Sábado, 21 de enero de 2017

| 2006/05/16 00:00

MamBo pop y político

Equipo Crónica cumple cuarenta años de haberse fundado. No es un club deportivo, ni un grupo periódistico, es el experimento más subversivo del arte español de sátira y político.

MamBo pop y político

Equipo Crónica es el nombre del colectivo artístico formado en 1965 por los pintores valencianos Manolo Valdés y Rafael Solbes y disuelto en 1981 con la muerte de este último. Su obra conjunta es una de las más importantes del arte español de la segunda mitad del siglo xx. Aunque por cronología y aspecto visual se suele incluir a “los Crónica” en la escuela de arte pop, lo cierto es que su ideología política fue mucho más determinante que su relación con el pop estadounidense, que a menudo usaban como mero proveedor de imágenes. Valdés y Solbes tomaron los aspectos formales del pop como instrumentos que, mezclados con otros recursos, dan lugar a una obra ecléctica, pero de clara intención política.

Las obras de ec incorporan imágenes procedentes del mundo de la comunicación, el cine, el cómic o la publicidad, pero también interactúan constantemente con la obra de otros pintores, cuyas imágenes “homenajean” manteniendo el estilo del cuadro de procedencia. A menudo se ha dicho que se trata de un arte metapictórico, pues en sus obras siempre “reciclan” imágenes creadas por otros, en un incesante diálogo sobre el lenguaje artístico y los modos de representar el mundo. Pero es su marcada finalidad política y social lo que los distingue del resto del arte pop, a menudo caracterizado por la atención a las formas y la carencia de una ideología o un compromiso social.

Para entender la obra de Equipo Crónica hay que situarse en los años de su aparición y desarrollo, es decir, entre 1964 y 1981. En esa etapa España vivió dos periodos claramente diferenciados: la última década de la dictadura del general Franco, de 1964 a 1975, y la transición a la democracia, de 1976 a 1981. El año de nacimiento de ec es un momento importante en la evolución de la historia del franquismo. En 1964 se había producido ya el “despegue” de la economía española y el país estaba viviendo el comienzo de la mayor trasformación de su historia. España se modernizaba y el cambio afectaba a todo y a todos.

Por ello, uno de los aspectos más interesantes del Equipo Crónica es que, en un momento de enriquecimiento generalizado que parecía invitar a la autocomplacencia, Valdés y Solbes se obstinaron en denunciar el mundo que los rodeaba y contribuir, en la medida de lo posible, a cambiarlo. Esto los distanciaba claramente de la tradición narcisista del arte moderno, pero, además, los situaba a años luz incluso del arte pop más avanzado, pues si la modernidad del pop consistió en trillar las imágenes prefabricadas de la sociedad industrial para parodiar la maquinización del individuo, los Crónica subvertían las propias imágenes del arte pop, casi recién salidas del horno, para denunciar la sociedad en general, incluido el pop mismo.

En cuanto a sus influencias y características propias, que las hay, quizá las más obvias sean el diseño revolucionario ruso de principios de siglo, como el constructivismo agit-prop de El Lissitzky, los fotomontajes antinazis de John Hartfield o el cartelismo republicano español representado por Joseph Renau, a quien ec dedica la serie El cartel (1973). La utilización de los medios visuales masivos –cartel, cine, fotografía y cómic–, así como las referencias a la pintura clásica española de los siglos xvii y xviii –Velázquez, El Greco, Goya– y a las vanguardias artísticas del siglo xx –Warhol, Liechtenstein, Rauschenberg–, fueron los ingredientes de un trabajo que supuso una nueva mirada sobre la historia del arte y la actualidad política, económica y social del momento.

El pasado y el presente se funden y confunden en la imaginación de estos creadores que, sin miedo a los valores establecidos, tocan y trastocan los iconos artísticos –Las Meninas o el Guernica de Picasso–, la imaginería popular –las sevillanas, los toreros, los abanicos–, los referentes cinematográficos –pistolas, sombreros y tipos duros del cine negro estadounidense–, los personajes monárquicos –Carlos iii y Felipe ii–, los recursos del cómic –textos sobreimpresos– y la publicidad –marcas españolas y extranjeras–, abasteciéndose en ocasiones de técnicas ajenas, para adquirir un carácter propio, singular y genuino que los distingue de cualquier corriente establecida.
Por todo ello, Equipo Crónica es un caso único dentro del arte pop europeo. La conjunción de calidad artística con ideología política, la renovación del lenguaje figurativo, la investigación de la mecánica de la comunicación, la denuncia de la imagen como medio de manipulación en manos de la sociedad de consumo y los medios de información, la búsqueda de una interacción con el público, la apropiación de los símbolos colectivos y la subversión de los valores dominantes son los serios propósitos de su programa. Movidos por su constante voluntad de agitación, Valdés y Solbes se dirigen al espectador casi con violencia, usando un procedimiento de asimilación descarado y subversivo, que al trastocar imágenes sobradamente conocidas, rompe la ilusión que creaba el realismo clásico e impide al espectador aceptar la obra, obligándolo a tomar partido o a leer entre líneas. Pero su mérito está en lograr esta ruptura valiéndose del humor, desde la ironía ambigua hasta la socarronería insolente, que se revela como la manera más eficaz de desmitificar los valores dominantes.

Aunque en 1984 Manolo Valdés recibió el Premio Nacional de Bellas Artes y en 1999 el Premio aeca al mejor artista español, en los círculos artísticos españoles se tiene la sensación de que el Equipo Crónica no ha recibido de su país toda la atención que merece. En la España de la especulación inmobiliaria y la cursilería advenediza da la impresión de que nadie se acuerda ya de estos dos artistas que creían en la capacidad del arte para agitar las conciencias. Es una lástima que sus cuadros subversivos y rebeldes adornen hoy los salones de algún nuevo rico que, sin saber siquiera los nombres de sus autores, los haya comprado porque le hacen juego con el sofá. Ya lo decía Shakespeare: “¡Oh Tiempo, devorador y consumidor de todas las cosas!” .

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