práctica que se remonta a los tiempos de la Colonia).

La accidentada y compleja geografía del país, junto con una relativa 'debilidad del Estado' que se manifiesta desde el siglo pasado, ha hecho posible la existencia de núcleos territoriales 'al margen de la ley' indistintamente ocupados desde las guerras civiles dependiendo de las coyunturas históricas, bien por guerrilleros, bandoleros, cuatreros, contrabandistas, paramilitares o bien por comerciantes de sicotrópicos (marihuana y cocaína).

En segundo término, la existencia de una clase política que durante largos períodos se ha repartido de manera excluyente las bondades y privilegios del burocratismo estatal, la generalizada laxitud en el control del gasto público y la flagrante corrupción oficial y privada han contribuido en gran proporción al desenvolvimiento favorable de la ilegalidad y al desarrollo de lo que en general podría denominarse una 'cultura de la ilegalidad': en todos los estratos sociales hoy es común el uso de una práctica, empleada por generaciones que tiene que ver con el soborno a todos los niveles. (...) En tercera medida, la existencia de una sociedad civil caracterizada por bajos niveles organizativos -de tipo social y político- y permanente marginalidad económica y social; y, finalmente, el fraccionamiento de las fuerzas armadas y la escasa profesionalización que poseen algunos de sus sectores.

Con frecuencia la actividad económica se encuentra afectada por una economía ilegal o subterránea (contrabando, por ejemplo) que se desarrolla paralelamente a la legal u oficialmente admitida, de tal forma que cuando se habla de la existencia de 'otra economía' se hace refercncia a las actividades productivas no registradas o subregistradas por las cuentas nacionales, o a aquellas transacciones económicas que no aparecen en las estadísticas oficiales por efectuarse 'fuera de la ley' (ofrecen mayores márgenes de utilidad). A través de la historia, parte de las economías ilegales que en distintos períodos han aflorado en uno y otro país ha sido instigada por sectores del capital 'legal' que, conscientes de los mayores márgenes de ganancia que producen las economías ilegales, invierten excedentes legales para estimular esta clase de economías.


CONTRABANDO Y COCAINA

Sin lugar a dudas, la economía ilegal de la cocaína está sustentada sobre la misma base de ilegalidad en que surge (contrabando) y se desarrolla -situación que además de facilitar su sostenimiento, por los riesgos que acarrea el negocio, disminuye el número de competidores, acrecentando por ende los márgenes de ganancia que llegan a superar enormemente los de la economía legal-, adoptando muchas de sus prácticas: con base en los sistemas empleados para el contrabando, para el transporte y embarque de marihuana y cocaína, sus empresarios han establecido los propios.

Si bien en la década de los 70 la economía subterránea en Colombia se vio intensificada y acelerada por la marihuana, y en la de los 80 por la cocaína, su desarrollo fue facilitado y amparado por los tres grandes antecedentes sobre los cuales se instauró, a saber:


1. Vieja práctica del contrabando tanto extractivo (azúcar, café, cemento, esmeraldas, etc.) como introductorio (de electrodomésticos, licores, cigarrillos, alimentos, máquinas, armas, etc.), por sectores de la costa norte y Pacífica, frontera con Panamá, fronteras con Ecuador y Perú, con Brasil (Leticia) y con Venezuela (Maicao, Cúcuta).

2. Vieja y arcaica mafia esmeraldífera, con su violencia y contrabando en sectores del centro del país (Boyacá y Cundinamarca).

3. Debilidad estatal que se manifiesta, entre otras cosas, en la existencia histórica 'al margen de la ley' de núcleos territoriales que han sido ocupados por distintos grupos 'ilegales'.

Todos los relatos y estudios coinciden en afirmar que los primeros negociantes, que hacia 1968-1970 entablaron contacto con los comerciantes y compradores norteamericanos para los embarques iniciales de marihuana de la Sierra Nevada, fueron antiguos contrabandistas (profesión muy común y legendaria en esta región) de electrodomésticos, cigarrillos y whisky (palestinos y judíos del puerto libre de Colón eran los habituales surtidores de los contrabandistas costeños) que se caracterizaban por conocer a la perfección las rutas y caletas del Caribe y las Antillas. Y sobre las sutilezas de este mundo ilegal (contrabando) y la corrupción se construyeron las primeras redes de comercio y transporte de marihuana y cocaína.

