Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 2/14/2015 10:00:00 PM

Cartas

"La señora Hurtado tiene un deber con el país y con ella misma: contar lo que sabe", Gonzalo Cuéllar, Tunja.

Dudosa indignación
Valdría la pena preguntarle al indignadísimo ministro consejero encargado de negocios, representante de la Embajada de Venezuela en Colombia, el Señor José Gregorio Calderón, si su colosal estado de indignación por la caricatura publicada en la edición n.º 1708 de la revista SEMANA, alusiva al escudo de su país, le ha alcanzado en otras oportunidades para siquiera sugerirle sutilmente a su ‘jefe’, el presidente Nicolás Maduro, que por favor no insulte, agreda, despotrique, irrespete ni ofenda al medio mundo que cada vez que toma un micrófono lo hace; y me refiero no a escudos, sino a presidentes, ministros, empresarios, embajadores, etcétera. Doctor José Gregorio Calderón, en vez de gastar tanta tinta y tiempo en escribir sus románticas líneas a esta respetada revista, lo invito a que siendo consistente con su estado de indignación se refiera alguna vez a los desproporcionados calificativos, con que su presidente el Señor Nicolás Maduro se refiere a cuanto personaje público se cruza por su mente.

Carlo Giovanni Pinzón Hincapié
Cali  


Una columna
Magistral la última columna de Antonio Caballero (SEMANA n.º 1710): ‘Uribe: un autorretrato’. Felicitaciones.

Alberto Rincón Cerón
Bogotá




Sin conciencia patriótica

Con respecto al artículo central y la portada de la edición n.º 1710, considero que María del Pilar Hurtado definitivamente no le contará a la justicia colombiana absolutamente nada sobre la autoría intelectual de todas y cada una de las conductas punibles, que realizó mientras estuvo al frente del desaparecido DAS.
 
Deben ser muchas, y del más alto nivel, las presiones e inclusive amenazas, así como los mensajes subliminales que se le están enviando para que no cuente la verdad de esa tenebrosa época de nuestra historia reciente; y mucho menos contará algo si, como al parecer, no hay lugar a rebajas o beneficios por ello. Se necesitaría un real arrepentimiento y sobre todo una verdadera conciencia patriótica, ausente en este tipo de personajes, para que se decidieran a desenmascarar a quienes estuvieron detrás y los instrumentalizaron para sus inconfesables conductas.

De manera ciertamente inexplicable, y en una solidaridad mal entendida, prefieren ser ellos quienes paguen las consecuencias y carguen sobre sus hombros y los de sus familias el inri del señalamiento público, mientras esos autores intelectuales siguen su camino, escalón tras escalón, sobre los hombros de quienes les sirven de instrumentos de sus perversos fines.

Empero, aunque no haya señalamientos concretos por parte de ella, no se necesita ser especialmente avezado para constatar el nerviosismo de cierto personaje, que en un desespero evidente salió a trinar (como es su costumbre) tratando como siempre y de manera maquiavélica de confundir a la opinión pública y mandar mensajes del tipo ‘es hora de mantener las convicciones’, lo que en manera alguna es explicable en quien pretende que nada tuvo que ver con esos hechos. Recuérdese el dicho popular según el cual ‘el que nada debe nada teme’ y, evidentemente, este definitivamente no es el caso.

Óscar Villada Martínez
Manizales



Inmigrantes en Colombia

Me refiero a la carta del señor Jaime Carrizosa Moog titulada ‘Colombia cerró sus puertas’, en SEMANA n.º 1710: al final de 1937, el presidente Alfonso López Pumarejo nombró a mi padre, Hernando Téllez, cónsul de Colombia en Marsella, Francia, con una misión específica, señalada verbalmente : “Dele pasaporte para Colombia a absolutamente todos los refugiados españoles que lleguen a Marsella. Si le llega gente de otras naciones, haga lo mismo”.

