La Corte Constitucional prefiere la censura

La Corte Constitucional prefiere la censura Foto: Archivo Particular

La Corte Constitucional prefirió no hacer nada con un caso muy grave de libertad de expresión en internet.

Tuverion que pasar muchas cosas a lo largo de la historia para que nos sintiéramos libres de expresar nuestra opinión. Corrieron ríos de sangre y de tinta. Murió gente, cayeron tiranos, se emitieron sentencias y hubo revoluciones de todo tipo. Pero esto a una mayoría de los magistrados de la Corte Constitucional no le importó. Decidieron echarlo todo al traste. Prefirieron la censura.

Tal como les conté en mi columna del 20 de abril, la única opción que quedaba en el caso de Gonzalo Hernán López Durán, condenado a 18 meses de prisión por haber hecho un comentario pasado de tono en internet, era la insistencia de alguno de los magistrados de la Corte Constitucional. Esto, porque la sala de selección tercera de esa corte había decidido que la tutela en contra de la condena a López no valía la pena para ser escogida como un caso importante. Pues resulta que esta posibilidad ya se agotó y no sirvió para nada.

Aprovecho para contar que en esa columna del 20 de abril tuve un error. Había dicho que  los magistrados que tomaron esa decisión fueron Luis Guillermo Guerrero, Gabriel Eduardo Mendoza Martelo y Gloria Stella Ortiz. Pero no, se trataba, nada más y nada menos, de Jorge Ignacio Pretelt y Luis Ernesto Vargas, candidatos al premio “Échale tierra a tu colega y olvídate de tu trabajo”.

Casi un mes después, el 13 de mayo, yo guardaba la ilusión de que la Corte me diera un bonito regalo de cumpleaños y escogiera el caso después de haberles pedido a casi todos los magistrados que insistieran. Y estuvo cerca. Tres magistrados insistieron en que la tutela de López era importante y pidieron que su expediente, el 4815344, fuera seleccionado. Pero no fue suficiente. El señor Gabriel Eduardo Mendoza Martelo y la señora Martha Victoria Sáchica prefirieron mirar hacia otro lado y apenas el 20 de mayo nos lo hicieron saber.

Las cosas tienen que estar muy mal en la Corte Constitucional para que tres magistrados insistan en que un caso de libertad de expresión tan sensible como el de López debe ser seleccionado y que no les presten atención. Esa corte dejó de ser un campo de batalla para la democracia y los derechos fundamentales y se convirtió en la versión leguleya de The real world o Jersey shore.
 
La gran conclusión a la que uno puede llegar después de esto es que todo está perdido. Creo que es mejor que se olviden de resolver la cantidad de casos que tienen engavetados en este momento y que se relacionan con libertad de expresión. Prefiero que no digan nada. Me da miedo lo que pueda resultar. Hoy en día se trata de una lotería que depende de cómo ve cada magistrado la libertad de expresión y no de la coherencia con pronunciamientos anteriores. Mejor dejen así.

Siempre va a ser más fácil decirle a alguien que se calle a escucharlo y responderle. Eso fue lo que pasó con López. Este señor, en medio de una gran indignación, se refirió con palabras poco apropiadas, pero válidas para la libertad de expresión, a la señora Gloria Lucía Escalante, quien en ese momento era una funcionaria. Esto ocurrió en la sección de comentarios de una nota en internet y ella, en lugar de cerrar la ventana, prefirió mandar a López a prisión.

El problema va más allá de la pelea que tengan estas dos personas. El gran peligro que existe está en el efecto amedrentador sobre los que navegan en internet. Poco a poco, la gente va a preferir inhibirse sobre hacer ciertos comentarios o actividades que hoy en día son consideradas normales en la red. Y la gente que cree que es mejor callar al otro va a tener más alientos. Todo está perdido.

Podrá ser cierto que las autoridades y la sociedad en general estén conformes con este tipo de cosas. “Ya era hora de ponerle un tatequieto”, dirán algunos. Pero bueno, yo no estoy de acuerdo. Yo prefiero que me insulten. Si quieren, escriban en la sección de comentarios todas las cosas ofensivas que se les ocurra. Díganme feo, gordo, idiota, que en la foto estoy mal afeitado, que sólo digo pendejadas, lo que sea. Aunque no tengan razón, voy a aceptarlo.

Incluso, piensen en esa persona que odian o que les causa indignación y, para evitarse problemas, cámbienle el nombre por el mío. Yo no soy una persona tan importante como Escalante. Tal vez nunca tenga uno solo de los cargos que ella ha tenido, pero estoy dispuesto a que la gente me critique.

*Abogado con especialización en periodismo @EmmanuelVP