A mediados de los años 70, mientras se consolidaba la producción de marihuana (foco costeño), con la llamada 'ventanilla siniestra' del Banco de la República, se dio respaldo indirecto a las mafias que pudieron lavar sus dólares y legalizar sus fortunas. Y a causa del ingreso de gran cantidad de dólares negros por concepto de comercialización de marihuana y cocaína, lo mismo que por contrabando tanto hacia afuera (ganado, azúcar, esmeraldas, café, cemento, etc.) como hacia adentro (cigarrillos, whisky, alimentos procesados, electrodomésticos), el dólar negro se situó prácticamente a la par con el oficial. La excesiva especulación con el dinero, el surgimiento de diversas entidades financieras y el desestímulo a la inversión industrial estuvieron íntimamente ligados con el inmenso flujo de dólares, producto de los negocios de las mafias y del contrabando. (...)

De los alcances del delito y la ilegalidad en Colombia en gran medida puede responsabilizarse al Frente Nacional, pues no logró contrarrestar los efectos sicológicos y morales de la Violencia sobre toda una generación cuya infancia traumática e invadida de frustración engendró, sin lugar a dudas, resentimientos que respaldaron su inserción en la sociedad a través de actos delictivos, de infracciones a la ley.


LAS TENDENCIAS DE LA MAFIA

Sobre la crisis de cinco grandes regiones del país se conformaron los cinco focos mafiosos iniciales, a saber: Costa Atlántica, Antioquia, Valle, central (Boyacá y Cundinamarca) y nororiental.

La mafia en Colombia ha exhibido tres tendencias en su actuar: la de la mafia antioqueña, origen de los sicarios; la de la mafia central, precursora de los paramilitares; y la de la mafia de Cali, origen de los 'grupos de limpieza social' . En el caso de la antioqueña, los mafiosos tendieron el puente entre los viejos 'pájaros' y el moderno sicariato; en el caso de la valluna, entre los viejos 'pájaros' y los llamados 'grupos de limpieza'.

La violencia de la mafia tiende a verse meramente como una expresión calificada de la violencia de la delincuencia 'común' o como una violencia organizada, y no a entenderse como una violencia sui generis que se sitúa como puente, conexión entre todas las violencias y las delincuencias tradicionales, tanto de las de arriba como de las de abajo, las de 'cuello blanco' y las del lumpen. En la medida en que la mafia penetra en el tejido social, no sólo todas las formas de violencia y de delincuencia quedan conectadas sino que sufren un enorme aceleramiento.

Con la mafia en Colombia se aceleran los procesos sociales 'normales' y se dinamizan, transforman y distorsionan los procesos sociales regionales y locales; hay una sofisticación en los medios de comunicación, transportes, armas, etc.; se produce una internacionalización de los conflictos y las acciones; se generan contradicciones y fracturaciones de las autoridades, sobre todo de los cuerpos de seguridad del Estado, frente a uno y otro bandos mafiosos.

Diversos factores han favorecido la destinación de nuevos capitales para la búsqueda de productos ilícitos altamente rentables, como la amapola:

* las nuevas crisis económicas y sociales de sectores de las elites regionales y locales del occidente colombiano producidas por la implantación del modelo económico neoliberal en la década de los 90;

* la crisis general del agro colombiano: café, cacao, arroz, frutales, etc., que ha generado quiebras, reacomodos de clase y empobrecimiento de sectores medios, lo mismo que de pequeños y medianos industriales;

* las contradicciones surgidas entre los núcleos mafiosos antioqueño y caleño como consecuencia del asesinato del ministro Lara Bonilla;

* las rupturas dentro de los núcleos mafiosos existentes (ejemplo, Cali y central), originadas por traquetos enriquecidos y poder acumulado, generaron subnúcleos que, cada día más interesados en independizarse, emprendieron la búsqueda de nuevos productos y mercados.

Con la continuidad de la cocaína y el auge de la amapola, nuevos mafiosos, nuevas violencias y nuevas contradicciones se ponen en juego. Los cultivos de amapola en Colombia están siendo impulsados por grupos de mafiosos 'sueltos' o 'independientes', producto de las fracturas sucedidas en los grandes, en alianza con núcleos mafiosos internacionales y 'viejos' focos mafiosos iniciales favorecidos tanto con las contradicciones entre las mafias antioqueña y caleña como con la declaratoria de 'guerra' del gobierno al núcleo antioqueño y, especialmente, con la arremetida general contra la cocaína.

Eliminados Gonzalo Rodríguez Gacha y Pablo E. Escobar Gaviria y apuntadas las baterías del gobierno contra el cartel de Cali, asistimos y asistiremos al fortalecimiento de los pequeños mafiosos, al reinado de los traquetos y pistolocos, que están desatando una oleada de homicidios y vendetas mucho más macabra que la de los 'viejos' grupos mafiosos; la constante tiende, pues, a repetirse: los de arriba se consolidan y se legalizan, los que vienen de abajo 'arremeten duro' para alcanzar una buena posición.