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| 2/22/2014 12:00:00 AM

Cartas

Nuestro glorioso Ejército merece que solo lo integren los mejores hombres. Julio Robayo

Independencia e intrepidez

Una vez más quedan demostradas la independencia y la intrepidez de la revista con el informe sobre los casos de corrupción en el Ejército (n.° 1659). No es la primera –ni va a ser la última– que se aprovecha el inmenso gasto de sostenimiento de un Ejército metido en una guerra fratricida por parte de unos cuantos avivatos para quedarse con una buena tajada de los contratos. Sumémosle a esto las irrisorias condenas y las condiciones de reclusión en cómodos establecimientos desde donde continúan su macabra labor.

El otro informe, muy oportuno por cierto, nos deja todavía más desesperanza en vísperas de elecciones. La consabida herencia de curules y de administraciones regionales en manos de familiares de políticos condenados, o en vías de serlo, le agrega más leña al fuego.
Nos queda la remota esperanza de un acuerdo de paz en medio del fuego de los fusiles y el estruendo de la politiquería y la corrupción.

Jorge L. Yanez Infante
Cúcuta


Hasta los tuétanos

En relación con los artículos ‘Los negocios en el Ejército’ (SEMANA n.° 1659) mi primer comentario es ¡Gracias a Dios por el periodismo!

Las situaciones de corrupción dentro del medio castrense relatadas en ellos explican en gran medida el porqué de lo inmanejable de la seguridad en nuestro país. Si los encargados de defendernos de los bandidos están tan ocupados en sus negocios, no les queda tiempo para cumplir su misión constitucional. Y deja también bien claro que quienes llegan a la cúpula no son ni de lejos los más capaces, estudiosos, valientes y comprometidos... Nooo, esos se quedan de mandos medios porque, como en casi todos los ámbitos del Estado colombiano, los líderes son los que están involucrados en la mafia de la corrupción.

Qué tristeza da pensar en la masa de soldados y demás subalternos que entregan su vida y su bienestar convencidos de una causa noble, cuando sus comandantes son indiferentes a sus necesidades de ración, transporte, comunicación, etcétera, por lograr solamente el bienestar de su ‘vara’.

Se cae de su peso suponer que un militar (como cualquier otro funcionario del Estado) devenga para vivir con decoro pero no para ser millonario, como lo son la mayoría de los generales.
Tiene la sociedad colombiana una deuda grande con los periodistas que denuncian estas situaciones y somos afortunados de que aún puedan hacerlo. Ojalá que nunca lleguemos a prescindir de su labor y quiera Dios que podamos curarnos de este cáncer de la corrupción que llega hasta los tuétanos del sector público y privado.

Beatriz Torres
Bogotá

Exitoso y eficaz

Indignación, estupor y perplejidad por la corrupción en el Ejército Colombiano. Lo más grave es cómo quedan ante la opinión pública los entes de control ante este nuevo hecho repudiable. Primero las chuzadas, aun no bien aclaradas, y ahora los negocios con dineros del Estado. El periodismo investigativo como el de SEMANA es mucho más exitoso y eficaz que todas la ‘-ías’ reunidas (la Contraloría, la Procuraduría y la Fiscalía). Adelante, sin miedo y con pundonor. Quien ha de caer, que caiga.

Norberto Ortega Vargas
Pasto


Apoyamos totalmente

Nuestra familia considera la revista SEMANA como la mejor publicación del país. Apoyamos totalmente la dura tarea de sus investigadores y no dudamos de la veracidad de las mismas. Por favor, sabemos que es difícil pero sigan adelante. Saludo afectuoso.

P. d.:
Mi mamá es viuda de un oficial del Ejército.

Pulis Ledezma Zafra
Bucaramanga


El precio del silencio

En relación con su artículo ‘Los negocios del Ejército’ publicado en la edición n.° 1659, se evidencia que, al parecer, el coronel González del Río está vendiendo caro su silencio en lo que respecta a la información detallada que puede tener sobre los falsos positivos –y quién sabe qué otros temas ilícitos o delictivos que aún no han salido a la luz pública– y que involucra muy probablemente a militares activos de alto rango en la actualidad. Aparentemente, el coronel González del Río es un oficial que no tiene ya nada que perder, y sí mucho que ganar, toda vez que perdiendo su honor militar solo le puede quedar el afán de lucro. Cabe recordar que los falsos positivos se dieron durante el gobierno de la “Mano firme, corazón grande”, el mismo en el cual fue ministro de Defensa nuestro actual mandatario. No se sabe a ciencia cierta si el oficial detenido está encubriendo o protegiendo con su silencio también a altos dignatarios o exdignatarios del Estado. Tal vez, de los oficiales que en este momento ostentan el rango de general, muchos tuvieron en el pasado pleno conocimiento de lo que acontecía en relación con los falsos positivos o –lo que es más grave aún– quizás hasta participaron activamente en los distintos delitos, y por ello hoy tienen que cargar con el lastre de agachar la cabeza, someterse y subordinarse ante un oficial de menor rango que se encuentra privado de la libertad. Qué tristeza por el honor militar.

Carlos Andrés Borrero Valencia
Cali


De Rodrigo Jaramillo

En la revista SEMANA (edición n.° 1659) aparece un confidencial titulado ‘La casa en el aire’ en donde se menciona el nombre de Rodrigo Jaramillo como vendedor de una vivienda en el norte de Bogotá a Juan Carlos Ortiz. Como no se especifica de cual Rodrigo Jaramillo se trata, me permito informar que el suscrito expresidente de InterBolsa e identificado como aparece al pie de mi firma, nunca ha sido propietario de una casa en la ciudad de Bogotá y nunca –nunca es nunca– ha realizado un negocio de finca raíz con Juan Carlos Ortiz.

Rodrigo Jaramillo Correa
Medellín


El mito de la cobertura

Sobre el artículo ‘Maestros para educar’ (edición n.° 1659). Si bien es cierto que  resume las cinco claves del éxito para alcanzar a largo plazo la calidad de los países latinoamericanos mejor clasificados en las pruebas internacionales Pisa, es necesario considerar otros aspectos.

La cobertura de más de 8 millones de estudiantes no es del todo un logro, hay que revisarla con lupa. Un aspecto que pasa inadvertido es que el ministerio  ha asumido que cobertura es ‘meterles’ más estudiante a los salones y, por ende, que haya más estudiante por docente. La cobertura a la que se refiere el gobierno es en realidad el hacinamiento de las instituciones oficiales. En los planteles privados el número de estudiante por aula es menor. En consecuencia, la relación entre el docente y el estudiante se vuelve personalizada y esto se refleja en el rendimiento académico.

 Las políticas de evaluación y promoción favorecen al estudiante de rendimiento académico irregular, en detrimento del bueno. Las secretarías de Educación municipales y departamentales han venido asignando responsabilidades (donde no las hay) por apatía escolar (que viene desde el hogar) y estigmatizaciones a los planteles en los cuales se presenta una tasa significativa de reprobación escolar, producto de las consideraciones de los docentes acerca de que un determinado alumno no reúne las competencias para ser promovido o para graduarlo de bachiller.

La debacle de la educación en Colombia tiene muchos responsables: la familia, la escuela, el gremio nacional de docentes, la sociedad, las políticas educativas y el gobierno. El meollo del asunto es determinar la responsabilidad que tiene cada uno y los compromisos que se adquieran a partir del reconocimiento de esos errores.

José Darío Casado Flórez, docente orientador
Apartadó
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