Mi padre cumplió al pie de la letra, y eso trajo sobre él la ira del joven editorialista del periódico conservador El Siglo, Álvaro Gómez Hurtado, quien pedía estridentemente la cabeza de Téllez ante el peligro de que, según él, “iba a llenar de rojos este país”. Rojos era el apodo falangista para todo aquel que no militara en las huestes franquistas. Fueron miles los españoles, catalanes, vascos, andaluces, castellanos, que vinieron a Colombia con pasaportes ‘marselleses’.

Pero con ellos pasaron por el consulado colombiano en 1938 numerosos judíos, que desde años antes huían ante la toma del poder por los nazis en Alemania. Entre ellos había no solo alemanes sino austriacos, húngaros, polacos, rumanos, checoslovacos e incluso judíos franceses que veían venir la sombra nazi sobre su país.

Ignoro si podrían haber sido más o quizás menos. Entre ellos hubo un oficial de artillería judío del Ejército republicano. Mi padre y su secretario, Alberto Caballero, trabajaban en el consulado de Marsella desde las seis de la mañana hasta la medianoche siguiente, y aun así la fila de refugiados de tres en fondo bajaba por la escalera del edificio donde se situaba el consulado, y casi daba la vuelta alrededor de la manzana, vigilada por algún policía francés.

Ante el increíble Decreto 1723 promulgado por el canciller López de Mesa, al comenzar el gobierno de Eduardo Santos, Hernando Téllez  hizo la consulta diplomática de rigor sobre los solicitantes de visa judíos, directamente a su amigo y jefe periodístico en El Tiempo, el ahora presidente Santos. Con su conocida astucia política, este le escribió indicando que podía proceder según el dictado de su propia conciencia. Sus abundantes amigos judíos de épocas posteriores, algunos de los  hijos de los cuales fueron compañeros míos de estudios en el Liceo Francés de Bogotá, son prueba de que en Marsella no se cerró en 1938, al pueblo de Israel, la puerta que abría hacia Colombia.

Los numerosos judíos de toda Europa que confluyeron hacia Marsella encontraron, y ello está relatado por varios de ellos y por cronistas de la Guerra Civil española, que fueron tres las naciones iberoamericanas que abrieron sus puertas migratorias en 1937 a quienes huían de los nazis, del fascismo italiano, el franquismo español o el antisemitismo estalinista: México, Cuba y Colombia.

Por ello resulta inverosímil la postura antisemita de un personaje de pedante sabiduría y pretensiones de novelista romántico como Luis López de Mesa.

Es incierta y poco comprobable, aun en caso de un estudio metódico de los registros de inmigración de 1935 hasta 1945 aproximadamente, la afirmación arbitraria del Señor Carrizosa Moog en el sentido de  que fueron pocos los judíos “y extranjeros” beneficiados por las políticas migratorias colombianas durante la época del nazismo (1933-1945 aprox.).

¿Pocos? ¿Suficientes? ¿Demasiados? ¿Quién puede decirlo? La infelicidad, el sufrimiento, la desesperación de un grupo o un ser humano no son estadísticas sino posibilidades emocionales y circunstanciales propias “del único animal sobre la Tierra que sabe que debe morir”.

Germán Téllez C.
Bogotá


No era investigada
N. de la R. En la sección Enfoque Político de la edición n.° 1707, la revista publicó una nota titulada ‘Las movidas de La U para las elecciones’. Allí se dice que la exalcaldesa de Teusaquillo, Sandra Jaramillo, estaba siendo investigada por el asunto del cartel de la contratación. Sin embargo, la concejal Jaramillo no ha sido interrogada por ese tema ni se le ha vinculado a ningún proceso penal. La revista rectifica esa información.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

TEMAS RELACIONADOS

EDICIÓN 1839

PORTADA

Odebrecht: ¡Crecen los tentáculos!

Las nuevas revelaciones del escándalo sacuden al Congreso y al director de la ANI. Con la nueva situación cambia el ajedrez político al comenzar la campaña electoral.