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| 9/27/2014 10:00:00 PM

Cartas

"La historia resultó conmovedora. Esos son los verdaderos héroes de la patria". José Fernando Estrada, Medellín.

Intocables en Colombia

En referencia al artículo ‘¿El debate del año, o del daño?’ (SEMANA n° 1690), opino que la polarización política es un problema de ideologías y las maneras de aplicarlas en la conducción del Estado. En cierto porcentaje se presenta por el mal accionar de los dirigentes, que muchas veces con historiales no recomendables, son ayudados por la Justicia, engavetando procesos para mantener intactas sus libertades y buen nombre, evitando la verdad, la justicia y la reparación, con perdón y conciencia de no repetición para olvidar odios y rencores que existen en otros. El debate por el paramilitarismo y amistades del narcotráfico era necesario porque la ciudadanía debe conocer el actuar político de quien sea, sin distinciones, sin privilegios. La verdad libera conciencias, produce sosiego y provoca la convivencia y esto es positivo. El Congreso es el escenario por excelencia para el control político a los congresistas. Ya se habían realizado otros. La libre expresión no puede censurarse. Por tal fue positivo. Si los debates de control político contra congresistas se practicaran a la par con el delito, la transparencia aumentaría. Lógico que el debate perjudicó a unos y favoreció a otros. 

La opinión nacional y extranjera tuvo más elementos de juicio, no todos conocen lo mismo, lo que profundiza el análisis para sacar conclusiones veraces, y esto es positivo. Las pruebas se llevaron al juez competente, la Corte Suprema de Justicia, la cual dará un resultado pronto, y esto también es positivo. Negativo la retirada del senador Uribe Vélez, llamado a sí mismo frentero. La buena memoria del senador le impidió quedarse para escuchar lo que su conciencia le repite constantemente. Negativo las acaloradas intervenciones y el maltrato. 

En Colombia no pueden existir intocables, innombrables como lo pretenden algunos, y esto también fue positivo. Negativo impedir el debate por el Congreso en pleno, con votación afirmativa al debate, del senador Uribe Vélez y negativa de la bancada, estrategia inocua. La Comisión Segunda del Senado permitió el debate, y esto es positivo. Negativo la censura de la Comisión de Ética, que fue rechazada por el citante Iván Cepeda  y los demócratas, y esto es positivo para el país. El silencio y la confusión se convirtieron en verdad y esta es la forma de salir de la polarización para empezar el vivir en paz y progreso de todos, y esto será lo definitivamente positivo. 

Omar León Muriel Arango
Medellín

Hueco sorpresa

Son muy preocupantes las noticias económicas que hemos recibido en los últimos días, y en especial la de la reforma tributaria (SEMANA n.° 1689) . El hueco de 12,5 billones de pesos en el presupuesto del próximo año nos tomó por sorpresa a muchos colombianos que creíamos que todo andaba sobre ruedas. Al parecer otra vez el gobierno acudirá a más impuestos. Ojalá que esta vez no claven a la clase media que generalmente termina siendo la sacrificada.

Mariela Martínez Arbeláez
Medellín

Debate del daño

Creo que el artículo sobre ‘¿Debate del año o del daño?’ de la edición n.° 1690 dijo la verdad. Nadie salió ganando con las acusaciones que se hicieron mutuamente los senadores Cepeda y Uribe, por el contrario pienso que sigue perdiendo el país con un espectáculo como el que dieron los padres de la patria. Por lo demás creo que el Congreso tiene muchos asuntos más urgentes que atender en el país.

Carlos Julián Medina
Bogotá

El médico ejemplo

Qué refrescante nota la del médico Wbeimar Sánchez que viajó voluntariamente a Sierra Leona para atender pacientes enfermos de ébola (SEMANA n.° 1690).  En un país donde la violencia llena las páginas de los periódicos y el espacio de los noticieros, resulta amable saber que hay personas que dan semejante ejemplo.

Carlota Duarte
Tuluá

Una reformita

Nadie entiende el porqué de tanto empeño en proclamar las bondades de las reformas propuestas sobre la estructura del Estado,   como si  estas fueran las reformas que al país le convienen. Será por el hecho de aumentar un año el periodo presidencial, prohibir la reelección y suprimir el voto preferente, algo que remedian los males endémicos que todos soportamos. ¿Qué pasa con los fundamentos estructurales de la célula primigenia de la llamada democracia, cuando nadie se ocupa de la estructuración mediocre que la Constitución de 1991 articuló para los concejos municipales?  ¿Es que no eran mejores o acaso preferibles, esos que ad honórem asesoraban cívicamente a los alcaldes? ¿Cómo corregir las absurdas atribuciones de las Contralorías Municipales y Departamentales, y por supuesto esa coaccionante presión que sobre los gobernadores ejercen las Asambleas Departamentales? ¿Se habla acaso de modificar el bicameralismo, y reducir las curules dentro de la organización centralista del Estado colombiano? Y ni hablar del necesario cambio estructural de la Justicia que no puede excluirse del contexto estructural del sistema. Por la forma en que está planteada, esta no es sino una reformita que por supuesto desmerece artículos y portadas como esa que tan prestigiosa revista dedica en su edición n.° 1687.

Vicente Ferrer Apráez Apráez
Pasto

Todos juiciosos

Es inevitable la reforma tributaria del gobierno Santos II  (SEMANA n.° 1687) . La única solucion visible para acabar con tanta reformita, es volvernos todos juiciosos en declarar y dejar la informalidad y la ilegalidad.

Andrey Hernando Sánchez Martínez
Cúcuta

La cultura de los deberes

Cuando se analiza en perspectiva la historia de Colombia y el momento que vivimos después de la justa electoral y el perfil de las conversaciones en La Habana (SEMANA n.° 1685), cabe preguntarse para qué nos han servido la independencia y la democracia. Guerras, violencia, corrupción, delincuencia, desequilibrio social y otros fenómenos anormales, nos hacen pensar que esa independencia y esa democracia no se hicieron debidamente o fueron hechas a medias y que se requiere pensar cómo llevarlas al fin deseado. La Constituyente del 91, que pretendía corregir esas falencias y crear una nueva Colombia, ha sido reformada varias veces, lo que quiere decir que fue hecha de la misma manera. Habría  pues que pensar en cómo adquirir más solidez política, en cómo formar un ciudadano más responsable, con más sentido de pertenencia, más consciente de que el bien común no depende del gobierno ni de las leyes sino de lo que cada uno aporte para lograrlo, un ciudadano que se sienta comprometido con obtener para sí y los demás un mundo mejor para vivir. Para ello es necesario crear la cultura de los deberes y enseñar desde la niñez hasta  la edad adulta que los derechos del otro son mis deberes. Qué bueno que esta consigna se  convirtiera en principio inamovible de la educación para llegar a un estado de convivencia nacido de la base popular. Solo así  se garantizarían la independencia y la democracia con una libertad dentro del orden  y la paz.

Jaime Duque Mejía 
Medellín
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