Los jóvenes de la localidad de San Cristóbal que con break dance acarician los Olímpicos

Los jóvenes de la localidad de San Cristóbal que con break dance acarician los Olímpicos Foto: Archivo particular

Por primera vez se incluyó esta disciplina como deporte en los próximos Juegos Olímpicos de la Juventud. Luego de una convocatoria mundial, dos colombianos lograron clasificar a las instancias preliminares.

Por: Manolo Villota Benítez

El 10 de agosto de 2017, Cristian Martínez y Estefanía Yate, recibieron la noticia más importante de sus vidas. Un mensaje de correo electrónico les informó que eran dos de los preseleccionados para representar a Colombia en la fase clasificatoria de las próximas olimpiadas juveniles.

El hecho, aparte de ser una buena noticia para el país y un orgullo para las familias de estos jóvenes, contiene otros elementos: la disciplina que practican es el break dance, aprendieron empíricamente y hacen parte del primer grupo seleccionado en la historia para ser parte de una competición de esta magnitud.

Todo comenzó en diciembre de 2016 cuando la Junta Ejecutiva del Comité Olímpico Internacional (COI) anunció la inclusión de esta danza urbana, nacida en los 70 en el Bronx de Nueva York, como uno de los nuevos deportes que harán parte del evento  que tomará lugar en Buenos Aires en 2018.

A partir de entonces se habilitó el portal Breaking for Gold. En este, adolescentes de todo el mundo, tanto hombres como mujeres, que estuvieran entre los 14 y 18 años  tendrían que subir   un video audición de  40 segundos mostrando su nivel. El material sería evaluado por un grupo de jurados seleccionados especialmente para este proceso.

Tanto Andrés como Estefanía hicieron la tarea y cumplieron los requisitos para pasar el primer filtro. La siguiente fase se llevará a cabo en Filadelfia este 6 de octubre donde competirán  para alcanzar el cupo definitivo a Argentina. Aunque están felices, llegar a este punto ha significado recorrer un camino lleno de esfuerzo, dedicación y entrega.

Bailarina para siempre

Tania es delgada, de piel morena y de temperamento tranquilo. Tiene 16 años, está pronta a terminar el bachillerato y lleva tres años bailando. “Siempre me gustó la danza, era algo que quería aprender pero no sabía qué estilo elegir”, dice. La señal que esperaba, llegó cuando vio  un afiche donde se anunciaban talleres gratuitos para aprender   break dance en la localidad de Usme.

Ella, empujada por la curiosidad, llegó al lugar y desde aquel momento se enganchó. Los giros, la velocidad, la fuerza que transmitía aquel baile la deslumbraron.  A pesar del entusiasmo que la embargó, en su casa la reacción  no fue muy buena. "Lo veían con prevención, como algo no tan positivo, algo de la calle", cuenta.

Aquello no fue obstáculo para continuar. En los talleres aprendió las bases y conforme  avanzó el tiempo  sus padres notaron que esa actividad en vez de ser algo perjudicial, la disciplinaba. Estefanía  empezó a organizar su horario para poder entrenar y cumplir al mismo tiempo con el colegio.

Buscando mejorar su nivel, se toparía con su actual agrupación, Skyzofrenia Crew, una escuela que  lleva diez años enseñando esta disciplina a niños y jóvenes  y que al tiempo funciona como una fundación que tiene varias líneas de trabajo social en la localidad de San Cristóbal.

"Entrar al  grupo me generó más compromiso. No solo entrenaba, ayudaba a armar eventos y asistía a otros talleres artísticos que nos impartían", cuenta Estefanía quien, valga mencionar, es la única mujer   preclasificada por Colombia para esta fase de los olímpicos.

Cada fin de semana recorre el trayecto  desde Usme hasta San Cristóbal para cumplir  con su entrenamiento.  Los otros días arma su propio horario de práctica lo que le permite mantener un estado físico óptimo.

Ha trabajado por temporadas para costearse los gastos que implica competir en diferentes partes del país y desde ya tiene claro que su vocación es la danza.  Apenas termine el colegio buscará profesionalizarse y aunque sabe que en las academias predominan estilos clásicos, no dejará de lado el breaking pues como ella dice "siempre se puede sacar tiempo para todo".

