Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2015/09/05 22:00

Cartas

Maduro parece contra las cuerdas, acorralado y sabemos por qué. Pobre. Marcos Serrano, Bogotá.

Cartas

Vecino hostil

Con independencia de la opinión que cada uno pueda tener del manejo por parte del gobierno nacional de la crisis generada en las relaciones de los dos países por el gobierno dictatorial de Venezuela, (SEMANA n.° 1739) lo cierto es que históricamente Venezuela nos ha demostrado que no es un vecino amigable, confiable, que es un vecino hostil.

Frente a esa realidad lo que tenemos que construir es una política de Estado que, partiendo del hecho que necesariamente tenemos que convivir con ese mal vecino, nos brinde la seguridad  cualquiera que sean las medidas unilaterales que en nuestra contra adopten los distintos gobiernos de Venezuela, que nos afecten o alteren lo mínimo posible, y eso se logra en buena medida reduciendo hasta donde se pueda la dependencia de ellos.

Para todos los colombianos y una buena parte de los venezolanos es claro que ambos países se beneficiarían mucho de una buena relación comercial, pues sus economías se complementan. El intercambio comercial entre los dos países, nos lo recuerda la última edición de la revista, llegó a ser hasta del orden de los 6.000 millones de dólares; pero como también lo recuerda la revista, el presidente Chávez, a pesar de su falso discurso integracionista, hizo todo lo posible para acabar con el intercambio comercial hasta reducirlo a los niveles que registra hoy, 632 millones de dólares, una caída del 90 por ciento.

Si Venezuela, como lo ha demostrado, no quiere tener relaciones comerciales con nosotros, asumamos esa realidad. Así lo hicieron las empresas colombianas cuyo mercado principal era el país vecino, diversificaron sus exportaciones y disminuyeron al mínimo su dependencia de ese inseguro mercado. Por esa razón, están blindados frente a esta nueva crisis en las relaciones.

El reto es que hagamos lo mismo en las zonas de frontera con ellos. Tenemos ya casi 200 años de atraso de construir una verdadera política de Estado de fronteras, de integrar las zonas de frontera de La  Guajira, Arauca y Norte de Santander a la actividad económica del país para que reduzcan al mínimo su dependencia de Venezuela. Su actividad económica no puede depender del inestable suministro de combustible de Venezuela, nuestras exportaciones de carbón no pueden depender de si se nos permite el acceso a los puertos del país vecino, para citar unos pocos ejemplos.

A construir esa política de fronteras es a lo que debemos dedicar nuestros esfuerzos como Nación y no a rasgarnos las vestiduras por los actos hostiles de Venezuela, que de nada sirve y sí menoscaba nuestra dignidad de país libre y soberano.

Segismundo Méndez Méndez
Bogotá

La ley de la compensación

Sobre el tema de su portada de la edición n.° 1739, hay un refrán que dice: “Existe la ley de la compensación”. Porque parece ser que nuestros gobernantes de turno están ignorando dicho adagio; o mejor, dicho de otra manera: la historia pasa factura de cobro a los gobiernos de un país que hayan actuado de mala fe con sus vecinos.

Y esto es exactamente lo que está pasando con nuestro vecino país (Venezuela), con los compatriotas colombianos en la frontera, a pesar de que nuestro gobierno convocó a la OEA no tuvimos el respaldo unánime de dicho organismo.

Basta recordar lo que hizo nuestro flamante canciller Turbay Ayala hace 50 años al conseguir la expulsión de Cuba de la OEA, al igual que lo hizo el gobierno nuestro en la guerra de Las Malvinas al ser el único país de América Latina que no respaldó a Argentina, y, por último, el bombardeo ordenado por el señor Uribe al campamento de las Farc, en el 2008 en el vecino país del Ecuador.

Luis Fernando González G.
Palmira


Humana y respetuosa

Honrarás a tu padre y a tu madre. Cuarto mandamiento de la ley de Dios. (SEMANA n.° 1738). Eso es precisamente lo que hace mi hija: honrar a su padre. Pero para el gobierno norteamericano o el colombiano, en este mi muy amado país, este es el pecado más grande que ha cometido mi hermosa y amada hija: honrar y amar como a nadie a su papá. El hombre que yo elegí, no ella. Por eso la han castigado por años, negándole como mujer y sobre todo como lo que es, su hija, el derecho a abrazarlo, a mirarlo a los ojos y a poder decirle cuánto lo ama y cuánto lo ha necesitado en cada uno de los minutos de su existencia. Mi hija no es una delincuente. Tiene un pasado judicial impecable y lo que haya sido su padre la ha marcado. Ante Dios y la sociedad confieso que siento un inmenso orgullo de ser su madre. La seguiré apoyando en todo, y en especial en ese deseo de seguir honrando a su padre.

Quiero agradecer a la revista la forma tan humana y sobre todo tan respetuosa como trataron a mi hija y las demás personas que están en esa penosa dura y triste situación. La verdad estaba muy temerosa pues algunas veces los he criticado por insensibles y duros. Les deseo lo mejor y muchos éxitos.

Liliana García, madre de Mónica Lehder G.
Bogotá


Las artes y las humanidades no pagan

Celebro el artículo ‘Sí eran tan pilos’ del último número de la revista, la ‘pilera’ de los jóvenes que ingresaron al programa ‘Ser Pilo Paga’. Los promedios de todos son muy altos a pesar de las ya tradicionales materias difíciles como matemáticas y ciencias básicas. En efecto, la gran mayoría de ellos eligieron carreras como ingenierías. En un número anterior  la revista SEMANA muestra en un gráfico cuáles son las carreras de los pilos.  De una lista de diez carreras, seis corresponden a ingenierías, las otras a derecho, medicina, psicología y arquitectura. La pregunta que surge de inmediato es ¿qué pasa con las artes y las humanidades? ¿Por qué no son una opción para estos jóvenes? ¿Por qué el programa no las promueve?

La filósofa Martha Nussbaum lleva un tiempo advirtiendo que detrás de la crisis de la democracia está otra crisis más silenciosa: la de la educación. Esta advertencia se sustenta en lo que evidencian los sistemas educativos que están descartando ciertas aptitudes que son necesarias para mantener viva la democracia, a cambio de herramientas prácticas para hacerse valer en un entorno cada vez más competitivo y con fines de lucro. Lo que se ha descartado de la educación es nada más y nada menos que las humanidades, a sabiendas -o no- de que producir crecimiento económico no equivale a producir democracia. Esta mirada corta e instrumentalista de la formación ve a las humanidades como obstáculos para la consecución de los objetivos prioritarios de la educación de los estudiantes: ser productivos económicamente. Valdría la pena que la ministra considerara la advertencia de Nussbaum en su libro Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades y que todos consideremos por qué las artes y las humanidades no pagan.

Luisa Fernanda López Carrascal
Bogotá

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