Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1999/05/10 00:00

ACTOS IMAGINARIOS

ACTOS IMAGINARIOS

A propósito de la nota aparecida en SEMANA bajo el título '¿Quién tira la primera piedra?',
viene a mi memoria que precisamente en materia de piedras lanzadas impunemente contra mi buen nombre
ya es posible contabilizarlas por montones, muchas de ellas lastimosamente arrojadas desde las páginas
de su influyente revista. Si bien es cierto que la fuerza probatoria de lo realmente sucedido ha obligado a los
medios a modificar sus anticipadas condenas por los imaginarios actos de corrupción que inicialmente me
endilgaron, también es igualmente cierto que ante esa inexistencia de cargos serios se optó por gestar el
surgimiento de una novedosa descalificación que consiste en ser supuestamente "el banquero que
aprovechó su nombramiento en el Banco del Estado para prestar dineros a los amigos del presidente
Pastrana".Independientemente de lo favorable que para mi causa resulta este cambio de 'status', pues al fin
y al cabo de cara a la injusticia siempre es mejor ser tildado de amiguista y no de corrupto, debo indicar que
SEMANA fue de nuevo en su último artículo superficial y leve en sus afirmaciones.En efecto, le hubiera
bastado una simple confrontación objetiva de fechas para establecer que en realidad los créditos otorgados al
ex embajador Pardo Koppel o al ministro Araújo fueron aprobados y desembolsados durante una presidencia
anterior a la mía en el banco y, por ende, durante el cuatrienio del presidente Samper. (Y que ahora no se diga
que como vicepresidente del banco de aquel entonces realicé la audaz gestión de convencer al presidente
y a la junta directiva del Banco del Estado _elegidos por el gobierno Samper_ para hacerles favores a
algunos amigos del futuro presidente Pastrana pues eso sería rayar en un grotesco absurdo).Adicionalmente
debo indicar que en el caso del doctor Diego Pardo, ya como presidente del Banco del Estado, fui la
persona que exigió contractualmente una cláusula según la cual la dación en pago realizada a través de pauta
publicitaria carecería de toda validez si a juicio del banco se disminuyera el valor comercial de la pauta
recibida o se dificultara su realización.Quisiera estar equivocado pero en realidad de verdad con todo lo
sucedido, resulta decepcionante que SEMANA, a quien de manera exclusiva dediqué varias horas y
sesiones sobre mi caso y quien fueran el único medio periodístico que en su momento recibió amplias
explicaciones de mi equipo de abogados y copia completa de los documentos que exhibiría en mi
defensa, haya ignorado abiertamente toda esa valiosa información y, pese a los cumplidos que en su
momento recibí por la solidez de mis pruebas y mis argumentos, haya optado por el errático camino del lugar
común.Lo sucedido me demuestra la triste vigencia de una nueva máxima que tiende a imponerse de
manera macabra en nuestro medio periodístico: "lo rentable es el escándalo porque escribir sobre la
inocencia de las personas no es noticia...". Henry Avila Herrera Bogotá

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