Media vida de giros y saltos

"Yo tengo dos fechas de nacimiento, cuando llegué al mundo y el día que conocí el baile", así es como Cristián David Martínez´, de 14 años,  resume la importancia del  break dance en su vida, una disciplina a la que ha dedicado  siete años continuos de entreno.

Su encuentro con esta danza se dio a través de videos. Ver cómo aquellos  bailarines en otros países rompían las leyes de la física con sus movimientos lo fascinaban. Desde entonces, la idea de querer hacer lo mismo iba cogiendo cada vez más fuerza; sin embargo, su frustración en aquel tiempo era no saber  dónde encontrar un lugar para aprender.

Todo cambió un día en el colegio.  Se enteró que gracias a un convenio habían abierto talleres de esta danza para los estudiantes en horas de la tarde. Emocionado,  rogó en casa hasta que finalmente su mamá dio permiso y su hermano mayor accedió a llevarlo. Era un 2 de agosto de 2010. Ese día, Cristián nació por segunda vez.

“Reemplacé los juguetes por el baile. Disfrutaba  sacando un paso o aprendiendo una coreografía más que cualquier otra cosa”, dice. Aunque los talleres en el colegio terminaron pasados unos meses, él continuó entrenando con quien estaba al frente del espacio entonces y actualmente considera su maestro, Andrés Sarmiento, uno de los líderes y fundadores de Skyzofrenia Crew.

De este modo, con los años, aquel niño mejoró su técnica; se hacía más rápido, más fuerte, más preciso. Empezó a participar y ganar torneos en Bogotá y en otras ciudades del país. Sus padres decidieron apoyarlo incondicionalmente y hoy que se dispone a viajar a Estados Unidos, se sienten orgullosos de lo conseguido.

Su mamá, Ana María Suescún   cuenta que “al principio solo era algo para que se entretuviera, luego vimos cómo se convertía en una persona muy responsable gracias a la dedicación que le ponía a los entrenos. Eso nos hizo seguir respaldándolo”.

Cristián hoy entrena cinco horas diarias. Luego del colegio llega a su casa, hace tareas y después va a un parque en la localidad de San Cristóbal a practicar. Los fines de semana en la tarde entrena con la escuela de Skyzofrenia, un grupo niños y jóvenes a quienes  considera su segunda familia.

Cuando se le pregunta sobre su futuro menciona varias cosas a la vez: viajar mucho, aprender idiomas, estudiar, pero jamás dejar de bailar porque según él “la danza es la unión de todos los sentimientos expresados en uno".

Rumbo a Buenos Aires

Estefanía  y Cristián no cuentan con la asesoría de expertos e infraestructura especializada como es usual ver en deportistas que se alistan para este tipo de competencias, entre otras cosas, porque el break dance desde que nació hasta la fecha, nunca ha sido cubierto por la formalidad de la academia.

Sin embargo, eso no mina su ánimo.  Ambos han redoblado el entrenamiento y lo hacen con gusto, sin afán, pues más que un deporte para ellos el breaking es un arte que les permite expresarse y divertirse. Ambos coinciden en que para  ensayar al final  solo necesitan un salón y una grabadora con buen sonido.

Aunque el Comité Olímpico cubrirá sus tiquetes de ida y vuelta  a  Estados Unidos, y con mucho esfuerzo sus familiares lograron recaudar el dinero del visado su lucha es conseguir recursos suficiente para los gastos que implica sostenerse en Estados Unidos durante los días de la competencia, una tarea que ven difícil, pero no imposible, colectas virtuales, rifas, ahorros reservados para momentos como este, ningún esfuerzo es menor por conseguir el sueño.

Mientras tanto estos dos adolescentes  día a día  practican  sin descanso.   La esperanza de lograr uno de los 24 cupos disponibles que los llevará a luchar el oro olímpico está más viva que nunca.

Tendrán que medirse con países como Corea, Rusia y Japón que tienen generaciones con un nivel   elevado; sin embargo, ellos aseguran que haber sido seleccionados ya es una enorme ganancia; además, se sienten contentos pues esta  competición abrirá muchas oportunidades a miles de jóvenes en todo el mundo ansiosos por crecer en una danza que hoy ya es universal.