Narrativas en conflicto

Narrativas en conflicto Foto: Juan Carlos Sierra

De la manera en que decida operar la libertad de expresión y la crítica cultural ante el desafío de la transición planetaria hacia la sostenibilidad dependerá la construcción de ese ambientalismo maduro que queremos y necesitamos en un mundo lleno de conflictos a veces más simbólicos e ideológicos que empíricamente validados.

Hace algún tiempo una ONG global de mucho prestigio imprimió un afiche para alertar a las personas acerca de los efectos potencialmente letales del cambio climático. Junto a una foto de un humano con un solo ojo y apariencia de batracio decía que había que cambiar antes de que el efecto global nos cambiase.

Muy espectacular, claro y contundente, pero terriblemente equivocado: primero, porque el cambio climático ya se detonó y comienza a notarse a escala local y planetaria. Segundo, porque la naturaleza del cambio no puede ser prejuzgada con los parámetros de hoy y tal vez debamos convertirnos en batracios para sobrevivir.

En las redes sociales abundan las narrativas para generar conciencia acerca de miles de cosas. La noción de “awareness” o alerta social para estar más atentos a factores de riesgo de todo tipo configura uno de los campos más interesantes de la semiología contemporánea, al punto que Umberto Eco escribía cotidianamente en la prensa al respecto: la construcción del mundo simbólico, el más propio de lo humano, constituye una de las revoluciones más radicales de nuestra historia.

En medio de las redes sociales que permiten que cualquier cosa sea percibida, transmitida, modificada, debatida y reelaborada al infinito se juega a redefinir una identidad planetaria mucho más fluida y con la abundancia de información, se plantea un reposicionamiento de todas las cosas, una especie de reingeniería global que reconfigura por completo nuestra existencia. No se puede esperar que las innovaciones tecnológicas y sociales sean inocuas…

La neuroeconomía está haciendo uso de esta reestructuración del mundo mental a partir de la comprensión del origen profundo de las preferencias de las personas, cuestionando la libertad humana y la noción de autonomía, algo que sin embargo las grandes religiones y movimientos políticos vienen haciendo desde tiempos inmemoriales con el uso combinado de la espada y la palabra.

La publicidad y la propaganda son las tecnologías que apelan a la combinación de las emociones, la estética y los intereses para guiar los comportamientos de la gente, lo cual obliga a considerar la ética de las comunicaciones en la era del cambio ambiental: nos preguntamos si ante las circunstancias se justifican los esfuerzos para reprogramar los comportamientos humanos que inciden en el calentamiento global mediante cualquier estrategia…

El diseño de las preguntas en que se basan los referendos o las consultas a una colectividad debe pasar precisamente por ese filtro: no es adecuado tratar de responder problemas complejos con preguntas simplistas o sin un proceso de ilustración y declaración de intereses previos que permita cotejar las intenciones implícitas de cualquier afirmación. Es la base de una democracia que toma decisiones ilustradas, no basadas en ningún tipo de clientela.

La pregunta va dirigida a todas las personas e instituciones que desarrollan campañas ambientales o antiambientales, a quienes buscan beneficiarse económicamente de las circunstancias, a quienes se vinculan el tema para resignificar sus propios discursos o simplemente para reencaucharlos y aprovecharse de ellos de manera oportunista.

De la manera en que decida operar la libertad de expresión y la crítica cultural ante el desafío de la transición planetaria hacia la sostenibilidad dependerá la construcción de ese ambientalismo maduro que queremos y necesitamos en un mundo lleno de conflictos a veces más simbólicos e ideológicos que empíricamente validados.

Addenda: Escribo esto en medio de la reflexión y tristeza a raíz del retiro de León Valencia de la versión impresa de esta casa editorial. Creo que se pierde una pluma vigorosa, crítica y transparente, respetuosa e indispensable para alimentar esos debates simbólicos a los que hago referencia y que definirán el futuro de la paz en Colombia y la capacidad de nuestra sociedad de afrontar una en la diversidad los retos del cambio global.

*Directora general Instituto Humboldt