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| 9/16/1996 12:00:00 AM

1,2,3, DIALOGO OTRA VEZ

Hay ambiente de diálogo con la guerrilla. Varios elementos dispersos se empiezan a unir para llevar al país a un clima muy parecido a todos aquellos que han terminado con los delegados de la guerrilla y el gobierno sentados en una mesa de negociaciones para discutir sobre la paz. Uno de ellos es el del alboroto con los departamentos del sur, relacionado con los cultivadores de coca. Flota en el ambiente de las protestas la presencia guerrillera, aunque resulta una simpleza afirmar que la única razón por la cual los campesinos están protestando es porque los obligan los narcos y los insurgentes. Hay dos hechos que amarran a la guerrilla a ese proceso. Uno, el que en medio de la discusión sobre los mecanismos para solucionar el problema campesino haya surgido de repente la propuesta de instalar una mesa nacional de negociaciones para unir el tema del Putumayo, Guaviare y Caquetá al de la paz en el resto del país. Es una réplica exacta del esquema del diálogo nacional que impulsó la guerrilla durante el gobierno de Belisario Betancur. Y el otro, la información aún no confirmada del todo de que el máximo dirigente del campesinado, quien firmó a nombre del movimiento los primeros acuerdos con el gobierno, puede ser un destacado líder guerrillero. Por otra parte, el gobierno le suelta la cuerda a los gobiernos de Antioquia y Nariño en el tema de los diálogos regionales. Ese tipo de conversaciones no significan negociaciones de desmovilización, sino más bien búsquedas de convivencia pacífica. Pero el hecho de que ese tema haya estado prohibido desde el gobierno Gaviria y hasta la fecha, para impedir que el tema del muñequeo político con la guerrilla se salga de las manos del gobierno, y se haya soltado ahora, es una muestra de hacia dónde están avanzando las aguas en esa materia. Mientras todo esto ocurre, el ex canciller Augusto Ramírez Ocampo recibe una carta de Manuel Marulanda Vélez, 'Tirofijo', en la que se vuelven a sugerir los mismos mecanismos prácticos de conversación que hace un tiempo provocaron el alboroto militar que culminó con la frase lapidaria de Ernesto Samper: "Aquí mando yo". La carta de 'Tirofijo' a Augusto Ramírez fue la respuesta a una viejísima misiva del ex constituyente, en su calidad de miembro de la Comisión de Reconciliación. Esto querría decir que en los últimos tiempos ha surgido algo que lleva a la guerrilla a la conclusión de que ha llegado el momento de volver a hablar. Ese algo puede ser cualquier cosa: podría corresponder a un análisis guerrillero sobre la debilidad del gobierno de Samper, lo cual mejoraría la capacidad negociadora de la guerrilla; podría ser que quieren hacer coincidir las protestas campesinas con las conversaciones, para darle respaldo popular efectivo a las Farc durante las negociaciones; podría ser también que los guerrilleros quieren involucrar al gobierno en el problema que tienen con los secuestros de familiares suyos por parte de los paramilitares; podría ser que ya se han cruzado mensajes entre gobierno y guerrilla y se acerca el momento de la charla; o podría ser un poco de todo lo anterior. Esos elementos dispersos se suman a unas declaraciones que parecen proclives a esa salida, pronunciadas la semana pasada por el ministro del Interior, Horacio Serpa, quien estaría sin duda al frente de una estrategia de negociación con la guerrilla. El momento es complicado para emprender un proceso de esa naturaleza, pero también es cierto que para esto nunca hay momento bueno. Es posible que cuando la crisis es más profunda es cuando las partes del conflicto asumen posiciones más definitivas. Habrá que prepararse, pues, para lo que parece inevitable, y sumarle un elemento más de angustia al agitado gobierno de Ernesto Samper Pizano.
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