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| 11/29/2014 10:00:00 PM

Cartas

"Ojalá la paz llegue, a pesar de episodios inexplicables como este" Jorge Sánchez E, Bogotá.

Por los magistrados

La entrevista con el abogado Rodrigo Uprimny, director de Dejusticia, (SEMANA n.° 1699) muestra hasta qué punto se ha deteriorado la imagen del poder judicial en Colombia. Yo recuerdo cuando estudié derecho, hace ya más de 30 años, que la  Corte Suprema de Justicia era un verdadero crisol de la sabiduría legal, y que llegar a formar parte de la misma era el privilegio de los más acendrados juristas del país.  Era la culminación de una carrera de una vida, y de ese mismo modo los elegidos lo asumían con una dignidad que enaltecía al país. Qué duro contraste con la realidad actual. Con mucha pena, creo que este desastre es uno más de los heredados de la famosa Constitución de 1991, que tiene algunas conquistas importantes, pero que, en el contexto general, acabó por descuadernar a este país.

Ricardo Cárdenas Suárez
Bogotá


Fallos desproporcionados

Creo que debe haber muchos abogados muy molestos con el tatequieto impuesto a los tribunales de arbitramento aplicados a las controversias por los contratos del Estado. (artículo ‘Arbitros sin silbato, edición’ n.° 1699) Si bien es cierto que son muy positivos en cuanto a que se agiliza considerablemente la resolución de los conflictos, la desproporcionada cantidad de fallos contra el Estado hace que uno no pueda menos que mirarlos con suspicacia.  Pero no deberían preocuparse, puesto que en los grandes negocios del sector privado siguen teniendo un importante campo para seguir ejerciendo su actividad altamente especializada.

Juan Manuel Sánchez
Bogotá


Así somos


Resulta chocante que no nos quieran en el extranjero, que generalicen sobre los colombianos, pero es que, la verdad sea dicha, nos lo merecemos. Muchos nacionales se comportan como auténticos depredadores en otros países, todo lo quieren destruir, si es que no llegan allí para ampliar sus redes del crimen o para vender servicios sexuales. Hasta la mala educación también viaja con ellos. A veces uno siente que, como ya casi acabaron con Colombia, quieren nuevos lugares para hacer lo mismo. No es justo que los que contamos con buenas y sanas oportunidades de estudiar o trabajar en otro país, seamos víctimas del estigma. Felicito a SEMANA por mostrar este problemática en el artículo ‘Anticolombianismo’ (SEMANA n.° 1699)  pero a la vez me preocupo por la intención del gobierno de que Europa y Estados Unidos nos abran las puertas con la abolición de la visa. No me quiero imaginar lo que se nos avecina.

Hilda López
Berlín, Alemania


Una mala imagen

Me permito entregar mis opiniones sobre un artículo que me impresionó sobremanera, en la edición n.° 1699.  Me refiero al informe especial ‘Anticolombianismo’, que trata de la forma como algunos países comienzan a mirar a nuestros compatriotas que  buscan un mejor futuro allende las fronteras.

Me explico: hoy por hoy muchas personas encuentran imposible vivir en el país, no solo por la violencia, los paramilitares y la guerrilla, sino por las condiciones económicas, que no ofrecen trabajos dignos ni esperanzas de tenerlos.

Lamentablemente se trata en muchas ocasiones de gente que no ha tenido ni la más mínima educación, no solo en la escuela sino en sus familias. Incluso no tienen formación cívica. Todo ello hace que se trate de personas tremendamente vulnerables, ignorantes de las más elementales normas de convivencia en las ciudades. De ahí que, como pude ver en Antogafasta, choquen con la comunidad local por sus costumbres, inocentes o no.

Todo ello, sin embargo, tiene el efecto lamentable de afectar la imagen de todos los colombianos. Pero tengamos claro que la culpa no es de esos colombianos obligados a irse, sino de un país que no los ha sabido proteger y ofrecerles oportunidades.

Julio Puerta H.
Medellín

Sobre el aeropuerto

En la edición n.° 1697 de SEMANA, aparece el artículo ‘¿Aeroelefante?’, con el que se pretende poner punto final a la construcción del aeropuerto internacional en la población de Palestina, situado a 25 kilómetros de Manizales y Pereira, y equidistante también, a 30 minutos de vuelo de Bogotá, Medellín y Cali; y se agrega que los caldenses insisten en hacerlo.

Y cómo no vamos a insistir en ello, si se trata del mejor aeropuerto del interior del país, con una pista de 3.700 metros, paralela a las cordilleras y con una altura de 1.500 metros sobre el nivel del mar, sin obstáculos hasta la Sierra Nevada de Santa Marta y una zona trapezoidal de planeo de más de 8 kilómetros hacia el sur, que permite giros amplísimos para decolar o aterrizar sin peligro. Los estudios meteorológicos realizados durante dos años bajo la vigilancia de la Aeronáutica Civil demostraron que se puede operar día y noche, en el 94 por ciento del tiempo, por carecer de vientos cruzados.

Ahora cuando se habla de las rivalidades regionales, debemos recordar que en 1983 Pereira contrató con la firma aeronáutica Airport de Paris, un estudio para ampliar la pista de Matecaña, con el fin de atender la demanda de pasajeros en el siglo XXI y el resultado mostró que los grandes aviones trasatlánticos no podrían operar allí. Hicimos entonces la localización real de proyecto en Palestina, y vimos que se podría construir una pista de más de 3.500 metros, lo que representaba un aeropuerto de características internacionales para la exportación y para el desarrollo turístico de la región Centro-occidente Colombiano.

Solicitamos a la Asociación Colombiana de Aviadores Civiles –Acdac, nos diera su opinión. Nos ofrecieron hacer un estudio de la capacidad de carga pagada en vuelos de Palestina a New York, a Santiago de Chile y a Madrid. Los resultados fueron contundentes frente a los aeropuertos de Bogotá y Rionegro: Un Boeing 747 levanta desde Bogotá 83.000 libras de carga; de Rionegro 75.000 libras y de Palestina 111.000 libras. Palestina supera a Bogotá en un 33 por ciento y a Rionegro en un 48 por ciento.

Esto demuestra que el centro de Colombia puede obtener unas economías tan grandes que permiten rebajar los pasajes internacionales en más de un 10 por ciento y utilizarlo para carga liviana como flores, frutas, vegetales y otros, con precios tales, que en las tierras donde ya no podemos mantener el café, podríamos transformarlas en cultivos alternativos para exportar a Norteamérica y Suramérica; además, del desarrollo turístico del Paisaje Cultural Cafetero y de la nieve en el trópico con el Parque Nacional de los Nevados.

Por otra parte, consultando a la Aerocivil, sabemos que la concentración del tránsito internacional aéreo sobre Bogotá es tan grande, que por allí se mueve el 85 por ciento de los vuelos, mientras que por Cali y Medellín, solo opera el 15 por ciento. Si se hace Aeropalestina no solo vamos a mejorar el ingreso de la zona cafetera, que durante tantos años fue el soporte económico de Colombia, sino que también se va a favorecer Bogotá al reducirse la invasión que hoy la azota.

Gustavo Robledo Isaza, gestor del proyecto
Manizales
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