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| 5/16/2014 12:00:00 AM

Cartas

"La situación tan polarizada es muy angustiosa" Roberto Meléndez

Aclaración

N. de la R. En la edición n.° 1670 publicamos un confidencial en el cual se decía que Fernando Londoño y Londoño había sido propietario del diario ‘El Pueblo’ de Cali. Quisiéramos aclarar que se trata de un error pues el fundador de ese periódico fue el conocido empresario vallecaucano Luis Carlos Londoño y no el patriarca caldense. Mil disculpas por los inconvenientes que pudimos haber causado por esta imperdonable confusión.   

Los mejores testigos

En relación al artículo ‘La versión de Jota Jota’ (edición n.° 1671) por Daniel Coronell, veo solo la versión directa de uno de los protagonistas de la noticia. Si dos fuentes se contradicen es posible acudir a una tercera fuente que ratifique o desestime a las dos anteriores. Fue un gran artículo periodístico el de la edición n.°  1670 ‘La comba al palo’. Tengo serias dudas si no faltó una entrevista periodística  a Javier Antonio Comba, en aras del equilibrio periodístico que mantiene siempre Daniel Coronell, entrevista en la que se aclararían unas cuantas  cuestiones.

¿Fueron los abogados de la mafia  los emisarios e intermediarios  que entregaron 12 millones de dólares?  Ellos son los mejores testigos. ¿Cuáles fueron las misiones exactas y para quién trabajaban y dónde está la declaración de renta de  los señores Ignacio Londoño Zabala, Francisco Galán, José Mira y  Germán  Chica ?

¿Por qué se mantuvieron en silencio por cuatro años estos hechos? Sabemos que nadie entrega 12 millones de dólares a cambio de nada o por llevar una carta, ni por una razón altruista o labor social.

Finalmente en la entrevista de Daniel Coronell a  J.J. Rendón no se le pregunta  ni se le pide su declaración de renta para las fechas de estos hechos.

Luis Andrés Forero 
Bogotá

La letra con hambre no entra

Leí con cuidado y detenimiento (SEMANA n.°1670) la opinión y el pensamiento de diez personajes de alta capacidad: exministras, presidentes de importantes corporaciones y entidades, profesionales en distintos campos, en fin, voces autorizadas que consideran la actual situación de la educación en Colombia desde la primaria, la secundaria, la profesional y la técnica y las políticas que, según ellos, se deben aplicar para obtener una satisfactoria solución, a corto plazo si es posible, al gravísimo problema que representa, ahora mismo, niveles educativos muy bajos de rendimiento, lo que se confirma, lamentablemente, en las diferentes pruebas como las de Pisa recientemente efectuadas.
 
Es de advertir, fehacientemente, que dichas diversas opiniones de tan calificados profesionales han sido vertidas, como se dice popularmente en el ambiente taurino, viendo la corrida desde la barrera, considerando que el problema solo afectaba a los estudiantes de alto nivel, es decir, bachilleres, universitarios y hasta profesionales. 

De buena fe o porque los personajes que dieron su opinión no lo sufrieron en carne propia, se olvidaron de mencionar el problema más grave, más real y doloroso, cual es el hambre que sufren y soportan aquellos niños que asisten al aula escolar a recibir la enseñanza de las primeras letras y de los primeros números y que debido al penoso estado de miseria casi absoluta de sus padres, no pueden tomar el primer alimento del día, aunque sea muy poco, lo que los obliga a llegar en muy malas condiciones a su salón de clase. 

Por experiencia propia, pues fui profesor en uno de tantos pueblos de gente pobre en mi departamento, de los 27 alumnos de mi grupo, con los que iniciaba la clase en la mañana, cinco o seis al cabo de poco tiempo descansaban la cabeza en su pupitre y no propiamente por sentir sueño o porque les pareciera cansona o mal dictada la clase, sino, lo más lamentable, por física hambre, lo que hacía que algunos de sus compañeritos, de mejor suerte, compartieran con ellos parte de sus alimentos. 

