Miércoles, 18 de enero de 2017

| 2015/10/17 22:00

Cartas

Todavía no entiendo por qué hay que preguntarle a Uribe para hacer la paz. Darío Vanegas, Bogotá.

Cartas

Por la verdadera paz

Es acertado Antonio Caballero en su artículo ‘La firma no es la paz’ (SEMANA n.° 1745), al concluir que esta no nos lleva al final de la guerra, sino que nos devuelve al principio de la guerra, que volverá a empezar si esos problemas no se arreglan…

La paz no es solamente la ausencia de guerra; mientras haya pobreza, racismo, discriminación, injusticias, falta de oportunidades, carencia de educación y exclusión, difícilmente se podrá alcanzar la verdadera paz.

Alejandro Schnarch
Bogotá

Apología o análisis

Soy suscriptor de su prestigiosa revista de años atrás. El artículo ‘¿Paz sin Uribe?’ (SEMANA n.°1745) es desconcertante: es más una apología de Uribe que un análisis propio de un medio tan serio como SEMANA. Afirmar que “Uribe, sin medios de comunicación y a punta exclusivamente de Twitter, ha logrado dividir al país...” es estar de espaldas a la realidad colombiana, ya que todos los que leemos y escuchamos los medios masivos de comunicación sabemos que, todo lo contrario, las posiciones destructivas de los uribistas, que mucho mal le hacen al país, cuentan con medios incondicionalmente a su servicio, tales como RCN TV, Blu Radio, etcétera.

Si un marciano aterrizara hoy en Colombia le costaría muchísimo entender cómo un expresidente, señalado por tantos testigos como determinador de conductas punibles, puede ser el paradigma moral de quienes fanáticamente lo han endiosado como un Mesías. ¿Por qué le duele tanto que el presidente Santos tenga éxito donde él fracasó, como lo prueban las grabaciones ilegales que el DAS llevó a cabo siendo Uribe presidente?

Macarthur Gómez Obregón
Jamundí


La alternativa a la paz

La mejor portada en la existencia de SEMANA fue la de ‘La Patria Boba’, (SEMANA n.° 1742), pero es lamentable que esta publicación siga atribuyéndole a Uribe Vélez la alternativa para lograr la paz en Colombia. La paz se ha logrado en todos los países del mundo con miles de opositores y en la mayoría de estos países ha sido una paz formal que mejora la calidad de vida, económica, social y política de los pueblos.
De todas maneras, y desafortunadamente, seguiremos con muchas dificultades que nunca se resolverán: la inequidad, la delincuencia, la oposición, la corrupción como se encuentran evidenciadas en los antiguos países comunistas de antes y los capitalistas de siempre. Tratando la mayoría de nosotros de defender la democracia como la mejor forma de convivir.

Darío Tobón E.
Medellín

Por el desarraigo campesino

¿Cuál es el motivo por el que ustedes le dan tanta importancia a Uribe, como en su portada de la edición n.° 1745? De modo que si este no apoya el proceso de paz, porque no le conviene, ¿nosotros no vamos a terminar con esta violencia que nos está desangrando? Yo me pregunto, si el periodismo de un país serio está para informar a la comunidad sobre la verdad de las cosas, ustedes por qué no denuncian la responsabilidad de este señor en el desarraigo campesino en Colombia y antes, parece que fuera el dueño de la revista pues de diez portadas, este tipo ha aparecido en ocho. ¿Por qué?

Heli Barba Molina
Piedecuesta

Repensar el país

Muy interesante el artículo de SEMANA, edición n.° 1745, ‘La carrera de la regiones’, por la importancia que reviste, ahora que tenemos que repensar el país para la etapa de posconflicto. Es de notar el atraso en que siguen los departamentos que fueron territorios nacionales antes de 1991. También la presencia de la insurgencia en estos departamentos y la pregunta secuencial es: ¿la insurgencia los tiene atrasados? ¿O la insurgencia prosperó allí porque era baja la presencia del Estado? Independientemente de la respuesta, las acciones del Estado se deben priorizar allí para esta época con los recursos para la paz, que deben quedar de la no guerra.

Si el análisis se hace por macrorregiones, tenemos que las más atrasadas son Amazonia, Orinoquia y la costa Pacífica. Con el proceso de paz en marcha estas van a tener ventajas comparativas y con un agregado de la naturaleza, pues relativamente han sido las menos afectadas por el cambio climático.

Las macrorregiones citadas requieren más de ciencia, tecnología e innovación. Conviene incrementar la acción de las universidades y especialmente de la Nacional: hacer proyectos procurando la menor afectación con obras de infraestructura: las vías deben ser aéreas, fluviales, cables aéreos... El ecoturismo viene bien al nuevo país que soñamos, con paz, con la gran diversidad de etnias y cultura. Y si el dólar está caro mucho mejor, pues facilita la venida de más extranjeros a nuestra bella patria.

Fidel José Vanegas Cantor
Bogotá

Temeraria afirmación

En su edición n.° 1744 de septiembre de 2015, tuvo cabida en la revista un espacio que suscribe el señor Jaime A. Benjumea con el título ‘Perdones e impunidad’ en el que además de hacer críticas al acuerdo que suscribieron el presidente Santos y el señor Timochenko, deja consignado allí el temerario error, cuando dicen que son representantes de los principales culpables de la violencia en Colombia desde el 9 de abril de 1948.
Temeraria afirmación del señor Benjumea. Oportuno recordarle a este ilustre historiador que el doctor Jorge Eliécer Gaitán, jefe del Partido Liberal en esa época, presidió una caudalosa manifestación ante 30.000 colombianos expectantes en el Parque Nacional aquí en Bogotá, que fue considerada como la más bella oración por la paz de Colombia.

Este mensaje iba dirigido al presidente Mariano Ospina Pérez, mandatario de la época. Esta súplica fue en vano, porque a los dos meses el líder fue vilmente asesinado. Entonces, doctor Benjumea, queda nítidamente claro que la violencia en Colombia, que nos llenó de dolor y de vergüenza ante el mundo, no comenzó desde el 9 de abril de 1948, como lo afirma, sino que ya estaba incrustada en la patria.

Hernán Ocampo Aguirre
Bogotá

Se repite la historia

Con el transcurrir del tiempo, más causa la impresión de que se está repitiendo la historia de los años treinta cuando Hitler desató la Segunda Guerra Mundial, pensando que Occidente le iba a seguir alcahueteando sus aventuras expansionistas.

Alemania y Hitler se vieron muy dolidos con las humillantes condiciones del Tratado de Versalles. Otro tanto parecería que le estuviera pasando a Putin por la traumática desintegración de la Unión Soviética. Quiere recuperar el terreno y el prestigio perdidos y lo único que puede esgrimir es su poderío militar. Se está aprovechando de la tímida respuesta de Occidente en cabeza de Obama, alias Chamberlain, pero le puede salir el tiro por la culata como le sucedió a su antecesor Hitler con Polonia.

Lo preocupante es que las consecuencias van a ser funestas para la Tierra y la humanidad. Putin parece que pretendiera ganarse el premio a la máxima irresponsabilidad del hombre contemporáneo. Increíble que esté jugando con candela. “El oso con los pies de barro” (SEMANA n.° 1745).

Carlos Reger Tlusty
Bogotá

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