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| 10/11/2014 10:00:00 PM

Cartas

"El sistema judicial norteamericano no es confiable para los no anglosajones" Julio Barrero, Bogotá.

Celo científico

En la portada de la edición n.° 1692 de SEMANA bajo el título ¿INOCENTE?, muestra la estigmatización hacia los colombianos por parte de la Justicia del país del norte que se le olvida todos los científicos que recibió como parte de los aliados vencedores de la Segunda  Guerra Mundial. Pudo más la declaración del doctor George Blumenschein, bígamo y mal ejemplo para la humanidad, que la carrera exitosa de la oncóloga de gran prestigio mundial y buen ejemplo para la nueva generación de médicos científicos del mundo como la doctora Ana María González, de familia de alta consideración en Colombia. No se juzga la mala intención del artista del trío amoroso sino que deja ver un celo  científico ante los descubrimientos de la oncóloga colombiana. Más bien la humanidad  debe pasar cuenta de cobro a juicio acomodado y lleno de vacíos y sin acerbos probatorios en Houston por privar de los aportes en la investigación y tratamiento contra el cáncer en el mundo con la condena injusta por donde se le mire de la doctora Ana María González. Los colombianos estamos con verdad y no con la mentira.

Wilson Ruz Mejía
Montería


La tragedia de los culebrones

En su edición n.° 1692 en la sección  Judiciales, titulan ‘Culebrón costeño’ y escriben: “Hay cosas que solo ocurren en Barranquilla, y lo raro de esas historias únicas de La Arenosa, es que a veces los muertos siguen protagonizándolas ”. Soy suscriptor desde hace muchos años de la revista y la considero ponderada en sus escritos y afirmaciones, por ello me sorprende el sesgado mensaje al decir:  “Hay cosas que solo ocurren en Barranquilla…”. Posiblemente quien escribió esta crónica, lo hizo una fría mañana andina y su memoria se nubló con la neblina del páramo, olvidando que culebrones hay en toda Colombia. Posiblemente si hubiese escrito este artículo en una  soleada playa del mar Caribe, ensimismado ante la inmensidad del mar, entendería que la tragedia de los culebrones es nuestra Justicia.

Alessio Mazzanti Thiault
Barranquilla


¿Dónde quedó la vergüenza?


¡En qué mundo estamos viviendo! En la edición n.° 1686, página 20 y bajo el título ‘SURPRISE!!!’, hay una foto de una mujer empelota (sí, porque los pantalones tan diminutos que se le medio alcanzan a ver casi se pudiera decir que no tiene), visitando la emisora W en Bogotá, repartiendo unas invitaciones de la revista cuasi-pornográfica SoHo con motivo de sus 15 años. Aquí cabe preguntarse: ¿qué se hicieron los valores, dónde quedó la vergüenza; dónde está la dignidad femenina, qué están pensando las mujeres de hoy en día; qué están buscando o ganando con el empelotamiento? Estarán pensando que con esta pinta de mensajeras vestidas de Eva, su revista va a adquirir más fama y se va a vender más. A lo mejor sí, pero ¿a costa de qué?, ¿del envilecimiento de la mujer?, ¿de la cosificación de esta?, vaya manera de celebrar. Y qué lástima de las ‘señoritas’ que se prestaron para repartir dichas invitaciones; se creyeron el cuento de que se veían espectaculares, cuando lo que provocaron fue repudio y vergüenza. ¿Dónde están los padres de estas niñas? ¿Les parecieron muy lindas sus niñas haciendo este oficio?.

Soy católica practicante, pero mi comentario, aunque sí atenta contra los valores cristianos, no va por ahí, va por el lado de la dignidad, de la decencia, del respeto, de la grandeza de las mujeres. Por eso es que este mundo está como está, y me van a perdonar los hombres, pero ellos son muy culpables de esta degradación de las mujeres porque no ven en ellas sino objetos de placer, de sexo, de lujuria que les impiden ver la belleza íntima de la mujer, su ser grande, puro y generoso. Y a las señoritas que se prestaron para este evento, les quiero decir: no vendan sus cuerpos por unos miserables pesos; apréciense más, quiéranse más, respétense más; la belleza física se acaba, la interior perdura para siempre…

Alba Jaramillo Restrepo
Medellín

Pactos secretos

El documental del periodista peruano con el título ‘Vírgenes a la venta en Colombia en el burdel más grande del mundo’ transmitido por el Canal 4 de Londres no solo refleja el problema de la prostitución y, en especial, el de la prostitución de menores, sino el clima de violencia generalizado que se ha ensañado en esa ciudad desde la época de Pablo Escobar y con la creación de la tristemente célebre Oficina de Envigado.

Lo que indignó a muchos paisas fue que se dijera que Medellín era “el burdel más grande el mundo” y quizás en esto su protesta tenga razón, máxime cuando no hay cifras comparativas que lo puedan corroborar. Pero como bien lo señala María Jimena Duzán en su columna ‘De qué Medellín hablamos’, edición n.°1691, lo que ha hecho el reportero no es solo “no tragar entero” (como lo debe hacer todo buen reportero), sino  mostrar que la recuperación de Medellín, “es producto más del deseo que la realidad”.

Aunque el documental  reconoce  avances importantes como el de la reducción de homicidios en un 30 por ciento, también muestra que esto es el resultado de haberle entregado el control de la ciudad a las organizaciones mafiosas que, además de extorsionar  a comerciantes y  hoteles, manejan el negocio de la prostitución, en especial, la prostitución infantil.

Ocultar  esta realidad en la que el alcalde Sergio Fajardo tiene mucha responsabilidad como lo muestra el documental, es tapar el sol con las manos. Con la muerte de Pablo Escobar y las supuestas desmovilizaciones de las autodefensas no se acabó el narcotráfico, ni las bandas y muchos menos las milicias urbanas. Estas han re-aparecido bajo otros nombres y, además de dedicarse al narcotráfico y, en especial, al micro-tráfico, al sicariato y a la extorsión,  también se han ocupado de  la  ventana a turistas de niñitas vírgenes como lo mostró el documental.

Quienes nacimos en Medellín y amamos esa ciudad, tenemos que reconocer que así como gracias a la pujanza paisa se han hecho cosas muy importantes en y para  la ciudad, muchas de ellas con reconocimiento internacional, también hay que advertir que hay problemas muy graves  como son todos aquellos que refleja el documental. La indignación que provoca el título sensacionalista de este  documental, no nos debe llevar a su desconocimiento.  Hechos denunciados por el documental como los pactos secretos de las organizaciones criminales con el gobierno local y la fuerza pública para el control social de los barrios y comunas de Medellín deben ser investigados por las autoridades competentes y no deben ser silenciados y, menos aún, quedar en la impunidad.

Juan Manuel Jaramillo U.
Manizales


Caballero no escribe
N. de la R. Antonio Caballero se excusó de enviar su columna para esta edición.  Reaparecerá en la siguiente.
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