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| 6/27/2015 10:00:00 PM

Cartas

“La propuesta resulta sorprendente viniendo del expresidente”, Julio Armando Pérez, Ibagué.

Un juego sangriento y estúpido

Las FARC todo el tiempo han jugado con fuego, pero ahora ese juego es sangriento, estúpido y maquiavélico. A esto súmele la doble moral tramposa de las FARC (edición n.° 1728 de SEMANA). Arrasar con el país con actos terroristas que perjudican a la población civil no es de guerrilleros, sino de personas desequilibradas mentalmente. Estos seudoguerrilleros están lejos de la gesta revolucionaria de un Gandhi, un Mandela, un Che Guevara, un Pepe Mujica y otros, que  transformaron  sus países y lograron sus ideales sin actos de barbarie. Esta guerra fratricida hoy día no conduce a nada, pero deja una huella dolorosa y difícil de cicatrizar en cada familia de un colombiano muerto, llámese guerrillero, policía, soldado y campesino.

El sadismo de las FARC está alejando a sus poquísimos seguidores y se están quedando solos, pues nadie quiere tener como representantes y defensores del pueblo a unos criminales que cambiaron sus ideales por actos punibles, atroces y abominables. Bien por la revista SEMANA, al pueblo hay que hablarle de frente y con la verdad, pues no es de recibo que este grupo narcoterrorista maneje un discurso de una paz desgastada en La Habana y por otro lado ordene atentar con actos de narcoterrorismo en Colombia. Con el gobierno pasa igual, los diálogos de La Habana solo han servido hasta el momento para que el gobierno entre en una etapa de abandono del Establecimiento y somnolencia gubernamental.

Si no se corrige a tiempo la pedagogía para buscar la paz, las FARC no tendrán tiempo suficiente para dar la cara a sus víctimas, pues si siguen con este ritmo vertiginoso de victimarios, la paz será una utopía. Tengan en cuenta señores de las mal llamadas hoy día Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, que el daño no se lo hacen al presidente de turno, pues el gobierno cambia cada cuatro años, sino a la población civil.

Danilo Yepes Recalde
Pasto


Manifestaciones nocivas

Respecto a  ‘Jugando con fuego’, edición n.° 1728,  manifiesto: jamás estaremos de acuerdo  con la destructible violencia que solo fomenta pesares, odios y pobreza. Deseamos diálogos con cese del fuego, lo cual fue inadmitido. Se pactó en la Agenda de los Diálogos: dialogar en medio de la guerra, posición dominante del gobierno y, segundo, porque a pesar de haber realizado cese unilateral indefinido de parte de la guerrilla y el no bombardear por un mes por parte del gobierno, para el desescalamiento del conflicto, los imprevistos de la guerra sucia no se han podido superar. El lenguaje nocivo utilizado por los actores del conflicto no le hace bien al proceso y menos cuando viene del alto gobierno. La suspensión de los diálogos prolongaría el proceso. La celeridad racional se hace perentoria y debe contener un grado máximo de humanismo para el acuerdo final. Algunos columnistas y medios de comunicación mantienen la hoguera encendida en contra del proceso, desarrollando inconcebibles mitomanías (caso Fernando  Londoño contra Enrique Santos). El protagonismo dañino a la confianza en la paz debe rechazarse. A la paz hay que introducirle pedagogía dirigida por instructores y gentes comprometidas con cerebro y corazón para irrigar por todo el territorio las necesidades humanas de vivir en convivencia. Reafirmar con lenguaje constructor, a todo instante, la gran voluntad política para obtener la paz, es requisito esencial para lograr la confianza y ganar adeptos. La Comisión de la Verdad plasmará  la conciencia histórica, globalmente, para leer con transparencia lo sucedido en 60 años de inútil y brutal ceguera humana, donde: Estado, guerrilla, militares, empresarios, paramilitares, iglesias, políticos y civiles han interactuado dentro del infierno bélico.

Omar Muriel
Medellín   


Sin ideologías

De acuerdo con la edición n.º 1729 en la sección: Nación. En su artículo titulado ‘De todos los colores’, páginas 28 y 29;  no es más que el reflejo de una búsqueda por el poder por parte de unos candidatos que al parecer no tienen un fundamento, unas bases de las que deriven su forma de actuar en el ámbito político. No hay una colectividad a la que sean fieles y esto nos lleva a pensar que la forma de proceder de dichos candidatos es incoherente e inestable. Da la sensación que más que representar el pensamiento de una colectividad prima el interés personal para llegar al poder.

Santiago Clavijo Arias
Cartago


Entereza y valor

El reconocimiento que hace el periodista Daniel Coronell en su columna titulada ‘Mi equivocación’ (SEMANA n.° 1728) de algunas imprecisiones que de buena fe publicó en su columna de la semana anterior titulada ‘Rico McPretelt’ por haberse apoyado en un documento oficial que contenía varias inconsistencias y en dos verificaciones del mismo, merecen todo el reconocimiento por su actitud profesional y sobre todo ética y constituye un ejemplo para el ejercicio del periodismo.

Coronell no solo ha mostrado su entereza para denunciar graves hechos del acontecer nacional cuando, a riesgo de su propia vida y la de su familia, ha tenido el valor de revelar los vínculos de políticos, empresarios, militares, etcétera, con grupos ilegales de autodefensas, los actos de corrupción y de enriquecimiento ilícito de muchos funcionarios públicos y contratistas, el turbio manejo electoral y muchísimos hechos más, sino también el saber reconocer  públicamente sus propios errores.

En esta ocasión, expresamente manifiesta que en el caso de las propiedades del multimillonario magistrado Jorge Pretelt, su error  “consistió en no haber revisado, registro por registro, las propiedades listadas en el documento”, al tiempo que expresa que Pretelt “le mintió a la Corte Constitucional” al no declarar todas sus propiedades en Córdoba y su acumulación de baldíos en Antioquia.

Lo que nos enseña este escrito de Coronell es que el periodista, además de crítico e independiente, debe ser autocrítico y estar dispuesto a rectificar y disculpar sus propias equivocaciones. Como bien lo decía Benjamín Franklin,  “solo un hombre íntegro es capaz de confesar sus faltas y de reconocer sus errores”.

Juan Jaramillo
Manizales


El otro Cristo

En la edición n.° 1728, y con motivo de la inauguración del Santísimo en Floridablanca, Santander, publicaron un artículo donde aparecen los monumentos a Cristo más altos de América, pero desafortunadamente desconocieron el monumento a Cristo Rey, en el municipio de Belalcázar, Caldas, el cual mide 45,5 metros de altura.

Por el interior tiene dos escaleras de 167 escalones, por donde se llega a la cabeza, con espacio para 20 personas. Tiene ventanas por donde se pueden observar:
Las cordilleras Occidental y Central
Los nevados el Ruiz, Santa Isabel y Tolima
Los valles del Risaralda y Cauca
Doce municipios, entre ellos Viterbo, Marsella, Cartago
El monumento se construyó siendo párroco del municipio el presbítero Antonio José Valencia Murillo (q.e.p.d.).  Se construyó entre los años 1948 y 1954.

Francisco Javier Pérez
Pereira 
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