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| 1/31/2015 10:00:00 PM

Cartas

"Poner en tela de juicio a las instituciones es una forma peligrosa de defensa", Jairo González, Ibagué.

Todo vale

Después de leer el artículo ‘Justicia o persecución’ (SEMANA n.° 1708): El periodista que lo escribió trata de justificar los actos indebidos de los colombianos y en especial de nuestros honorables políticos (léase Uribe) donde todo es válido mientras no sea delito. Donde creemos que ser vivos es sacar ventaja y pasar por encima del que sea y como sea. Dice el periodista que la familia Zuluaga viene  de “una casta familiar de grandes valores morales”. Pero como dice el dicho, “dime con quién andas y te diré quién eres”.

César Calderón Gil
Medellín



De la embajada de Venezuela


Tengo el agrado de dirigirme a ustedes, en la oportunidad de expresarles en nombre de la Embajada de la República Bolivariana de Venezuela en la República de Colombia, mis más hondos sentimientos de indignación por causa de la insultante, degradante y desconsiderada caricatura, en la cual se hace explícita alusión al Escudo Nacional de la República Bolivariana de Venezuela, publicada en la edición n.° 1708 de la revista SEMANA, que circuló entre el 25 de enero al 01 de febrero de 2015.

Esa caricatura es un acto incivil, un profundo irrespeto, que no solo demuestra desprecio por la venezolanidad, sino una intolerancia que se arropa en el derecho de la libre expresión. Suprimir de nuestro Escudo patrio las sagradas insignias que nos representan como pueblo, como país, como nación, es sencillamente un acto de negación y de hostilidad para con los venezolanos de todas las orientaciones partidistas, credos o estatus. Esta ilustración irrespeta la memoria de nuestros antepasados, maltratando el patrimonio común que la historia nos ha regalado, del cual Colombia también forma parte en su simbología y alegoría como Estado-Nación.

Nos preguntamos: ¿esta sátira ha sido realmente inocente? ¿No es esta una forma de hacerse eco de sectores malintencionados y tendenciosos que se han situado al margen de la ley, estimulando la desestabilización, alentando a una guerra económica y atentando contra la paz social de Venezuela?

La Embajada, el gobierno y el pueblo de la República Bolivariana de Venezuela quieren dejar claramente por sentado que respetamos el derecho de expresión libre. Entendemos que el humor y la sátira política es una forma válida de expresar posturas, opiniones y críticas; sin embargo, ridiculizar el gentilicio patrio de toda una nación, de todo un Estado, de su Fuerza Armada y sus instituciones civiles, es algo que sin duda trasgrede lo límites éticos de la prensa libre.

Es momento oportuno para exigirle a quienes tienen la responsabilidad de informar e incidir en la opinión pública, a que cultiven la paz y la unión entre nuestros países como valores cívicos y patrios, que contribuyan así a la prosperidad y al bien común de nuestros dos pueblos. Recientemente el papa Francisco reflexionaba: “Tenemos la obligación de hablar abiertamente, de tener esta libertad, pero sin ofender…”. La libre expresión también conlleva una necesaria responsabilidad social para promover el respeto y la paz. Reiteramos nuestro llamado a la revista Semana para que contribuya a promover en Colombia la buena vecindad con un país hermano como lo es Venezuela.

José Gregorio Calderón
Ministro Consejero Encargado de Negocios a.i
Bogotá



¿Revolución Educativa?


El titular de la edición n.° 1707 de  SEMANA es comprensible en los comunicados de prensa y en las declaraciones de los funcionarios del gobierno, pero objetable en un medio crítico e independiente, donde los lectores esperamos encontrar el beneficio de la duda, en lugar de la aprobación y el escaso cuestionamiento.

El artículo se limita a celebrar las bondades de la medida sin apuntar al centro del debate, que no se puede reducir al dinero para las fotocopias, a los bonos de alimentación o al plan padrino, ‘generoso’ aporte de las universidades privadas   preocupadas porque los vulnerables y desorientados jóvenes de provincia se sientan como  en casa. Pero, en cifras concretas, ¿cuánto de  sus pingües ganancias van a aportar? El artículo solo precisa que los recursos  provienen del gobierno y de los préstamos  a los beneficiados. Tal vez la “revolución” radica en que  estos jóvenes, con talento pero sin recursos, terminarán por tomarse las universidades de los ricos, de modo  que –según  el ingenuo cálculo de SEMANA- en Los Andes costosas carreras como medicina serían “expropiadas” y “70 de los 75 cupos disponibles podrían quedar” en  manos de los más necesitados. ¿Dónde está la oposición uribista para que denuncie la magnitud de la   hecatombe ‘castro-chavista’ que se avecina?

El artículo comete el error de excluir de la lista de universidades de alto rendimiento a las públicas, una manera velada de justificar que los recursos del Estado tengan otro destinatario, porque según la ‘democrática’ opinión de los exministros de Educación consultados, “si algo ha quedado claro en los últimos años es que inyectarles plata a las instituciones públicas a cambio de nada termina siendo una mala inversión”. Ante este panorama, la excluyente lista  elaborada por SEMANA  será realidad y reconocidas universidades como la Nacional, la del Valle o la de Antioquia cederán su prestigio a la competencia privada que, como sucedió en el campo de la salud, se podrá dedicar al negocio en detrimento de la educación. Verdadera revolución ‘castro-chavista’ es la del gobierno del Ecuador, que ha introducido en los colegios públicos  el programa del Bachillerato Internacional  que, entre nosotros,   solo está al alcance de las familias que pueden costear las elevadas matrículas en los colegios que lo ofrecen.

Iván González Puccetti
Bogotá


Entusiasmo exagerado


Con respecto al título de la portada ‘Revolución Educativa’ (edición n.° 1708) y su posterior desarrollo en las páginas internas de la revista, me permito insinuarles que es exagerado el entusiasmo.  Al presidente Santos se le ocurrió la idea de regalar unos cuantos cupos en posgrado a los más pilos en las mejores universidades y para efectos de popularidad lo dijo en voz alta ante los medios de comunicación; recordemos que anda embolatado con el gran lío del paro judicial y que al respecto poco ha dicho. Eso no es una revolución con perdón del respetable concepto de la revista: son paños de agua tibia.

La verdadera revolución está en el fondo; ya veremos en qué paran los regalitos que han promocionado el presidente y su ministra Parody. Cuántos de los pilos beneficiados y que se lo merecen, podrán llevar a  buen término sus carreras teniendo en cuenta que los gobiernos cambian y que las condiciones también.

La verdadera revolución no es con regalos a cuentagotas ni con alocuciones de presidente y ministra. La problemática es más profunda y dolorosa. La educación, bastión de equidad y progreso, está enferma al igual que la salud; está en manos de empresarios privados que solo ven lucro y beneficios grupistas. Los costos de la educación dependen de ellos; el gobierno solo interviene con anuncios paliativos que solo son eso: demagogia. La tan cacareada gratuidad la embolatan los avivatos que sin ningún pudor inventan trucos y esguinces para encarecer lo que verdaderamente no debe tener ningún costo. Y con la justicia cojeando, la educación seguirá costando.

Jorge Yáñez Infante
Cúcuta
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