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| 6/6/2015 10:00:00 PM

Cartas

“Ojalá todo se resuelva, porque el mundo ama el fútbol”, Mario Pérez Ricaurte, Bogotá.

Antro de corrupción

Como con absoluto tino lo afirma la revista en su artículo central o de portada (edición n.º 1726), la profunda corrupción en la Fifa era algo sabido desde hace ya mucho tiempo, en razón a que venían presentándose situaciones que daban para pensar que algo podrido en grado sumo había en las determinaciones tomadas por dicha institución, sobre todo en lo atinente a la escogencia de sedes para los mundiales. Así, por ejemplo, para todo el mundo fue absolutamente claro que la decisión de otorgarle la sede para un mundial a Qatar, no podía ser el resultado de otra cosa distinta al reparto descarado de sobornos y coimas que hicieron posible semejante exabrupto. Como fue producto de pagos por debajo de la mesa la elección de Sudáfrica para hacerlo en el año 2010, etcétera.

Pero, más importante que esto, que reitero, ya se sabía desde hace tiempo, lo verdaderamente importante resulta ser el establecer el por qué se presenta esa corrupción y, sobre todo, saber si ese tipo de situación puede ser superada o no. Una entidad, cualquiera que ella sea, de ninguna manera puede estar por encima de los ordenamientos legales de los países como sucede con la Fifa y, mucho menos, cuando la misma maneja escandalosas sumas de dinero, lo que, sin lugar a dudas, invita a esa corrupción. De otro lado, no puede ser más negativo que a quien nombran presidente de esa rectora del fútbol pueda ‘eternizarse’ en el puesto, para hacer y deshacer como a bien lo tenga. Esos puestos de poder no deberían ocuparse por más de dos periodos y sería mucho lo que se avanzaría en claridad y transparencia. Por lo pronto, es de celebrar la salida de Blatter y esperar, como algo positivo de semejante escándalo, que se tomen medidas serias para acabar de una vez con tanta podredumbre.

Óscar Villada Martínez
Manizales


Equilibrio rehusado


A propósito de ‘De torpedo a bumerán’, edición n.º 1723, y ‘Las razones de la pelea’, edición n.º 1724, opino: cuando se trata de equilibrar los derechos modificando los privilegios, en este caso judiciales, aparecen los antirreformistas o aventajados para negar el progreso del país y continuar navegando en la exclusividad de los pocos favorecidos, factor que acrecienta  la abominable corrupción. Ayer fue la fallida y corrupta reforma a la justicia, enterrada por la indignación de la ciudadanía colombiana. Hoy, el proyecto de equilibrio de poderes origina la reacción de los privilegiados de manera antidemocrática y viene la propuesta, anunciada  por el presidente de la Corte  Suprema, Leonidas Bustos, avalada por el presidente del Consejo de Estado, Luis Rafael Vergara, Wilson Ruiz, presidente del Consejo de la Judicatura y el fiscal general de la Nación, Eduardo Montealegre, en la cual plantean una constituyente, sin definición de tiempo a efectuarse, y acabar con la reforma al equilibrio de poderes, cuya esencia es la de terminar con las  reelecciones en el país. Además pretende: eliminar el Consejo de la Judicatura, la creación de una comisión para investigar a los magistrados y al fiscal, en reemplazo de la inoperante Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes, darle final a la llamada ‘puerta giratoria’ para impedir que los magistrados pasen de corte en corte, abolir las funciones electorales en los organismos de la justicia y la implementación de un concurso de méritos para elegir los miembros del Consejo de Estado y la Corte Suprema. Aunque estas medidas no satisfacen plenamente por no realizar la reforma a la justicia integral, con celeridad para los ciudadanos, despolitización, aplicación de la justicia ordinaria para todos los civiles y finiquitar de una vez todos los privilegios, la reforma de equilibrio de poderes es mejor que lo existente. La inaceptable  propuesta denota el carácter no propositivo, sin consenso, demostrando sí, el interés de que nada cambie para que continúe el intercambio de favores, la nociva impunidad de la justicia y la injerencia contra la independencia de poderes. Los descontentos tienen un compromiso juramentado y en serio con la Nación, no con sus intereses personales. Los partidos políticos, el gobierno y el Congreso, apoyados por la ciudadanía, darán vía libre a la futura reforma de equilibrio de poderes.

Omar León Muriel Arango          
Medellín


Es preocupante

Comparto el aire de pesimismo que refleja la columna ‘Nacidos para la guerra’ (SEMANA n.º 1722) de la periodista María Jimena Duzán frente al actual proceso de paz, como consecuencia de la primera Gran Encuesta de 2015  donde apenas un 7 por ciento apoya la continuación del proceso, un 64 por ciento que continúe pero con plazos perentorios y un 27 por ciento es partidario de que se rompa y se lance una ofensiva militar.

Igualmente creo con la periodista Duzán que este resultado tiene que ver con el reciente asesinato de militares en el Cauca, pues con actos como ese lo que han conseguido las Farc es darle argumentos a los amigos de la guerra y opositores del actual proceso de paz; pero también tiene que ver con  el ambiguo discurso del gobierno frente a la paz, en el que uno de sus voceros, el  ministro de Defensa, con sus declaraciones no hace más que confundir a la opinión pública.

Es preocupante que una gran porcentaje de colombianos siga creyendo desde los grandes centros urbanos que la guerra es el estado normal del país, que la respuesta militarista sea la única alternativa viable al conflicto y, lo más grave, que los muertos de esta absurda confrontación sea utilizados como bandera para atacar el actual proceso de paz y con él la posibilidad de una salida negociada al conflicto. El reciente asesinato de 11 militares en el Cauca es un acto repudiable y el país reclama un pronunciamiento de las Farc aceptando su responsabilidad, pero de ahí no se sigue que se deba terminar con las negociaciones en La Habana y regresar a la confrontación bélica.

Las Farc deben entender que, antes que despertar rechazo de la opinión pública con sus actos criminales, deben, por el contrario, ganarse dicha opinión con hechos de paz. A su vez  el gobierno, con todos sus funcionarios, debe tener una política de paz coherente y  mantener informado al país del desarrollo de las negociaciones. De otro modo habremos perdido esta oportunidad única y estaremos condenados a vivir una guerra sin término como la que hasta ahora hemos vivido.

Juan Manuel Jaramillo U.
Manizales


Errores de corrección

Su revista se destaca, a más de los excelentes reportajes, análisis e información, por estar muy bien escrita y guardar la ortodoxia gramatical. Empero, me permito anotar dos gazapillos en que incurren en su artículo sobre John Nash intitulado ‘El adiós de un genio’: nos cuentan que  era un genio que rallaba (sic) con la prepotencia. Pues bien. Rallar es desmenuzar, en cambio el verbo rayar, entre otras, tiene la acepción de acercarse, igualar, asemejar... más adelante dicen que su padre era ingeniero eléctrico, (sic) error frecuente de los medios toda vez que eléctrico es lo que tiene o se mueve con corriente eléctrica y lo correcto, tal como lo establece el Drae, es ingeniero electricista.
 
Adolfo l. Meneses Urbina
Bogotá
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