¿Quién se perjudica con nuestros matrimonios?

Estos son los testimonios de las parejas del mismo sexo a las que la Procuraduría busca anularles el matrimonio. Este jueves hablan en la Corte Constitucional.

La sala de audiencias de la Corte Constitucional tendrá este jueves uno de los días más trascendentales de su historia reciente: la audiencia sobre el matrimonio igualitario. Marcela Rojas y Adriana Gonzalez, una de las parejas que tiene su caso en ese alto tribunal, llevan varios días preparando su intervención. El momento es histórico, el auditorio es complejo y ambas se la están jugando toda.

A la cita asistirá toda la plana mayor del Estado. Irá el fiscal, el procurador, los ministros de Justicia e Interior, el Superintendente de Notariado y Registro, el Defensor del Pueblo. También estará el director de Human Rights Watch, José Miguel Vivanco, el alto Comisionado de las Naciones Unidas, Todd Howland y una decena expertos internacionales.

Pero ellos no hablarán primero. La audiencia abrirá con los testimonios de personas como Marcela y Adriana.  Ese alto tribunal está a punto de fallar si sus matrimonios, que se han realizado en diferentes juzgados del país, son válidos o no. Sus casos están en la corte pues la Procuraduría interpuso una tutela contra sus uniones.

Semana.com reunió a tres parejas del mismo sexo que han vivido está situación – se cree que en el país son cerca de 40 uniones- y que están a la espera de lo que decida la corte. Estas son sus historias:

“Nos casamos a escondidas”

Adriana y Marcela han luchado tanto por estar juntas que dicen duraron siete años casándose. Su romance comenzó en 2005 y al poco tiempo se comprometieron en la punta de la torre Eiffel. Recorrieron decenas de notarías, llenaron igual número de formularios donde les preguntaban quién era el esposo y quién la esposa, y lograron que les reconocieran una unión marital de hecho en el 2007.

Luego del fallo de la Corte Constitucional una juez que aceptó casarlas. Se trata de Luz Stella Agray, una funcionaria de la rama judicial que cree que la sentencia de ese alto tribunal sí permite que estas parejas puedan tener un matrimonio como las heterosexuales. Agray también estará defenderá su posición en la corte.

“Nos dijo un lunes que sí y el matrimonio fue ese mismo viernes”, cuenta Adriana. Ese día, las dos se despertaron sin saber qué pasaría. El matrimonio era a las tres, pero la jueza les pidió llegar antes por si llegaban manifestantes a bloquear la entrada. Fueron a la peluquería y lloraron de la angustia mientras las maquillaban.

Cuando llegaron al juzgado, les tocó cambiarse en medio de expedientes en un despacho pues no podían entrar de blanco para no despertar sospechas. Antes de dar el sí, tuvieron que firmar la notificación de una tutela interpuesta por la Procuraduría que buscaba anular su unión. “¿Quién se perjudica con nuestro matrimonio?”.

“La Procuraduría nos saboteó”

Al matrimonio de Carlos Rivera y Gonzalo Ruiz llegó un funcionario de la Procuraduría. Aunque no estaba invitado, echó un discurso más largo que el del juez y al mejor estilo de las películas se opuso a su boda. Su intervención iba a ser breve, pero duro casi cuatro horas.

La pareja de novios lo escuchaba con angustia, mientras oían a lo lejos la algarabía en las calles de quienes se oponían o aplaudían su unión. “Nos sentimos agredidos por una Procuraduría que debería estar es defendiendo a la gente. Fue violento”, recuerda hoy Gonzalo.

“Esta cita es como quitar la última piedra en este muro de Berlín, es un proceso en el que estamos desde hace unos cuatro o cinco años”, dijo Carlos antes de entrar al juzgado.

Sin embargo, después de semejante lucha, el juez los declaró casados, pero no en ‘matrimonio’. Les explicó que era un contrato innominado que tenía los efectos del matrimonio, pero no era propiamente tal.

Por eso, ellos están a la espera de lo que decida la Corte pues piensan volver a los juzgados para acceder a sus derechos plenos pues hasta ahora ni siquiera han podido registrar su unión. “Esto es una lucha del fanatismo religioso contra los derechos civiles. Lo que nos ha dado fortaleza es saber que somos el primer matrimonio y que estamos rompiendo el esquema”, concluye Carlos.

“Divorcio o la muerte”

Claudia Zea y Elizabeth Castillo prometieron amarse toda la vida, después de seis años de noviazgo, en medio del agua helada de la Laguna de Tota. Aunque ya habían celebrado una ceremonia simbólica en el Jardín Botánico, cuando se cumplió el plazo de la Corte fueron las primeras en ir a llevar los papeles para casarse por lo civil.

Llegaron a los juzgados vestidas con una camiseta violeta que decía “sí al matrimonio igualitario” y Elizabeth pronunció un discurso con un megáfono: “Para los homosexuales casarse se convirtió en un acto de valentía”, dijo emocionada.

Sin embargo, pasaron las semanas y nadie quería formalizar su unión en Bogotá, por lo que tuvieron que ir a un pueblo. La juez les advirtió que la ceremonia tenía que ser en sigilo por razones de “orden público” pues podían aparecer cientos de manifestantes. “No podíamos decirle a nadie, ni a nuestras familias. Fue muy agobiante ese secreto”, cuenta Claudia.

A la semana siguiente se enteraron que había una tutela en su contra. “Nosotros creíamos que la tutela era para dar derechos y no para quitarlos. ¿Qué hará la Corte, piensa anular los matrimonios vigentes?”, se pregunta Elizabeth.