Fuego amigo

Opinión

Fuego amigo Foto: Juan Carlos Sierra / Revista Semana
Ya es hora que dejen de tratar a los militares y policías como peones de la polarización por la paz. Respeto, por favor.
Por: Alfonso Cuéllar06/10/2017 10:14:00

Era inevitable. Sólo faltaban los militares y la policía para caer en el fango en que se ha convertido la discusión política en Colombia. La tregua que se vivió durante la visita del papa Francisco parece historia patria. El odio consume todo; nadie se salva.

Lo irónico es que el ataque contra la institución castrense proviniera de fuego amigo. De aquellos que no cesan de proclamarse sus voceros y defensores. De quienes se arropan del uniforme en cada oportunidad. Como ya es usual en esta Colombia de 2017, las acusaciones y arengas nacen y son propagadas por las redes sociales, en particular Twitter y WhatsApp.

Incluso antes de que el Sumo Pontífice llegara por nuestras tierras, se avizoraba lo que vimos estas últimas semanas. El 22 de agosto el comandante de la Policía de Caquetá se reunió amigablemente con alias ‘El Paisa‘ -el terrorista de terroristas de las Farc- como parte de su labor de garantizar la seguridad del departamento. Congresistas del Centro Democrático trinaron que era “humillante” para la policía. Lo curioso es que para el coronel Jorge Navarro – el presunto ofendido- fue todo lo contrario: “voluntaria y en cumplimiento de poder llevar la oferta institucional a estos espacios territoriales”. El 15 de agosto acabaron las restricciones de acceso de la fuerza pública a las zonas veredales. Es de Perogrullo que se vean con jefes de las Farc.

Esta semana se viralizó un video de unas personas fuertemente armadas y disparando al aire, con el siguiente mensaje: “escoltas de las Farc en Ituango y la fuerza pública sin poder hacer nada. Esto sucedió ayer. ¡Y la cosa hasta ahora comienza!”. A las pocas horas le tocó a la policía y la alcaldía de Ituango aclarar que no eran las Farc ni era en Colombia. Las imágenes son del 17 de septiembre en Durango, México. El objetivo de la mentira era aterrorizar y expresar una presunta solidaridad con la fuerza pública. Se equivocaron de cabo a rabo. Es más: lejos de producir sensibilidad, el video causaba indignación por la falta de control de las autoridades y, irónicamente, de la fuerza pública.

Se ha vuelto común que uribistas como la congresista María Fernanda Cabal, publiquen fotos de agentes de la policía y soldados muertos en atentados. Lo hicieron con los tres héroes muertos en Cauca el 30 de septiembre. Lo hacen para echarle candela a las brasas de la indignación de la opinión pública. Se olvidan de la indignación y humillación que generan esas imágenes a las familias, los padres y madres que se quedaron sin sus hijos, de los hijos que crecerán sin sus padres. No es ético jugar con sus emociones para ganar unos paupérrimos puntos en el juego político.

Este miércoles, el expresidente y senador Álvaro Uribe circuló una foto del senador Iván Cepeda conversando en el Congreso con el general Juan Pablo Rodríguez, comandante general de las Fuerzas Militares. En el tuit, Uribe escribió: “el nuevo comandante general, en nombre de Farc, da instrucciones al general Juan Pablo Rodríguez”. Me imagino que el comentario causó gracia entre muchos de sus 4.9 millones de seguidores en Twitter. Fue retuiteado más de 2300 veces. A mí, en cambio, me produjo estupor. Me pareció insultante para un oficial de semejante trayectoria y prestigio (Nota: Cepeda está acostumbrado a esas acusaciones. Y tampoco es una pera en dulce. Él ha proferido unos epítetos de igual o mayor calado contra Uribe).

Como comandante general, Rodríguez representa a toda la Fuerza Pública. Insinuar, aunque sea en sorna, que se prestaría a servirle a un propósito diferente a la defensa de los intereses de la Nación, es denigrante para él y los miles de hombres y mujeres bajo su mando. La Fuerza Pública cumplió su misión: derrotó a las Farc en el campo de batalla y recuperó la seguridad en centenares de municipios. Fue durante años la única presencia del Estado en media Colombia. Ahora, lidera la difícil transición de ocupar espacios antes manejados al antojo por esa organización terrorista y criminal, al tiempo que se está transformando para enfrentar nuevos retos.

Es indecoroso utilizar la Fuerza Pública como un trompo de poner o como peones en una estrategia electoral. Siempre he admirado a los militares que entienden más que los civiles de escritorio, que la guerra es el fracaso de la política, que el uso de la fuerza es un último recurso.

Una de las consecuencias nefastas de esta polarización es que pasemos por alto la labor de nuestros héroes. La semana pasada se anunció el retiro en noviembre del general Javier Flórez, el hombre que condujo la desmovilización y desarme de las Farc. Flórez participó en las operaciones donde se neutralizó a gran parte del Secretariado y luego jugó un papel fundamental en la mesa de negociaciones en La Habana. Allí definió las condiciones y los tiempos del desmonte de esa organización guerrillera. Hay consenso en que de todo el acuerdo de 300 y pico páginas, las más detalladas y rigurosas son las que Flórez líderó. Colombia le debe demasiado a hombres y mujeres como el general Flórez. No dejemos que, por la rabia, perdamos el norte.

En Twitter Fonzi65

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