Solamente dos de los personajes que opinaron tocaron el tema de la necesaria alimentación de los infantes: uno lo tocó ligeramente, los siete restantes…nada.

 Lo antes narrado que es real y aún se presenta en muchos lugares, nos hace pensar que el recurrente problema proviene desde la cuna. Claro está que no todos los alumnos del país pasan por esta pesadumbre, pero ante la realidad de que los casos sí suceden nos lleva a pensar, entre otras cosas lo siguiente:

¿Cómo se le puede pedir a un pequeño en tales condiciones que atienda, piense y, lo más importante, asimile y aprenda algo de lo que se le está enseñando? ¿En tal estado su cerebro funcionará adecuadamente?

 ¿Quién puede asegurar que aquel niño hambriento en un futuro y con gran esfuerzo y algo recuperado, con gran fuerza de voluntad, luego de juicioso estudio, no pueda llegar a ser un personaje valioso para la sociedad y para la Patria?  Lo que me he tomado la libertad de narrar y lo que personalmente pienso del futuro de un niño hambriento me hace pensar nuevamente que el problema para miles de niños, no solo en Colombia, sino en muchos países del mundo se inicia en la cuna. 

Parodiando un poco aquel terrible y horrible dicho de tiempos idos: “La letra con sangre entra”, yo diría entonces… “La letra con hambre no entra”.

Julio César Trujillo Vélez
Buga

El comunismo sigue vivo

Me tomo la libertad de contradecir la afirmación que la columnista María Jimena Duzán hace en la página 38 de la edición n.° 1671 de SEMANA, en el sentido de que “el comunismo se acabó con la caída del muro de Berlín.” La caída de lo que Kennedy llamó “el muro de la infamia”, ocurrida en 1989, significó sí el principio del fin de la Unión Soviética, que vino a desaparecer dos años después, en 1991, y con su desaparición se vino al suelo el comunismo soviético. Pero el comunismo no se ha acabado, ni mucho menos, sigue vivito y coleando nada menos que en China, la nación más populosa del mundo, y además en Cuba, Corea del Norte, Vietnam, Laos y Camboya, o Cambodia, como dicen otros. Sería conveniente entonces que, en gracia a la verdad histórica, la revista corrigiera esa gafe, a fin de evitar que los miles de lectores de SEMANA, entre los cuales me cuento a mucho honor, crean que puedan visitar tales remanentes del dinosaurio soviético, en la creencia equivocada de que pueden disfrutar en ellos de la libertad de que disfrutamos quienes, por fortuna, vivimos bajo el signo de la democracia occidental.

Humberto Molano Molina
Cali

De César Pagano

Me parece que la admirada periodista María Jimena Duzán, influenciada por el recuerdo de las buenas épocas vividas y disfrutadas en el  dichoso e histórico Goce Pagano  de 36 años de existencia, tituló de manera inexacta  la entrevista  que tuvimos y llevó a que solo quedara en todo el escrito la referencia a este añejo lugar  y no como correspondía sobre  Salomé Pagana, que es el establecimiento que realmente ha cerrado  sus puertas y servicios a sus contertulios en  la Zona Rosa de Bogotá.

La mayor vergüenza con este malentendido, la he sentido con Gustavo Bustamante, dueño del Goce Pagano, establecimiento inicial del año 1978. En segundo lugar con mis cercanos familiares Diego Naranjo y su hijo Saúk Naranjo, propietarios y animadores del Goce Pagano del eje oriental de la ciudad, pues parte de sus habituales visitantes se han confundido y los han llamado para preguntarles sobre el supuesto cierre de sus centros fiesteros.

Les ruego destacar en la misma forma esta involuntaria equivocación para tratar de resarcir dignamente a los afectados con la verdad de  su existencia de sus respectivos Goces Paganos  que prosigue normal, alegre y vigorosa.

César ‘Pagano’ Villegas
Bogotá
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