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Semana.com | Artículos de Jesús Pérez González-Rubio

Opinión

  • Jesús Pérez González-Rubio

  • Señalaba en escrito anterior cómo, de conformidad con el a.2° numeral 2 de la ley estatutaria No.1806/16, el Plebiscito que se votó el 2 de octubre fue un “Plebiscito por la paz”, y que como tal lo fue sobre un derecho fundamental lo que resulta constitucionalmente reprochable. Por la misma razón era inadmisible jurídica y políticamente hablando el referendo propuesto por la senadora Viviane Morales destinado a discriminar en contra de solteros, solteras y parejas homoparentales. Frente a la llamada “democracia de mayorías” que implica la peligrosa posibilidad de arrasar con los derechos de las minorías, los demócratas liberales oponemos “la democracia de los derechos”.

  • Se cumplió el pasado 2 de octubre un año del Plebiscito sobre la paz firmada con las Farc. Mediante este, esta fue sometida por el presidente a la suerte del voto popular, a una consulta que según el a.2° del proyecto de ley estatutaria (No.094 de 2.015 Senado, 156 de 2.015, Cámara. Ley Estatutaria 1806/16) en sus numerales 2 y 3 era un “Plebiscito por la paz”. Sí, un “Plebiscito por la paz”. Fue un riesgo innecesario y en mi opinión inconstitucional porque esa paz firmada con las Farc es una aplicación concreta del derecho constitucional fundamental consagrado en el a.22 de la Carta según el cual “la paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento”.

  • Estos son en mi opinión los criterios a partir de los cuales se debe buscar un consenso alrededor de las reformas.

  • Para frustrar el intento de devolvernos a la violencia del pasado, es necesario crear una fuerza electoral lo más amplia posible en la que participen todos quienes apoyan la paz, todos los demócratas y liberales de ideas, aún a costa de que los exguerrilleros vayan al Congreso y no a la cárcel.

  • La paz, en tanto que cesación de la confrontación armada, ha tomado nuevo vuelo, eso espero, con la visita del Papa quien nos puso de presente la obligación de tratarnos como hermanos y no como enemigos, independientemente de las diferencias o conflictos de carácter político o personal que surjan entre nosotros. La diversidad de opiniones es una riqueza que no debe servir para la descalificación personal.

  • La posibilidad de tener candidatos por firmas es actualmente una especie de vía de escape de la asfixiante olla a presión del sistema clientelista que nos oprime. El proyecto de reforma conduce a eliminarla.

  • Del discurso del presidente en la instalación de las Cámaras el 20 de julio quisiera resaltar conceptos como los siguientes: “La paz es un derecho constitucional y lo que aquí se ha hecho es contribuir a la realización de este derecho”.

  • Dejemos a la Corte Constitucional cumplir libremente, independientemente, con su deber de defender la supremacía y la integridad de la Constitución.

  • Necesitamos candidatos presidenciales que se comprometan con el cambio fundamental de hacer operar en Colombia en toda su extensión y profundidad el derecho a la igualdad de oportunidades que es exactamente lo contrario del clientelismo.

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